sábado, 23 de mayo de 2009

You Decide...


You Decide...

Recién venía llegando de la ciudad, para vacacionar con mis padres en nuestra casa de campo, algo calurosa, pero linda por lo demás. Entré en mi habitación, una muy grande, con muebles rústicos, y un bello tocador barnizado. Dejé mis cosas en la cama, y me asusté con el sonido del teléfono. Mis padres debieron contestar, ya que el aparato dejó de tintinear. Me dejé caer en la cama, dejando ir mis pensamientos. Mi madre entró en mi habitación.
—Recuerda que debes tocar la puerta antes de entrar —dije tapando mi rostro con una almohada blanca y grande.
—Discúlpame, sólo te venía a avisar que tu padre fue a buscar a Kevin y a los muchachos al terminal de buses —nuevamente él. Además ¿por qué tenía que mencionar su nombre primero que el de sus hermanos?
—Genial —dije irónica—. Quiero estar sola.
—Ya me iba —pensó un momento—. No seas descortés con él, no se lo merece, no es su culpa —sí, como no.
— ¿Cómo lo sabes? —pregunté.
—Tenía problemas con su familia, de verdad, no quiso decírtelo, es por eso que te llama siempre, para disculparse —me fulminó con su mirada—. No sé cómo puedes ser tan cruel, tú también tienes problemas familiares —cerró la puerta con un fuerte portazo.

Quité el cojín grande y blanco con el que ocultaba mi faz, y seguí mirando un punto muerto en el techo del cuarto. Me cambié de vestimenta, por una más abrigadora, ya se hacía tarde y a esta hora el calor no está tan presente. Salí de mi habitación, y caminé al living. Mi madre estaba sentada sin hacer nada más que aparentemente pensar. Me dedicó una sonrisa que no respondí, por nuestra anterior discusión.

—Iré a dar una vuelta, estaré en el lago si me necesitan —le avisé.
—No vuelvas tarde —interrumpió.
—Ya es tarde, no creo que llegue temprano —ahora yo la interrumpí.
—Ve, no quiero más disputas —dijo seca.


Salí de la casa y caminé por las verdes praderas, el lago no era muy cercano, pero tampoco lejano, a si que opté por ir con calma. El silencio que otorgaba el lugar era impresionante, sólo se escuchaban el crujir de las hojas al pisarlas con mis pies y las pocas aves que volaban hacia los árboles. Cuando estuve frente al lago me senté en la orilla, encima de un tronco viejo y tosco. El viento ahora era sonoro y mi cabello se movía en ondas a causa de él. Con mi mano jugueteaba con el agua, y mi reflejo en ella era mi única compañía además de mi sombra y de las maravillas de la naturaleza. El viento cada vez se tornaba más fuerte y una nube gris cubría aún más el obscuro paisaje. Escuché un extraño sonido, pero no le presté mayor atención. Seguía concentrada en aquellas hirientes palabras…

—Demonios, Valery. ¿Acaso no puedes entender que quiero estar solo? ¿No puedes entender que no te necesito? —dijo levantándose del suelo y mirándome enojado.
—No. Me necesitas, soy tu amiga y no te puedo ver así —dije furiosa.
—Pues ¿adivina qué? Ya me estás viendo así. No te quiero cerca de mí. Métete de una vez por todas en tu cabezota que no siempre voy a querer tenerte a mi lado, no siempre necesito que me comiences a dar sermones y Bla, Bla, Bla. Entiende que NO TE NECESITO. Si te hice sentir como una amiga, pues lo siento, estás equivocada, discúlpame por hacerte ilusiones. No necesito a nadie a mi lado, y menos a una niñita que ni siquiera sabe qué rayos quiere en la vida. Ándate Valery, no te quiero ver más, no sirves para nada, y en mi vida menos aún, así que desaparece de mi vista —mis ojos no daban para más. Kevin estaba usando en mí contra nuestra diferencia de edad, sólo cinco años, pero… eso no era todo. Me había roto el corazón. Con certeza sabía que era la única persona que me comprendía, el único mejor amigo que jamás tuve y podría tener, el hombre más sensible, pero al parecer era todo una imagen alusiva, inexistente, que se borró destrozando mi frágil corazón. El hombre de mejor amigo que tenía tantas cosas en común conmigo, me rechazaba—. ¿Qué? Anda a llorar a otro lado niña —dijo y yo comencé a correr sin saber dónde. Mis lágrimas cubrían mis ojos y mis piernas estaban débiles, opté por sentarme en el lugar que me encontraba. Abracé mis piernas y dejé que todas mis penas fluyeran a través de mis lágrimas saladas.

Desde aquel día es que no puedo dejar de pensar en cómo pude creer en las palabras de Kevin. El parecía ser sincero, siempre me dijo que era una excelente persona y que merecía lo mejor, y muchas mentiras más. Esa es la razón por la que mis demás amistades se han visto debilitadas, por la falta de confianza, ya no sé si creer en la gente o no. No sé para qué me llama pidiendo disculpas, es sólo que le doy lástima y no quiere que me siga sintiendo mal. Alguien tocó mi hombro y me descolocó. Era Nicholas, me miraba sonriente. Mis ojos se empañaron y pronto las lágrimas estaban en mi rostro. Lo abracé con todas mis fuerzas y el sonrió al ver mi estado emotivo. Sus ojos brillaban al igual que los míos.

—Me parece que estás feliz —articuló con voz calma, sentándose a mi lado.
—Claro… te extrañaba —sequé mis lágrimas y miré su rostro.
—También yo. Pero no eh sido el único que te extraña… —se refería a Kevin. No lo creo posible. Lo miré triste y el sonrió apenado—. Debes darle una oportunidad. Cuando llegó ese día a casa estaba llorando, frustrado y con rabia. No le quise hablar…
—No creo que haya sido por mí. Era por los problemas con Joseph —dije seca, esta vez con mi vista fija en el horizonte.
—Por una vez, compréndelo. Era por ti, el… el te quería mucho pero estaba realmente mal y no se encontraba en el mejor estado para hablar —lo apoyó, sin embargo mi punto de vista sobre aquello no cambiaría.
—Ey, me dijo cosas que no son muy lindas… me dijo que no servía para nada y… muchas cosas —arqueó una ceja—. Nick, si quieres créele a él, no te culpo, eres su hermano. Siempre lo apoyarás —dije resignada.
—No es eso. Al día siguiente hablé con él y me expresó su decepción hacia sí mismo, creo que deberías hablar con él —tomó mi mentón y me obligó a mirarlo. Ese era una acción típica de Nicholas, le gusta que lo miren a los ojos cuando trata de algo serio, pero debo admitir que me cuesta mantener mi mirada fija en los ojos masculinos.
—No, Nick. Si no te gusta, pues, habla tú con él. Ya te dije, yo no lo haré —agitó reiteradamente su cabeza y se levantó.
—Al menos dame la certeza de que si él se acerca a hablarte no lo esquivarás —me miró aún triste.
—Está bien, te doy la certeza —sonreí, del mismo modo que él.
—Promételo —me levanté y lo miré. Forcé una sonrisa y él me secundó.
—Lo prometo, hermanito —siempre he visto a Jerry como un hermano más. Bueno, uno que nunca tuve, no un hermano más. El tiempo en que fui “novia” de Joseph, éramos todos muy unidos, y extraño esos momentos. No sé por qué razón Kevin se molestó con Joseph, pero fue mientras fuimos novios. Nick me ha insinuado cosas que no comprendo, son muchas indirectas, no entiendo absolutamente nada.
—Entonces nos vemos, te dejaré pensar —sonrió y lo vi desaparecer entre los matorrales verdes. Volví a dirigir mi vista al cielo, el cual seguía cubierto por aquella nube grisácea. Contemplé el esplendor que me rodeaba, ahora un poco más cubierto por negro en el cielo. Comenzó a llover, claro, me lo esperaba. No me levanté del tronco bruto, no me preocupaba por agarrar algún resfrío, mis defensas son muy altas y dificultosamente los virus me atacan. Las gotas de agua sin condimento se volvían cada vez más fuertes, al punto de golpetear mi cuerpo, lastimándolo de vez en cuando. Cada vez que cesaba de llover venía un gran ventarrón que me llenaba de polvo, no estaba en las mejores condiciones, lo sé. Ya no podría seguir ahí sentada como si nada por lo que me levanté del rancio y húmedo tronco, y me introduje en la pradera verde, para poder guiarme hasta la casa de labrantío. Una mano cálida y a la vez fría tomó mi brazo, por lo que me volteé rápido, a ver de quien se trataba. Su expresión de tristeza no me causó lástima, ni un sentimiento siquiera. Su aparición era inesperada acá, en la casa era de imaginar.

—Hola —articuló con una dulce y distante voz. Sin ánimos sonrió.
—No sonrías si no es lo que quieres —dije cortante. Me desprendí de su brazo y comencé a caminar, mas nuevamente me detuvo con su mano—. Quieres dejar de… —no alcancé a terminar la frase, ya que posó en una fracción de segundos sus labios sobre los míos. No respondí el beso, me destaco por tener aunque sea un poco de fuerza de voluntad. Una bofetada dejó marcada su mejilla izquierda, lo merecía.
—Por qué… Valery —me miró serio.
—Joseph —me burlé, tratando de imitar su énfasis.
—Quieres dejar de burlarte —no cambiaba su semblante, y eso me intimidó.
—Ehmm… claro —agaché la mirada, para esquivar la suya.
—Val… te he extrañado —acarició mi brazo. Levanté la vista, y como pensaba, tenía sus ojos incrustados en mí.
—Este…
—No tienes que decir nada —lisonjeó mi mejilla, suavemente—. Te diré que… no me pienso rendir —en dos tiempos me aferró a su cuerpo y nos fundimos en un tierno abrazo.
—De que… ¿de que hablas? —seguía entre sus brazos, preguntándome a mí misma que era lo que trataba de explicar Joe.
—Dije que no me rendiré… sé que ha pasado ya mucho tiempo desde que no estamos juntos. Me duele saber que no fuiste a ver a nadie por mi culpa, por el término de lo nuestro —se separó de mí dejando que la fría brisa me congelara de nuevo. Tomó mi mentón y me obligó a mirarlo directo a los ojos—. Val, quiero remediar todo lo que hice mal. Quiero volver a estar contigo, quiero protegerte y sentir que eres mía y de nadie más. No quiero perderte otra vez… no quiero que hagas sufrir a Nick por tu ausencia en nuestra casa —sus palabras me dejaron completamente helada. ¿Cómo pude venir a decirme que quiere que sea de él? Después de tanto… ¿cómo me saca en cara que su hermano sufrió por mi causa? Esperen, eso no es lo peor. Acaba de decir “no quiero que hagas sufrir a Nick por tu ausencia”. Eso significa que… ¡Kevin no anhela mi presencia! ¡Le da igual que hago con mi vida! Argh, ¿¡¿¡como puede ser tan vil como para llamarme a casa siendo que no le importo!?!? Tranquila Valery Straw, tranquila. El no te interesa, a si que concéntrate por ahora en lo que te dice Joseph.
—Joseph… en serio no sé qué es lo que no comprendes —fijé mi mirada en el suelo pero su mano se volvió a posar en mi mentón, sosteniéndolo suave, sin dejar que moviera siquiera mi rostro.
—Lo entiendo absolutamente todo, pero lucharé por tu amor, por ti —besó mi mejilla y tendió su mano, la acepté con gusto—. Siempre e soñado con bailar bajo la lluvia —dirigió su otra mano a mi cintura. Carcajeé bajito, el me acompañó
— ¿Cómo piensas bailar sin música? —arqueé una de mis finas cejas a la vez en que mi mano restante se ubicaba en su cuello.
—Tú eres mi música —eso me sonrojó. Debo admitir de una vez por todas que… amo a Joe.
Siento que me dejé llevar un poco por ciertos comentarios —aquellos que decían que Joseph tenía algo con Margarette— dolorosos, pero según todos los demás, falsos. Debería haberme informado un tanto más sobre eso, antes de echar a la basura todo lo lindo que tenía junto a Joe.
—Eres… hermosa, Valery —comenzó a moverse al compás de no sé qué, no existía más música que la que formulaban los árboles y el oleaje producido por los vientos afanosos. Alguien aclaró la voz, miré a Joe, pero parecía que él no fue exactamente quien interrumpía nuestro bello danzar. Mi bailarín miraba derecho, más yo no veía nada, pero no pensé voltearme. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, provocando un estruendo dentro de mí.
—Interrumpo algo —aquella voz era la razón de mi malestar. Me volteé rápido y traté de mirarlo amenazante, pero su vista me intimidó, no pude hacer más que dejar de mirar esos ojos atrapantes, pero a la vez unos aterradores, que me causaban un millón de sentimientos, algunos de temor—. Hasta que nos volvemos a ver, Valery —dijo con voz de pocos amigos. ¿Por qué todos decían que estaba arrepentido? Con su semblante demuestra lo contrario. Sonreí cínica y me volteé para buscar otro camino a casa. Unos pasos veloces seguían los míos, y luego una mano fuerte estaba lastimando mi brazo. Nuevamente me volteé, ahora le dediqué una mirada de rechazo, y el mandó rió como si soltara el aliento que no le sobraba. Entrecerré mis ojos—. ¿A dónde crees que vas? —su expresión nuevamente estaba seria. Traté de zafarme de su brazo.
—Ey, déjala en paz —dijo Joe acelerando el paso.
—Tranquilo, lo solucionaré yo misma —dije ahora libre de su atadura.
—Está bien, me voy —miró con odio al muchacho y luego se fue lentamente.
—Tenemos mucho de qué hablar —sonrió perverso. ¿Este era el caballero que yo conocía? No lo creo, es la misma imagen que quedó impregnada en mí la última vez.
—Lo mismo creo —lo miré desafiante. Mil pensamientos eran lo que ocupaban ahora mi mente. ¿Qué era lo que pretendía? ¿Por qué me miraba así? ¿Qué quiere de mí?
—Al fin podemos hablar —ahora sonaba al chico bueno que siempre supe que era. ¿Qué era lo que le pasaba? ¿Por qué cambia de estado cada cinco segundos?
—Eres bipolar al extremo —comencé a caminar junto con él.
—No… cuando Joe está cerca me comporto diferente —dijo serio. En mi mente volvían mil preguntas, ahora diferentes.
— ¿Puedo saber por qué? —lo miré. Su perfecto perfil no había cambiado en nada, y no esperaría que lo remodelara. Es perfecto así.
—No creo que sea el momento —dijo con voz suave, con su vista en el suelo húmedo.
—Y… ¿Cuándo será el momento? — ¿Desde cuándo que soy tan preguntona? Bueno, debo saber esta información.
—No lo sé, el tiempo lo dirá —me miró. En su rostro se formó una hermosa sonrisa, aquella con la que siempre soñé que me sonriera.
—Está bien… creo que no tengo más preguntas en mi interrogatorio —ambos reímos despacito.
—Valery —detuvo su paso y con ello a mí.
— ¿Sí? —indagué ansiosa.
—Quisiera… disculparme por lo que ocurrió —dijo después de tomar mis manos y entrelazarlas con las suyas—. No sabes cómo te he necesitado, siempre trato de hablarte, cuando voy a visitarte te encierras en tu cuarto, cuando te llamo no me contestas ¿Sabes lo mal que se siente? —sus ojos estaban cristalinos, hasta que un par de lágrimas deslizaron por sus mejillas. Mi corazón se encogió al ver su imagen tan triste, de la persona que durante mucho me robó el sueño. Mejor dicho, la que aún me mantiene despierta.
— ¿Y tú sabes cómo me sentí yo? ¿Pensaste en mí cuando me trataste de lo peor? ¿Lo hiciste? —ahora yo también derramaba líquido salado. Mis mejillas estaban húmedas como las verdes hojas de los árboles que nos rodeaban.
—No sabes cuánto me arrepiento de eso, no he podido dejar de pensar en ti —me abrazó pero me zafé de sus brazos.
—Nunca sabrás como se siente si nunca lo has vivido —comencé a correr, pero él me seguía. Mis pasos eran rápidos pero ya me estaba alcanzando.
—Valery… en serio me arrepiento, sé lo que se siente —frené de golpe. Me volteé y lo miré extrañada.
— ¿Cómo sabes? —pregunté cortante. Sentí como se acercaba, puesto que mi vista estaba en un árbol.
—Por… Joseph —su voz cambió a una triste. Ahora entendía parte del problema.
—Que… te dijo —me acerqué más a su anatomía, para poder mirarlo directo a los ojos, tratando de inspirar confianza en él.
—Repito, aún no es momento de tocar ese tema, por lo menos contigo —sonó calmo. Odio cuando la gente dice esa clase de cosas, me siento “descalificada”.
— ¡Argh! —fruncí el ceño y me crucé de brazos.
—Enserio, Val. Es un tema difícil de tocar, en este momento. Dame tiempo para sentirme preparado y decirte —me miró arrogante, no me podría resistir a sus ojos verdes.
—Kevin… está bien —lo abracé, él me abrigó en sus brazos. La lluvia se tornó más fuerte, estaba congelada. Mis dientes castañeaban y él me oprimía con más fuerza.
—Es hora de irnos a casa —tomó mi mano, y entrelazó nuestros dedos fríos. Acomodó un mechón revolucionario de mi frente tras mi oreja. Sonreí, el me secundó de inmediato—. No sabes cuan feliz estoy —besó mi mejilla—. Te extrañé demasiado, no puedo dejar de mortificarme por decirte aquellas palabras —dijo calmo pero algo enojado.
—Kev, ya pasó —acaricié su mejilla sonrojada, él la mía—. Ahora sé que realmente estabas arrepentido, debería haber dado una oportunidad a este buen chico —rió por lo bajo, yo sonreí—. Ahora vamos, creo que mis defensas ya no funcionarán con tanto tiempo bajo la lluvia —estornudé, por lo que no tardó en carcajear—. Comprobado —lo imité.

Caminamos por el bosque hasta volver a la pradera. Desde ahí encontramos la orientación para llegar a la cabaña. Mi ropa estaba embarrada, al igual que la de Kevin, por nuestro abrazo. Mi madre nos miró contenta al ver que nuestras manos estaban unidas, me imagino lo que se podría haber pensado. Joseph y Nick, estaban muy entretenidos con la televisión, traté de no interrumpir, pero mi acompañante me habló y ahora fijaron toda su atención en nosotros. La mirada de Joe era un triste y furiosa, mientras que la de Nick… una… ¿triste? No, son patrañas mías, no tiene por qué estar triste. Me cohibí al percatarme que no dejaban de observarnos de pies a cabeza, por lo que jaleé al muchacho para que desapareciéramos de escena. Subimos las escaleras y caminamos a mi cuarto, le hice un ademán para que se adentrara en él, y me hizo caso. Nos sentamos en mi colcha y nos miramos con el rostro lleno de risa.

—Tengo tanto que contarte —dije rompiendo el cómodo silencio que habíamos formado. El sonrió.
—Escucho —lo fulminé con la mirada—, y también tengo mucho que contarte —dijo sin ánimos.
—A ha —asentí con la cabeza—, tienes mucho de que contarme —dije sentándome como un conejillo de indias. Se rió, al parecer mi rostro de pequeña feliz causaba gracia—. Comienza —el agachó la mirada—. A H O R A —dije seria, el nuevamente carcajeó.
—Conocí una chica —sentí como lentamente clavaban un puñal afilado en mi corazón. Traté de no parecer destruida, vaya a saber Dios si resultaría.
—OH, vaya — ¿soné indiferente? Por favor díganme que sí.
—Ella… ella no era para mí —mi corazón se repuso de inmediato, y una sonrisa grande se presento en mi rostro—. No le gustaba que… que pensara en ti, que hablara de ti, nada sobre ti —rió al recordar.
—No sabía que existía gente tan celosa en el mundo —hice un gesto gracioso—, además soy sólo tu amiga, no tenía motivos —agregué, el asintió con la cabeza.
—Y lo más gracioso fue cuando se fue de la casa enojada porque te estaba llamando —ambos carcajeamos. La puerta se abrió rápido, ambos miramos, era Nick.
—Valery, ¿Podemos hablar? —dijo el muchacho.
—Claro, siéntate al lado de Kevin —dije sonriente, más el no hizo caso a mi propuesta.
—En privado, por favor —miró a mi camarada, el se levantó y se despidió con la mano. Nicholas cerró la puerta con seguro, y se sentó a mi lado.
— ¿De qué quieres hablar, Nick? —dirigí una pregunta al muchacho. Mordió su labio inferior, provocando que en este se acumulara de sangre y se vieran rojizos a los ojos humanos. Rascó su nuca y arqueó una de sus delicadas cejas.
—De… nosotros —sonrió tímido. Esto me comenzaba a poner nerviosa, odio el suspenso. Tomé una gran bocanada de aire, para que mis siguientes palabras no fueran como las de Tarzán.
— ¿A… que… te refieres? —perfecto, no sonó como Tarzán pero sí quedé como una lenta.
—Val… tú… tú… —balbuceó. Después de todo no soy tan lenta.
— ¿Sí? —lo alenté.
—Tú me gustas —sus mejillas estaban con un rojo extremo, pero no más que las mías. Miré el suelo, pero como imaginaba, tomó mi mentón y me obligó a mirarlo a los ojos. Acarició mi mejilla. ¿En qué momento le di permiso para que estuviera a tan poca distancia?
—Nick… no —ya era tarde. Mi fuerza de voluntad se había esfumado y ahora me encontraba besando a mi mejor amigo, ¡Genial! Ganaste el premio a la mayor idiota. Sus labios hacían una leve presión en los míos hasta que se decidieron a capturar mi inferior. Mis manos se ubicaron en su nuca y comenzaron a jugar con aquellos rulos que algún día desee, pero ya era tarde para Nick. Entonces… ¿Por qué le respondo el beso? Valery, lo que estás haciendo está mal. Hace unas horas estabas besándote con Joe, y poco después sintiendo maripositas en el estomago por Kevin. Esto debe terminar. Me separé lentamente del chiquillo, sin abrir los ojos.
— ¿Por qué te alejaste? —musitó por sobre mis labios. Sentir su aliento mentolado en mi nariz me incitaba a besarlo, pero no, no puedo.
—Esto está mal Nick… —susurré aún sin abrir mis ojos. Sentí como peinaba mi cabellera. De pronto sus labios se posaron en mi cuello, subiendo hasta la comisura de mis labios. Nuevamente los atrapó con cautela y suavidad. Sus labios delicados e hinchados no me dejaban otra opción que continuar con este juego que sabía, me traería consecuencias. Sentí que en mi estómago volvían hacerse presentes aquellas palomillas. Será que… ¡Valery, es imposible! ¡Tu amor como algo más que amiga hacia Nick acabó hace mucho! ¿O no? No me puedo engañar, pero es que… no lo puedo descifrar. Kevin… Joe… no puedo jugar con esta familia, no la quiero destruir. Me separé de golpe de mi “amigo” y me levanté de la colcha. Comencé a caminar en círculos por toda la pieza.
—Nick… yo no quiero nada contigo —dije molesta.
—Entonces por qué…
— ¿Sabes por qué? Porque confundí mi amor de amiga hacia ti por algo que no siento —sus ojos ahora brillaban.
—No es cierto… tu me quieres, sé que me quieres —su voz se quebró. Ahora lloraba con el rostro entre sus manos y yo me sentía la peor amiga de todo el universo. ¿Acaso no puedo decir algo sin herir sentimientos? Ver como se derrumbaba su mundo, me provocó llorar junto a él.
—Nick… te puedes ir —dije entre llanto, no sé cómo pude articular una palabra en mi estado. Se levantó en silencio y camino a la puerta, quitó el seguro y caminó fuera dando un fuerte portazo. A los segundos alguien más me acompañaba.
— ¿Qué le pasó a Nick? ¿Qué te paso a ti? —era Joe. Me miraba desesperado pero a la vez con preocupación. Tapé mi rostro con una almohada y traté de pensar en una respuesta que a mi amigo y ex novio, le pareciera convincente.
—Joe, no te incumbe —adivinaron, no se me ocurrió absolutamente nada.
—Claro que me incumbe, el es mi hermano y tú mi amiga —se sentó a mi lado. No sé cuál sería la salida de este problema, pero… mejor es decir la verdad—. Vamos, puedes decirme —acarició mi brazo.
—Está bien… pero prométeme que no le dirás a Nick que te dije —me acomodé a su lado.
—Te lo prometo —sonrió amigable, enseguida miré el suelo, puesto que su atractiva mirada estaba sobre la mía.
—Bien —sonreí—. Lo que pasa es que… es que… —balbuceé.
—Adelante, ten confianza en mí —ubicó su mano izquierda en mi hombro, para así apegarme al suyo.
—Lo que pasa es que Nicholas me confesó que… gusta de mí —miré el suelo—. Entonces le dije que no quiero nada con él, y no encontré las palabras exactas, para no ser hiriente —levanté la vista, el estaba algo serio.
—Tengo otra persona más en la competencia —dijo mirando un punto muerto en la pared.
— ¿A qué te refieres? —inquirí separándome de él y mirándolo directo a los ojos.
—Nada —pensó por un momento—, pero debes tener que los Jonas no nos damos por vencido tan rápido —rápido volteó su rostro y me miró aún circunspecto.
—No entiendo…
—Nick también se las jugará por ti —se levantó de la colcha.
— ¿A dónde vas?
—Tengo cosas que hacer, luego hablamos —ejerció una presión sobre mis labios y salió rápido de la habitación dejándome impactada por aquel mimo sin aviso. Me recosté mirando el techo de la pieza, tantas confusiones vividas ya me ponían mal, siendo que recién llevo un día en esta maldita casa.
Pensar que me quedan aún tres meses acá me pone mal, pasaré todas las vacaciones teniendo la mirada de tres hermanos sobre mí, claro, la de Kevin sólo de amistad. Y lo que más me molesta es que sea así. Sin darme cuenta, caí en un profundo sueño, protegido por Morfeo. Desperté por la culpa de alguien que golpeaba exageradamente la puerta de mi habitación ¿Por qué no pasaba si no tenía seguro? Vaya, que educada persona, como para no interrumpir mi privacidad.

—Val, tenemos que hablar —era Nicholas ¿qué se le antojaba ahora? ¿Venir y darme un “besito”? Fuese lo que fuese, debía resolver pronto.
—Pasa —grité aún adormilada.
—No se puede abrir —debí pensarlo. Era obvio. Caminé a la puerta y la abrí. Desde adentro se podía, pero desde afuera, no.
— ¿Por qué? — ¿ah?
— ¿Por qué, qué? —pregunté riendo. El se sentó en mi cama
—Por qué le dijiste a Joseph —no, no puede ser lo que estoy escuchando. ¿¡Joseph rompió nuestra promesa!?
— ¿Decirle qué? —traté de mentir, por favor que funcione, por favor que funcione.
—No te hagas la que no sabes. Le contaste lo que te conté.
— ¿Puedes dejar de confundirme más de lo que estoy? —soy buena actuando, ¿eh?
—Ey, no te escaparás de esta, enserio, no intentes mentir, conmigo no te funcionará —arqueé una ceja, tratando de parecer desentendida.
—Enserio, no sé de que hablas —lo miré seria. El rascó su nuca.
—Es que… ¿De qué otra manera se puede haber enterado? —se levantó de la colcha y comenzó a dar vueltas por toda el cuarto.
— ¿Enterarse de qué? —sí que soy astuta, ¿no lo creen? El ya me cree.
— ¿Aún no entiendes? —negué con la cabeza. Se sentó a mi lado y largó un sonoro suspiro—, no sé de qué modo Joe se enteró de que… gusto de ti —al decir esto último se sonrojó exageradamente, por primera vez, yo no.
—Eso es extraño… ¿No será que estás alucinando? —el rió.
— ¿Tú crees que es una alucinación que haya ido Joseph a buscarme al lago, para decirme que me aleje de ti? —Joe se las verá conmigo. Nunca más confío en él, es un maldito cretino.
— ¿¡QUÉ TE DIJO!? —grité exageradamente.
—Ya escuchaste —me fulminó con la mirada. Agaché la cabeza y asentí con ella—, ahora debemos pensar en cómo se entero — ¡¡Yo sé, yo sé!! Como soy una estúpida, confié en tu hermano y le conté todo.
—Pero… no serviría de mucho, el ya sabe —levanté la vista. Se me ocurrió una idea—, pero… puede ser que el muy mal educado haya escuchado a través de la puerta —el trueno los dedos y se volvió a levantar de la cama—. Tienes toda la razón —besó mi frente—, ¿de dónde sacas tanta inteligencia? —FP… soy así.
—No lo sé, creo que ya era hora de pensar —rió.
—Deberías hacerlo más seguido, mucho te sirve —sonrió.
— ¡¡Ey!! —me crucé de brazos y fruncí el ceño. El risoteó aún más.
—Digo lo que se ve —sonrió gracioso. Ahora yo reí—. Ahora… quiero hablar sobre otra cosa —sabía que algo parecido se aproximaría.
— ¿De qué? —sí, no pierdo nunca los dotes de actuación.
—De lo que pasó… creo que todo ha pasado muy rápido, no quiero perder tu amistad —se volvió a sentar y me miró apenado—. Quiero que sea todo como antes, olvidemos todo lo que sucedió —sonrió. Intenté hacerlo también. Sabía que esto era lo que ambos necesitábamos, además, algo eh aclarado después de lo que me ha pasado en tan sólo este día tan cansador.
—Pienso igual… creo que no será fácil —sonreí—, pero saldremos adelante —lo abracé y él respondió. Sentía que Nicholas no podría ser más que mi amigo, nunca lo vi diferente y no pensaba hacerlo, por lo menos en mucho tiempo más. Nos separamos lentamente y acarició mi rostro.
—A mi me costará mucho más —besó mi mejilla, y al parecer, por última vez se levantó de la cama—, necesitaré más tiempo sólo para aclarar todo. Llamé a mamá, vendrá por mí mañana —sería mucha ayuda para ambos, sin duda, aunque como sea, lo extrañaría.
— ¿Te preguntó si algo te había pasado? —me levanté también.
—Sí, dije que tenía un problema con Joseph —cuando no, y quién no.
—Esa es una excelente excusa —reímos.
—Te extrañaré Jerry —lo abracé, el lo mismo hizo.
—Igual yo, sé que esto se acabará —se separó de mí—, gracias por decirme todo a tiempo, no me habría gustado sufrir después —sonreí triste—. Enserio, hiciste bien —besó mi mejilla.
—Ve a comer algo, todos duermen —asentí—, aunque… posiblemente los desperté con mis golpes fuertes en la puerta —reímos.
— ¿No me digas? —articulé irónica, volvimos a carcajear.
—Me voy después de almuerzo, nos veremos por última vez —sonrió.
—No lo creo, te iré a visitar a tu casa cuando estés preparado para recibirme.
—Siempre lo estaré —lo aniquilé con una mirada—, bueno, cuando esto se me pase —sonreí. De mi estomago se escuchó un gran estruendo, mi camarada rió fuerte.
—Mejor será que vaya por algo de comer —suspiré.
—Sí, adiós —besó por última vez mi pómulo derecho y salió de la habitación. Me senté en la cama y me sentí sin un gran peso al escuchar aquellas palabras de Nicholas, ahora tenía una confusión menos dentro de todo esto.

Salí silenciosamente de mi habitación, deseaba ir al baño, a lavar mi rostro. Luego bajé las escaleras tratando de no hacer crujir los viejos escalones. Llegué abajo después de mucho intentando no hacer bullicio. Me adentré en la cocina y vertí rica leche chocolatada en un vaso transparente. Tomé un trozo de pie de limón y con eso fue suficiente. Observé por la ventana, quería ver si seguía la lluvia. Y no era así, habían cesado los chubascos, por lo que tomé la chaqueta del pedestal y salí a dar un paseo por el obscuro lugar. No tenía miedo, conocía todo al revés y al derecho, muchas veces cuando era pequeña salía con mi madre a dar un paseo, cuando me costaba conciliar el sueño. Me dirigí una vez más a la orilla del lago, para encontrarme conmigo misma, y poder despejar aunque sea por un momento. Pero no, no podía. Su hermosa sonrisa, aquel cabello rizado, sus verdes y almendrados ojos, se me venían a la mente. Miré el reflejo de la luna en el agua, y creí ver el reflejo de él en ella ¿Por qué alucino tanto con él? Pero era extraño, su imagen tenía movimiento, lo veía sonreír ahora. Y algo… tocaba mi hombro, me levanté volteando rápido. No, no era una alucinación, era aquella imagen que me daba tanto que pensar. Sonreí, el aún lo hacía con aquella hermosa expresión que dejaba a la vista su perfecta y blanca dentadura.
Quedé sin palabras, atrapada por su mirada profunda, tan transparente, sincera, que siempre me deja sin aliento. Nuestro contacto visual era intenso, casi imposible de romper en ese momento, excepto por su hermano.

—Ehmm… ¿tampoco pueden dormir? —era Joseph. Kevin le fulminó con la mirada y furioso se fue sin siquiera despedirse—. ¿Qué le hice? —cínico.
—No quiero hablar —seguí a Kevin, pero ya no veía nada. Comencé a correr, gritando su nombre, pero de pronto una mano tapó mi boca. Intenté gritar, pero la luna me permitió observar sus bellos ojos, sabía que estaba a salvo.
—Shh… no grites más, acá no nos encontrará —susurró, sólo sonreí.
—Gracias por salvarme de esta —suspiré.
—No hagas ruido, se aproxima —musitó una vez más. Nos sentamos, esperando que los grandes matorrales nos ocultaran del muchacho que desesperado gritaba mi nombre. Al fin los gritos cesaron y sus pasos eran inaudibles. Junto con Kevin seguimos ocultos, más nos valía que dejar que Joe nos encontrara. Reímos por lo bajo. Después de varios minutos, escuchamos varios pasos. No era una persona.
— ¡¡Valery, donde estás!!
— ¡¡Kevin!!
—Joe, aún no puedo asimilar que dejaste que mi pequeña se perdiera en el bosque. No tienes una idea de cuantas hectáreas hay aquí —era mi madre. El maldito de Joseph les informó, inventando que nos habíamos desaparecido—. Además, ¿Sabes que en donde nos encontramos hay pumas? —yo si lo sabía.
—Sí, pero ellos no atacan —rió.
—Si lo hacen cuando estás en una posición que los ofende —seguía tensa, mi progenitora.
—Kevin, vamos a otro lugar, no quiero que nos encuentren —rogué.
—Pero cuando lo hagan nos regañarán —dijo algo asustado, aún en susurros.
—Me da igual, no me quiero topar aún con Joe, yo conozco todo —apenas lo vi sonreír, gracias a la gran cantidad de luz que irradiaba la bella luna.
—Y los pumas… —volvió a decir asustado.
—Tranquilo, mi padre me enseñó todo sobre cómo defendernos —volvió a sonreír.
—Está bien… tampoco me quiero encontrar con Joe —reí por lo bajo. Caminamos astutamente sin meter ruidos, pero al parecer, no sirvió de mucho. Una figura muy conocida apareció frente a nosotros, tuvimos que levantar la vista, puesto que gateábamos.
— ¿A dónde creen que van? —dijo enojado.
—Este… Ehmm, yo… —balbuceé. ¿Qué inventaríamos ahora? Siempre lo peor me pasa a mí, todo a mí. Era hora de enfrentarlo.
—Ehmm… no te queríamos hablar —me levanté y lo miré directo a los ojos.
—Sí, no te queríamos hablar —se levantó Kevin abrazándome por el hombro.
—Bueno… Por cierto, después tenemos que hablar —se dirigió a Kevin.
—No, no quiero hablar contigo —volteó junto a mí para comenzar a caminar.
—Trata de algo importante, si no, mejor espera la sorpresa hasta mañana —mi acompañante se volteó de golpe.
—Luego hablamos, ¿sí? —Sonrió cínico—. Vamos Val —se volvió a voltear. Caminamos hasta donde nuestros padres, al llegar, nos miraron con preocupación y algo de rabia en los ojos.
— ¿Dónde estaban ustedes dos? —nos apunto mi mamá. Reímos—. ¿De qué se ríen? No es nada gracioso salir a esta hora a buscarlos en la oscuridad —seguimos riendo.
—Má, tranquila —acaricié su hombro—. Joseph exageró, salimos a dar un paseo, y él se enojo porque no lo incluimos en nuestros planes —ella sonrió.
—Hay, no saben lo bien que me hace verlos tan unidos —de momento todo su rabia y el temor se esfumó de su persona—. Vamos a dormir —nos hizo un gesto.
—No, iremos después —articuló Kevin. Lo miré sin entender—. Nos quedaremos un rato más en lago ¬—Joe iba a hablar, pero Kev retomó su conversación—. Queremos aclarar unas cosas, A SOLAS —remarcó las últimas palabras. Joe cerró su boca y caminó junto a Nicholas, que estuvo en todo momento callado, ni siquiera noté su presencia por su silencio.
—Vayan, no vuelvan demasiado tarde —caminó junto a los demás. Mi padre ya iba más adelantado que los otros, al parecer tenía sueño y anhelaba volver a dormir en la cómoda cama de dos plazas.

Junto con Kevin caminamos a la orilla del lago, a observar el esplendor de la luna llena que caracterizaba esta noche. Las estrellas hacían juego a la perfección con ella, y sus reflejos en el lago daban un toque mágico al lugar lleno de vegetación. Miré el cielo y una fría brisa recorrió todo mi cuerpo. Kevin lo notó por lo que me apegó a su cuerpo, abrazándome de lado; para poder calmar algo del frío en mi cuerpo. Ambos mirábamos la luna, lo noté ya que no sentí su mirada constante sobre la mía. Observé como rápido pasaba algo que irradiaba mucho fulgor; una estrella fugaz. En seguida cerré mis ojos “Nunca tener que separarme de Kevin”. Ese fue el deseo que habló por sí solo, ni siquiera pensé más, fue como si algo en mi interior hubiese mandado como un flechazo a mi mente, para poder mencionar en voz baja aquellas palabras. Miré a Kevin, también tenía los ojos cerrados. Luego los abrió y se sonrojó al ver la atención que tenía centrada en su rostro.

—Viste… ¿la estrella fugaz? —pregunté algo nerviosa.
—Sí… ¿Pediste un deseo? —inquirió también frenético.
—Sí… ¿y tú? —seguíamos con aquel contacto visual.
—También… hace mucho que no veía una—balbuceó. Sonreí, el me secundó de inmediato. Miré su rostro tan suave al tacto humano, esos labios rojizos y que llaman a cualquiera que estuviera cerca de ellos. Desperté de mis fantasías y fijé mi vista en el lago.
—Yo nunca vi una antes —me levanté, el hizo lo mismo. Comencé a caminar, el me seguía.
— ¿A dónde vamos? —preguntó confundido.
—Al muelle, queda un poco más allá, me gusta sentarme ahí —dije emocionada. El tomó mi mano y comenzamos a caminar lento por la orilla del estero. Yo fijaba mi vista en la luna, para no cruzarme con la de Kevin, no me gustaría parecer una perfecta estúpida tartamudeando y sonrojada como un tomate de huerta.

Caminamos en profundo silencio por las praderas verdes, aún con algunas gotas cristalinas de la lluvia que había caído durante todo el día —casi todo el día—. El viento helado congelaba mis extremidades, y al parecer Kevin lo notó. Pues quitó su chaqueta y la puso sobre mí. No me negué, ya que el frío era enorme. Lo abracé fuerte mientras caminábamos para que no perdiera el calor que había acumulado y no se resfriara. Al llegar a la vivienda, le regresé la prenda, y me despedí con un beso en la mejilla para caminar al baño, a cepillar mis dientes. Terminé y caminé a mi cuarto. Quité lentamente prenda por prenda de mi cuerpo, para luego envolverlo con un poco abrigador, ya que se suponía que haría calor en este sitio. Una remera de tiritas rosa y unas pantaletas negras fueron las prendas que cubrían mi cuerpo. Me recosté en la cama, y luego me abrigué con las ricas sábanas, acompañadas de una frazada y un cobertor de pluma. Tan cómoda, concilié el sueño muy rápido. Tantas emociones vividas en un día me enseñaron muchas cosas, y sobre todo la lección aprendida con Nicholas.

Desperté con unos tenues rayos de luz que se filtraron por los huequillos de la gruesa cortina. Abrí lentamente en los ojos y estiré todo mi cuerpo aún recostada. Refregué mis ojos y me levanté de la cama. Caminé al baño, lavé mi rostro, y cuando salí, me encontré con la imagen de Joseph inspeccionando por completo con su boca abierta. Caminé a mi habitación, para rehacer la cama, y dormir agradable una vez más por la noche. Escuché la puerta cerrarse tras la mía.

—Que haces —dijo terminando de poner el seguro.
— ¿No ves? La cama —dije de mala gana.
— ¿Por qué me tratas así?
—Porque no sabes guardar secretos —lo miré a los ojos.
—Claro que sé
—Pues no lo demuestras
—Claro que si
—Claro que no
—Que sí
—Que no
—Que sí
—Que n… —no alcancé a terminar la frase, ya tenía sus labios sobre los míos. Como estúpida, una vez más respondí aquel sabroso beso. ¿Por qué me hacía esto? Sabía que no estaba suficientemente fuerte como para defenderme. Llevé mis manos a su nuca para jugar con su cabello alisado. Sus manos formaban un abrazo en mi cadera, y subían por mi espalda de vez en cuando. Se separó lentamente de mí y me miró con una linda sonrisa en su lindo rostro… ¡¡Qué bobadas estoy diciendo!! Por favor, Valery. Vas a seguir teniendo problemas, y confusiones si no te puedes controlar, cada vez que uno de los hermanitos viene y te trata de provocar. Me senté en la cama a medio hacer, tapando mi rostro con mis manos.
—Que hago…
—No te preocupes, Val. Todo estará bien… ahora seremos nuestra única compañía… o al menos eso creo — ¿A qué se refería?
— ¿Por qué dices eso? —lo miré circunspecta.
—Tenemos visita —sonrió. Lo siento pero la curiosidad me mata.
— ¿Quién? —pregunté.
—Sorpresa, vamos a ver —sonreí. Amo las sorpresas. Me levanté de un salto y saqué el seguro de la habitación. Bajé casi corriendo, pero al ver a una morocha abrazando a Kevin, me detuve en seco.
Mis ojos se empañaron, sin querer largué un gran sollozo mientras corría una lágrima por mi mejilla, todos fijaron su atención en mí, por lo que corrí arriba de vuelta a mi habitación. De inmediato salí, me lavé el rostro y traté de disimular, no podía dejar que Kevin se enterase de esto. ¿Acaso tenía novia? Y si tenía… ¿Por qué me lo ocultó? Bajé nuevamente, ahora, renovada, pero aún con una punzada en el corazón.
—Hola —saludé a la muchacha que sonreía—. Soy Valery —su expresión se deformó. Me miró con desprecio y Kevin tapó su rostro con ambas manos.
—Hola —dijo con ultraje—, ah, tu eres esa —dejó de mirarme y abrazó a Kevin.
—Ella… —me indico Joe con una sonrisa aun ¿Por qué sonreía tanto? —. Es la novia de Kevin.

Abrí mis ojos como dos platos… ¿Escuche claramente? ¿Dijo novia? No podía ser cierto, si Kevin tenía una novia debería tener la suficiente confianza en mí para contarme y decirme todo acerca de eso… pero ya veo que no… nunca confió en mí. Sentí como de apoco dentro de mi había un sentimiento que se debatía o no a salir, el de la tristeza y decepción, ya que eso era lo que sentía… Kevin me traiciono nuevamente, mintiéndome e hiriéndome.
—Al parecer no lo sabías —dijo Danielle viendo mi expresión. Al parecer todo esto lo disfrutaba.
—No… no sabía… —tenía que ser firme—. Qué bien por ustedes.
Sonreí cínicamente, no tenia porque ser simpática con Danielle, di la media vuelta para así correr a mi habitación; a desahogarme por todo el daño que nuevamente me estaba causando, Kevin. Me encerré en mi cuarto, no podía borrar esa sonrisa de satisfacción de Joseph, como si estuviera feliz por la situación. La mirada triste y perdida de Kevin, que me trataba de hablar pero no, no la escuché, prefería mil veces no haberlo conocido que vivir esto dos veces.

Narra Kevin

Todo esto debía ser idea de Joe, no podía ser cierto que Danielle estuviera aquí, aun no me daba el tiempo de hablar con Valery para explicarle la situación, todo fue tan rápido. Aun no podía emitir palabra alguna, la última mirada que me dedico Valery me había dejado los pelos de punta, esta si no me la perdonaba, nunca lo haría… no por segunda vez.
Mire a Danielle que me miraba con una sonrisa en el rostro, luego mi mirada se centro en Joe, sonreía maliciosamente, lo tome con fuerza por el brazo, no me importaba si le doliera o no era lo mínimo que podía recibir y subí las escaleras junto a él mientras reclamaba y me pedía que los soltara.
— ¿Qué te pasa? —gruño mientras lo tire dentro de mi habitación.
— ¿Qué es lo que te pasa a ti Joe? —intente mantener la compostura, era imposible — ¿Por qué lo hiciste?
— ¿Hacer qué? —sonrió burlonamente.
— ¡No seas tan inmaduro! —Exclame con rabia— ¿Por qué la trajiste?
—Te dije desde un principio que no te dejaría ganar tan fácil —volvió más ruda su voz.
—OH, claro ¿Y por eso tienes que hacerle daño a Valery? —grite agitando mis manos con furia.
—Ella se tiene que dar cuenta del tipo de persona que eres —se movía tranquilamente— un mentiroso.
—No tuve tiempo de hablar con ella… —exclame irritado—, no te tengo porque dar explicaciones a ti.
—Mira hermanito, Valery es un persona importante para mí y no la quiero perder, tú tienes a Danielle, a si que eres tu quien le está haciendo daño a Val —dijo mientras se acercaba a la puerta.
—Eres un… —me acerque para propinarle un golpe, pero me detuve.
—Para Kevin —me detuvo con una mirada fría y hostil—, yo no tengo la culpa, eres tu aquí el que está mal.
Me miro por última vez, y salió de la habitación dejándome solo y con un silencio desgarrador… tenía toda la razón… yo tenía la culpa de todo lo que estaba pasando y nadie cambiaria eso.

Narra Val

Al momento de destapar mis oídos para no seguir escuchando la pelea entre Joe y Kevin, que se podrían haber escuchado por toda la parcela, suspire y volvieron a correr lágrimas por mis ojos, no lo podía evitar. Sentí como la manilla de la puerta comenzaba a sonar e intente disimular la pena que tenia corriendo hacia mi cama para tapar con las sabanas mi rostro, no quería ver a nadie.

—Quien sea váyase —dije intentando que mi voz no se quebrara.
—Mira niñita solo vengo a hacer una advertencia —escuche su voz otra vez, era Danielle.
— ¿Qué quieres? —pregunte más firme que antes.
—No quiero que te acerques a Kevin, sé todo lo que “sientes” por el —remarco esas últimas palabras.
— ¿Pero que te crees? Venir hasta aquí para amenazarme —me levante de la cama enfurecida.
—Mira tus ojos, estabas llorando —se burlo—. Joe hizo que me enterara de todo lo que ah pasado aquí —agrego.
¿Pero porque tenía que meter Joe en todo esto?
—Ya dije, aléjate de mi novio – sonrió maliciosamente para luego desaparecer.

Al fin y al cabo era su novio, y no podía hacer nada contra eso. Comencé a llorar descontroladamente, el sólo hecho de pensar que el muchacho que más quería en este mundo tuviera novia; y lo que es peor, me mintió diciendo que nada había resultado con ella. La confianza en la amistad es elemental, pero creo que es eso lo que ya no volverá, no estamos destinados a ser amigos. Limpié mis lágrimas e intente olvidarlo todo, pero no fue posible. Me volví a acostar y las lágrimas brotaron otras vez solas, ahogándome en mis sueños.

* * *

Desperté con una tenue luz encendida. Estaba bajo una fina manta, giré mi cuerpo y pude distinguir de donde provenía la luz. Una vela encendida en un candelabro de metal, reposaba sobre mi mesita de noche. Hace mucho debía estar encendida porque la cera de esta, bajaba por sus costados y se instalaba en su superficie. Levanté mi celular de la mesita y miré la hora, las dos de la mañana. Se había cortado la luz, porque a mi… No es que me da miedo, pero tengo cierto temor a la oscuridad. Me levanté con cuidado, me puse mis zapatillas sin ajustar. Caminé despacio con la vela en la mano, abrí despacio la puerta de mi habitación y salí. Estaba todo demasiado oscuro y silencioso, solo se escuchaban los ronquidos de Nicholas desde su habitación, retomé mi caminar hacia la cocina. Necesitaba algo, mi estómago lo pedía con urgencia y aparte, la cocina era un muy buen lugar para pensar. Llegué al comienzo de la escalera y me detuve en seco al escuchar unos pasos detrás de mí. Me desesperó que alguien me siguiera, sin más preámbulos bajé las escaleras, lo más rápido que pude; llegué hasta la puerta de la cocina y entré rápidamente. A tientas busqué la mesa, deposité en ella mi vela y me senté en la silla para relajarme. Me sentía mareada, apoyé mis brazos y sobre ellos mi cabeza, necesitaba pensar. Pensar en lo ocurrido hoy, con Kevin y su irritante novia. Joseph y sus intentos por querer quedarse conmigo, y Nicholas…Nicholas y su silencio. Sentí un suave tacto en mi hombro, me sobresalté y estuve a punto de gritar de no ser por un par de ojos verdes. Me tranquilizaba por lo menos que fuera él y no un asesino maníaco. Okay, mi madre tiene razón cuando dice que veo demasiada televisión.

—Necesitamos hablar —dijo mirándome serio.
— ¿Escuchaste algo velita? —dije haciendo caso omiso a su palabra—. Será mejor que vaya a dormir. Estar sola da miedo, empiezo a oír idiotas —terminé de hablar y levanté a mi nueva amiga, Velita, y comencé a caminar, para ir a mi cuarto y volver a dormir; el hambre ya había desaparecido.
—Val, por favor —sentí cómo me tomaba el brazo, mientras que su hermosa voz me estremecía por completo.
—Que quieres —articulé sin voltearme, mirando sólo un punto fijo en la puerta del lugar.
—Quiero saber porqué estás enojada conmigo —ahora el caminó frente a mí. Me miró a directo a los ojos. ¿Cómo esperaba que dijera algo si me miraba así?
—Ha, encima preguntas —arqueé una ceja, y comencé a caminar nuevamente, pero volvió a tomar mi brazo.
—Val, sé que podemos hablar civilizadamente —volteé, iba a responder, pero me interrumpió—. Necesito hablar contigo —su tono de voz me intimidó y me causó tristeza a la vez.
—Está bien —caminamos nuevamente a la cocina, cada uno se sentó en una silla—. Bueno, habla —dije mirando el centro de la mesa.
—Este… sobre lo que pasó hoy —levanté la vista, y traté de parecer impresionada.
— ¿Enserio? ¡No sabía! —dije irónica.
—Por favor Val, mantén un ambiente tranquilo, no quiero pelear —suspiré.
—Si eso quieres te podrías dar prisa, tengo sueño —bostecé. El rió.
—Val —de momento se tornó serio—, quiero pedir disculpas por no haberte contado que…
—Tienes novia —lo interrumpí.
—Sí, eso —tomó mi mentón y me hizo mirarlo a los ojos—. Pero ten en cuenta que, no tuve tiempo de contarte.
—Claro que lo tuviste, tuviste mucho —dije seria.
—Val, tengo mis razones —dijo mirándome arrogante.
— ¿Cuáles son? —pregunté incrédula.
—No es tiempo de decirlo aún, Val —me levanté de la silla y lo miré.
—Entonces no hay nada más que hablar —comencé a caminar rápido, no esperaba que lo hicieran, y no lo hicieron. Cuando ya iba a la altura de la habitación de “Danielle”; se interpuso en mi camino—. Que quieres.
—Dime que me perdonas sí —tomó mi mano y la entrelazó con la suya.
—No, Kevin —de pronto lo tenía más cerca de lo normal.
—Por favor —susurró antes de besar mi frente.
— ¿Qué hacen ustedes dos solos a esta hora? —era Joseph. Le lancé una mirada asesina y el rió.
—No te importa —dijo Kevin. De pronto, escuché otra puerta abrir y cerrar, me asusté, por el sólo pensar de que fuera la novia de Kevin, más no era así.
— ¿Pueden dejar de hacer ruido? —era el menor, Nicholas. Me miró algo apenado y luego entró dando un fuerte portazo. ¡¡ALTO!! ¿No que Nicholas pensaba irse? Ya debería estar en la ciudad en Los ángeles ¿no? Argh, esto me va a terminar por matar.
—Kevin, amor, que haces con esta tan tarde —mi temor se hizo presente. La novia de Kevin me miraba amenazante y a él lo estrujaba fuerte en un abrazo, llegué a pensar que era un trapo.
—Danielle, ve a dormir ¿sí? —la muchacha lo miró sorprendida.
—Ve a dormir, mujer —dije ruda.
— ¿Qué dijiste? Amor, mira como me trata —hizo un puchero mirando a su prometido, rodé los ojos y me crucé de brazos.
—Ella tiene razón, ve a dormir, mañana tendremos una larga charla — ¿Qué? ¿Me estaba dando la razón? ¿Realmente este era Kevin? Pellizqué mi brazo y luego lancé un grito bajo.
—Idiota —dijo bajo la muchacha—. Buenas noches Joe, buenas noches Kevin, OPS… no hay nadie más de quien despedirse —sonrió falsa y entró en su habitación.
—Maldita —susurré—. Nos vemos Kevin, nos vemos Joe —sonreí antes de marcharme a mi habitación. Me abrigué nuevamente con las frías —ahora— sábanas y traté de conciliar el sueño, pero aún no podía. Por el simple hecho… está bien, no es simple. No pude por las malditas sonrisas satisfactorias de Joseph, los hermosos y verdes ojos de Kevin y… por la maldita mirada que me dedicó Nick. Porqué me tenía que preocupar por eso si se supone que no me importa. Sin embargo, una duda merodeaba por mi memoria ¿Por qué Nicholas seguía en esta casa, siendo que debería estar a cientos de kilómetros de aquí? Lo sé, es extraño, pero si yo no sé, nadie más que él.
Estaba tan adentrada en mis pensamientos que ni cuenta me di cuando alguien entró en la habitación, sólo pude sentir unos cálidos brazos por debajo de mi pijama —que por cierto coloqué luego de que Danielle se marchó—, acariciando mi abdomen. Me estremecí por completo al sentir el contacto de la caliente piel del personaje sobre mi fría tez. Giré rápido pero quedé impactada al saber de quien se trataba ¿Cómo podía hacer esto después de lo que me había dicho? Cerré los ojos y suspiré sonoramente, pero no fue la mejor opción, ya que no tuve derecho a alejarme cuando posó sus dulces labios sobre los míos. Como siempre, siendo una estúpida seguí el juego. Y todo por la culpa de mi autocontrol que había disminuido teniendo a tres hermanos cerca de mí. Rápidamente el beso se convertía en uno desenfrenado por la culpa de ambos. Se posicionó sobre mi delgada anatomía besando desesperadamente mi cuello, provocando que encorvara mi espalda y gimiera lo más despacio posible. Quitó su musculosa negra de pijama y sonrió perverso, diré, nunca lo imaginé de él. Mis manos se dedicaron a explorar cada centímetro de su tronco descubierto y a desordenar sus bucles. Pero recordando un poco, me acordé “Tengo novia”. Dios, esto estaba mal, pero no solo mal, MUY MAL. Con el más profundo dolor de mi alma, situé mis manos en su perfecto pecho y lo empujé con todas mis fuerzas hacia atrás. Quedó recostado mirando hacia el techo, enseguida aproveché la situación para levantarme de la cama. Lo miré sonrojada y a la vez furiosa por su acto, hace un día habíamos acordado quedar en la mejor amistad y ahora no sabía qué rayos hacía acá aún, y encima, besándome frenéticamente.

—Nicholas Jerry Jonas, ¿por qué hiciste esto? —dije sin dejar de mirarlo a los ojos. Largué un suspiro al escuchar tan solo silencio y más silencio—. Vuelvo a preguntar ¿por qué hiciste esto? —cerré los ojos, tratando de no desesperarme.
—Lo siento Val… no tuve otra opción —genial, su respuesta no me había servido de nada.
—Nick… ¿recuerdas que tienes novia?
— ¿Recordaste eso cuando seguiste mi juego el otro día? —abrí los ojos y lo miré amenazante—. No me mires así, ambos tenemos la culpa.
—Nicholas, no logro comprenderte, eres demasiado estúpido —dije sentándome en la cama. El rió bajo entre dientes.
—Querida Val, siempre has sido tan ingenua —se levantó de la cama y posó su estructura firme frente a mí, mirándome espectador—. Ya no estoy con Lisa —sonrió. Pero a pesar de eso, seguía odiándolo por mentirme.
—OH, qué bueno —sonreí. Alto, ¡¡sonreí por el hecho de que, Nicholas, no tuviese novia! Su rostro irradiaba triunfo con una sonrisa de oreja a oreja, se había aprovechado de mis palabras—. Nick, no malinterpretes las cosas —lo fulminé con la mirada—. Quiero saber que haces aún aquí, deberías estar en Los Ángeles —su sonrisa era cada vez más grande y de satisfacción, por lo que hice una mueca de molestia.
—Dijiste claro, deberías —suspiré tratando de mantener la cordura—. Los Jonas no nos rendimos fácil —se acercó peligrosamente a mis labios, su vista no dejaban de mirarlos. Las palabras de Joe tomaban sentido “Los Jonas no nos damos tan rápido por vencido”. Eso ya era un hecho. Retrocedí ayudándome con mis manos pero todo fue inútil, ya que mientras yo gateaba de espaldas en reversa, el se acomodaba sobre mi cuerpo. Cerré los ojos al sentir que sus labios estaban a punto de tocar los míos, y por supuesto, así fue. Resistí lo que más pude, pero el exquisito sabor que me brindaban sus labios color rubí me impidieron seguir aguantando. Me acomodé mejor en el acolchado mientras seguía nuestro beso, el cual iba a terminar por matarme. Se separo tan sólo un poco para observarme, vaya a saber yo porqué. Sonrió algo provocativo y se acomodó entre mis piernas, para dirigirse a hincar sus dientes en mi cuello anteriormente atacado por ellos. Gemía suavecito tratando de no emitir ruido alguno, ya que sus hermanos y mis padres estaban presentes. Y no, no nombré a Danielle porque no me cae bien, si no porque me daría igual que ella escuchase.
Sus alocadas manos jadeantes acariciaban mis muslos y glúteos, obligando a que formara una llave con una de mis piernas. La excitación subía cada vez más, pero el problema era que nadie había cumplido con nuestra palabra.
Desesperada tomé su rostro para acercarlo al mío y volver a besar aquellos labios que pedían volver a acoplarse con los míos. Sus bucles no estaban de suerte, los revolví tanto como quise, provocando que su cabello estuviera en su mayor desorden. Subió con sus caricias hasta mi espalda, pero sólo para quitar el broche de mi bracier. Nunca había llegado a tanto con un chico, ni siquiera a caricias, como ahora con Nick. Me miró como preguntando “quieres seguir” sólo tragué y cerré mis ojos. Al parecer no entendió mi mensaje, ya que siguió con los mortales besos en mi cuello. Masajeó mis pechos por debajo de la remera, mientras que yo observaba su rostro de placer.
Me miraba con los ojos a penas abiertos y su boca en el mismo estado. Que ambos estábamos excitados era evidente, nadie lo discutía. Desabrochó su pantalón a la velocidad de la luz, para quitar sus zapatillas rápido y que todo aquello fuera parte de la alfombra de felpa. Miré aquella zona sonriente, el se sonrojó cuando pude ver su ansia por concluir el acto. Quitó mis shorts de pijama y se posicionó sobre mí, ejercía fuerza pero tomé por obvio que no dejaría que pasara a más, puesto que llevábamos aún la ropa interior. Quitó mi remera, y ahora ambos estábamos iguales, ya que quitó de inmediato el sostén antes desabrochado. Miré nuestro estado, juro por Dios que si no fuera por mi inexperiencia, eso habría concluido. Quitó su bóxer, el rió al ver mi estado un poco más loco al ver su parte más intima. Nos cubrió con las sábanas, y ejerció más presión sobre mi cuerpo semi-desnudo. Besó mis labios y me miró a los ojos. Los de él denotaban angustia, tenía la misma duda que yo.

—Quieres… quieres continuar —me miró de costado. No respondí—. Tienes razón, aún no estamos preparados —entendió tal cual mis gestos de preocupación. Giró para quedar mirándome, lo mismo hice, para poder mirar su rostro medio rosa por lo agitado que se encontraba. Con mi mano busqué el bóxer que se debería encontrar en la cama, lo tomé y se lo entregué. El rió un poco antes de ponerse la prenda. Comenzó a acariciar mi cuerpo algo desnudo, y a besarme lentamente. Los brazos del Morfeo nos envolvieron después de un rato, en el cual nos besamos sin locura alguna, sólo besos románticos.

***

Desperté abrigada pero aún así con algo de frío por la brisa mañanera que se colaba por algunos rincones de las ventanas. Miré a mi lado, Nicholas dormía como un hermoso bebe. Besé su mejilla antes de levantarme y abrigarme con mi pijama, que mucha falta me había hecho por la noche. Me abrigué un poco más con mi albornoz blanco y negro, y mis pantuflas color crudo, al terminar, enseguida me acerqué a la cama, Nick debía despertar antes de que alguien lo encontrara en mi habitación. Lo agité despacito tomando su hombro desnudo, hasta que despertó con un pequeño saltito de susto que me hizo brincar también. Sonrió calmado al ver que se trataba de mí, para luego sentarse en la cama y mirarme con rostro tierno. Me senté a su lado y el no tardó en acercarse para darme un tierno beso en los labios. Se separó lento y acarició mis mejillas con sus manos.

—Buenos días —dijo con la voz un poco ronca.
—Buenos días dormilón —toqué con mi dedo índice la punta de su nariz—. ¿Cómo amaneciste? —pregunté esperando saber su respuesta.
—Mejor que nunca —sonrió.
—Levántate, antes de que alguien entre en la habitación —al terminar esto, se escuchó abrir y cerrar la puerta. Ambos miramos al provenir de los ruidos, era Joe.
—Hola Val ¿cómo… —no terminó su pregunta al notar que Nicholas se encontraba en mi cama— ¿qué hace Nicholas aquí? —preguntó desconfiado.
—Durmió acá —dije triunfante. Miré a Nick, quien ahora sonreía.
— ¿C-como? —preguntó su hermano, sorprendido.
—Sí, como escuchaste, dormí acá —dijo aún con una gran sonrisa.
— ¿Sólo durmieron? —miré a Nicholas fulminante, el rió.
—Claro, ¿qué más podríamos haber hecho? —me quise matar en ese mismísimo momento. Nicholas, se había levantado de la colcha, sin recordar que sólo se encontraba en bóxer. Miré a Joseph un poco avergonzada.
—Nick…
—No… no es lo que tú piensas Joe —dijo arrancando una sabana de su lugar y colocándola en su cuerpo.
—No es necesario que te cubras, soy hombre —expresó Joe rodando los ojos.
—Pero yo soy mujer —me crucé de brazos y fruncí el ceño.
— ¿Y qué te importa eso ahora si lo más posible es que lo hayas visto sin ropa interior? —abrí mis ojos como platos. Era cierto, lo había visto desnudo, pero nada pasó.
—Claro que no —dije junto a Nick al unísono.
—Nick, hay que hablar —me miró triste y volvió su vista a su hermano—. Vístete y te espero en mi habitación —claro, ahora se creía el dueño de Nick. Salió de la habitación mientras que Nicholas ya se comenzaba a vestir, cuando terminó besó mis labios y salió rápido de mi cuarto. Quedé petrificada mirando un punto fijo, pensando en qué iba a ocurrir.

Narra Joe

No podía creer lo que estaba pasando, o mejor dicho, lo que sucedió mientras yo dormía pensando en ella. Aún se me hace impresionante pensar, que la mujer que más amo y he amado, se haya acostado con mi hermano menor, Nick. Al salir de esa habitación no pude evitar derramar lágrimas de decepción. ¿A sí era como se sentía cuando alguien te hería? Si fue así, no quiero ni pensar el daño que le causé a Valery, cuando pensé en traer a Danielle.
Pero yo no me merecía esto, siempre la quise, siempre hice hasta lo imposible para poder estar nuevamente con ella. Ahora me esperaba una larga conversación con mi familiar involucrado, se había olvidado de nuestro anillo.

—Que quieres Joe —dijo sentándose a un extremo de mi cama, ni lo vi entrar.
—Hablar, Nick —dije sin mirar su rostro que, si no me aguantaba, destrozaría.
—Lo sé, de qué quieres hablar —dijo aún cortante.
—No te hagas el tonto —ahora lo miraba—. Eres un idiota, tuviste sexo con Val, con mi Val —dije con los ojos inundados de lágrimas.
—Ey, cuida tu vocabulario —dijo aún serio—. Además, no he roto nuestra promesa, Valery es mi mejor amiga, no pasó nada con ella —no podía ser cierto, no podía ser cierto.
—Claro, los amigos duermen juntos, y encima, sólo con ropa interior —reí entre dientes.
—No pienso romper mi promesa, por lo menos por ahora —dijo convencido. Me sorprendió la capacidad para inventar cosas que poseíamos todos los Jonas.
—Deja de mentir, ¿sí? —dije levantándome de la cama.
—No miento.
—Nick, te daré dos opciones —arqueó levemente una de sus cejas—. La primera —lo miré amenazante—, es que te marches de aquí, y vuelvas a Los Ángeles —el rió por lo bajo, yo sonreí triunfante, venía la segunda—. Y la segunda —levantó su vista y me miró intrigado—, es que te quedes, pero que los padres de Val, y los nuestros, se enteren de que perdieron su castidad —ahora mi sonrisa era más ancha, el escondió su rostro entre sus manos, mientras que yo esperaba una respuesta rápida.
—Eres un idiota —articuló golpeando mi pecho.
—¡¡Ey, Ey!! —Lo empujé con mis manos—. Tranquilo, tú decides, está en tu mano, Nicholas —salí de mi habitación, lo dejaría pensar. Ahora, era el turno del amor de mi vida, debía hablar.
Narra Valery

Por algún motivo, aún daba vueltas en mi cabeza, la razón de haber seguido —nuevamente— el juego a Nicholas. Escuchaba murmullos fuertes; al parecer provenientes de la habitación de Joe. Estaba bien que se enfureciera un poco, pero pienso que se sobrepasó. No llegó a pasar nada con Nick, sé que es un poco increíble decir “nada pasó”, y luego ver a su hermano tan sólo en boxers, levantándose de mi cama. Comprendo la posición de él en todo esto, debe ser difícil ver a tu ex novia acostada en la misma cama que tu hermano. Sé que dije la verdad, no tenía nada que demostrar.
—Ey, tenemos que hablar —ni cuenta me dí, y ya estaba en mi habitación.
—No hay nada que hablar, Joseph —dije sin siquiera mirarlo—. Dije netamente lo que debía decir, no me creíste, ahora puedes marcharte —el rió como quedando sin aliento. Levanté la vista y me encontré con una sonrisa irónica; de esas que tanto le caracterizaban.
—Yo no soy el que se irá —arqueé una ceja y lo miré desentendida. El largó a reír nuevamente.
— ¿Quién entonces? —me acerqué más a él.
—Nicholas
— ¡¿¡¿QUÉ?!?! —exaltada, comencé a dar vueltas dentro de mi cuarto, tratando de hallar un por qué.
—Se irá —sonrió victorioso.
—Imbécil —levanté mi mano y le regalé una gran bofetada, que quedó perfectamente marcada en su mejilla izquierda. Llevó su mano y sobó aquel lugar, que tanto dolor irradiaba.
— ¡Valery, cánsate de jugar por todos los bandos! ¡Eso es trampa! —tenía razón. Mis ojos se comenzaron a cristalizar; y todo se nublaba. Nadie me iba a entender. Aquellos hermanos, eran demasiado para mí. Yo no merecía su amor y amistad; nada que proviniera de la familia Jonas. Y ¿por qué? lamentablemente me estaba enamorando de Kevin; cada vez odiaba más a Joe; y empezaba a sentir cosas por Nick. De nuevo. Y digo de nuevo, porque ya me había pasado, sólo que no fui correspondida. Yo no merecía a ni uno de los tres, estaba jugando con los tres; y lamentablemente no sentía ya nada más por Joseph. Había sufrido tanto; que ya todo desvaneció; incluso mi amor por él. Sus besos sólo me hacían enloquecer de diferente forma, y lo peor, es que el hacía lo imposible para poder estar conmigo. Caminé fuera de la habitación, dejando al muchacho sólo en ella. Entré en la de Nick, el cual se encontraba tirando enojado, un montón de ropa en una maleta azul marina.

— ¿Nick? —pregunté incómoda, ya que su vista ahora se encontraba situada en mí.
— ¿Mm? —respondió con otra pregunta.
— ¿Por qué…?
—Porque me largo de aquí —interrumpió mi pregunta. Sentía que me hablaba fríamente, con un tono de nostalgia.
—No lo hagas —le imploré. Caminó a la puerta y la cerró con pestillo. Se acercó a mí y sonrió tierno, mientras que acariciaba mi rostro como si fuese porcelana, con delicadeza total.
— ¿No quieres que me marche? —musitó sobre mis labios. No respondí. No quería que se fuera, pero realmente no lo merecía.
—No quiero… —finalmente me digné a hablar, con un hilo de voz.
—Quisiera no hacerlo —dijo en un tono casi tan inaudible como el silencio.
—No lo hagas —sentí mis mejillas humedecerse. Cerré mis ojos con fuerza, y sus labios se posaron dócilmente sobre los míos. Lentamente respondí el beso, un tierno sin maldad alguna, uno sin pecado ni pasión. Me sentía tan cómoda estando cerca de él, con sólo un roce de piel, conseguía que esta se me erizase. Llevé mis manos a su nuca; para así juguetear con sus rizos tan bien creados. Sus manos se posaron en mi cintura, para así formar un lazo alrededor de ella. Sentí gotas de agua cálida, que no correspondían a mis ojos. Nos separamos sin quererlo, y lo miré suplicante. El también estaba llorando. Sentí una punzada fuerte en mi corazón; seguido de un mal presentimiento, nunca se equivocaba. Algo malo pasaría. Siempre que un mal augurio se hacía presente en mí, pasaría algo malo, vaya a saber dios qué. Además, no se cumplían de inmediato, si no que a corto o a largo plazo. Abracé fuerte a Nicholas, si tenía algo que ver con él, debía aprovechar de tenerlo cerca, por si algo extremadamente malo ocurriría. Esta vez me besó con desesperación; como si fuese la última vez que nos veríamos, me sentí única en ese momento. Alguien intentó entrar, pero no lo consiguió; la puerta tenía seguro. Caminé a ella, a abrirla, era mi madre.

—Hola chicos —sonrió—. ¿Qué hacían? —dijo mirando la maleta de Nick.
—Nos vamos —miré a Nick, quien me veía sorprendido.
— ¿Cómo supieron? —no entiendo.
— ¿Saber qué? —preguntó Nick, integrándose a la conversación.
—OH, que se avecina una tormenta, debemos volver a LA — ¡¡fantástico!! Todo está mucho mejor así.
—Kevin debe ir a hacer los preparativos de su matrimonio con Jane a Texas
—Genial… ¿¡QUÉ!? — ¿preparativos de matrimonio?
—Recuerda, se casará en unos meses, Danielle está embarazada, debe hacerlo —dijo con una gran sonrisa. Nicholas abrió los ojos como platos, mientras que mi mandíbula topaba con el suelo.
—Kevin…
— ¿Ah? —pregunté sin entender.
—Bueno, arreglen sus maletas, debemos irnos después de almorzar.
—OK —dije algo triste. Bueno, no sé que me sucedía. Sentía tanto por Kevin, pero por Nick… tanto más. No lo sé; creo que no dolió tanto como creía que dolería algo que tuviese que ver con él. Mi madre salió del cuarto y Nicholas la siguió ¿Qué iba a hacer?

Narra Nicholas

Al escuchar “Danielle está embarazada” una desilusión enorme recorrió mi ser. ¿Kevin había roto la promesa? Quise morir en ese instante; porque casi rompo mi promesa también. No entiendo como es que un hombre puede llegar a tanto olvidando todo lo que se interpone. Entré en la habitación de Kevin, lamentablemente no me encontré con la situación que esperaba. Danielle casi desnuda al igual que Kevin, ambos sudados y ahora prestando avergonzados su atención a mí.
—Nick que vas a… —maldición. Era Valery, quien ahora observaba la misma situación que yo. Kevin, se levantó rápido y vistió su torso desnudo y ubicó unos pantalones en su cuerpo. Dan, se cubrió con una sábana y miro triunfante a Val, quien miraba triste e impresionada. Luego largó a correr.
—Val, no —grito Kevin, y comenzó a correr tras de ella.
—Eres una arpía, Danielle —dije molesto.
—Lo siento, cada uno sabe como conseguir su dinero —sonrió victoriosa, mientras que yo seguía mirándola enojada.
—Sabes muy bien que Kevin no te ama, sólo le atraes —ordenó su cabello rebelde, y yo sonreí.
—No me importa, con este hijo —acarició su vientre—. Tendré toda la fortuna Jonas.
— ¿Qué dices maldita puta? —era Valery, quien llegaba llorando seguida por Kevin. Ambos la miraron fulminantes y ella ahora tenía una mirada perdida.
— ¿Danielle? —Kevin había escuchado; eso me hacía feliz.
— ¿Sí mi amor? —la perversa seguía tratando de dominarlo.
—No me digas más así —Valery sonrió—. Ahora tenemos mucho de que hablar, pero junto con ellos. Necesito testigos —ella tenía la boca abierta. Tanto que podría caer hasta un neumático dentro de esta.
—Chicos, adelante —caminé junto con Val hasta la cama, en la cual seguía la bruja.
—Danielle, empezando —Kevin daba vueltas como Sherlock Holmes dentro de su habitación—, NUNCA tuve relaciones sexuales contigo, no llegamos a eso —no lo comprendía ¿cómo podía ella estar embarazada de Kevin sin haber tenido relaciones con Kevin? —. ¿Por qué inventaste esa mentira tan estúpida?
—Po… porque…
—Ya lo sé, lo escuché, querías mi dinero —rió por lo bajo—. Segundo, NUNCA dije que me casaría contigo —ella comenzó a llorar, nadie consoló su estado—. Tercero, no tenías por qué inventar todas esas mentiras a la madre de Valery, ella les contó a todos los de más —miró el suelo—. Dios… esto llegará a los oídos de mis padres… —lamentó triste.
—Tranquilo Kevin, sabemos que no es cierto, debemos mandar a esta cualquiera fuera de aquí… bueno, nos iremos todos —sonrió la mujer que más amo en el mundo.
—Bueno sí… pero yo me marcho a Texas, a hacer los preparativos de matrimonio con Jane, ella quiere que sea su padrino —ahora todo encajaba para mí, y obviamente para Valery.
—Nuestros padres están de vacaciones —dije decidido a dar una propuesta a Val.
—Ohm —agachó la mirada.
—Quiero que te vayas a quedar a nuestra casa —Kevin, quien tomaba agua de un vaso del velador, la escupió de golpe, mojando la cara de Danielle. Todos reímos, era gracioso ver a la muchacha tan avergonzada y enojada por un tema que ya no se resolvería para su bien.
—Ella me puede acompañar —dijo Kevin, desafiándome con la mirada.
—No, ella se irá conmigo, a la casa de nosotros —sonreí triunfante.

Narra Valery

Luego de resolver un par de problemas con la maldita de Danielle, los chicos me dejaron en una posición no muy cómoda. Que pelen por ti; frente a la que e novia de uno de ellos, es extraño. Es muy, pero muy incómodo.

— ¡¡Que ella me acompañará!! —miré a Danielle, la cual me fulminaba a cada segundo.
—No, va conmigo —dijo Nicholas, tomando mi brazo, y apegándome a él. Sonreí dificultosamente, mientras que Kevin me miraba triste.
— ¿Valery, con quien vas? —agache la mirada, tratando de buscar una solución, pero no, no la hallaba.
—Ella irá conmigo —volteé para mirar al único que podía estar ingresando recientemente en la conversación.
—No irá contigo Joe —dijeron sus dos hermanos al unísono.
—Chicos…
—Ella irá conmigo —dijo contento Nick.
—No, conmigo —ahora Kevin.
—Conmigo —era el turno de Joe.
—No, conmigo —nuevamente la ronda…
— ¡Que conmigo!
— ¡No, entiende!
—Chicos…
— ¡Que va conmigo!
— ¡No!
—Conmigo, ya basta.
—Chicos…
— ¡Conmigo!
— ¡No!
—Inútil entiende que conmigo
—Chicos…
— Conmigo, bro
— ¡Que No! ¡Que No!
¬— ¡Que Si! ¡Que Si!
—¡¡YA BASTA!! Me tienes harta con sus bobadas —salí enojada del cuarto. Luego regresé—. Y ¿saben que más? —Todos me miraron intrigados, incluyendo a la arpía—. Iré con Kevin —el sonrió—, con Nick —también sonrió—. Y Joe, contigo también —todos me miraron confundidos—. Iremos con Kevin —sonreí.
—Eso no será posible…
—Entonces me quedo en la casa Jonas, punto —me miró enojado.
—No iré a Texas —dijo resignado, abrí los ojos como platos.
—No, irás con Jane, ¿está bien? —dijo Danielle.
—Dan, tu ya no tienes nada que ver conmigo, es obvio que terminamos —ella se echó a llorar nuevamente. Salí de la habitación acompañada de Nicholas y Joseph. Pensé en dejar sola a la llorona y a mi amigo. Entré a mi habitación, cerrándoles la puerta en la cara a los dos individuos que seguían mis pasos. Me tiré en la cama, a pensar en lo mucho que había transcurrido tan sólo en la mañana. Sin darme cuenta, me encontraba en los brazos de Morfeo.

* * *

Desperté al sentir que cálidos labios sobre los míos. Traté de seguir haciéndome la dormida. Pero no pude averiguar quien era, sus besos eran distintos a los demás. Sus labios tenían un dulce condimento que me enloquecía sin siquiera mirarlo. Traté de no responder al beso, mas mis instintos me obligaron a hacerlo. Seguí con aquel juego, pero de pronto sentí que aquellos exquisitos labios ya no estaban junto a los míos. Lamentablemente, abrí los ojos tarde. La persona que me había hecho sentir cosas inexplicables, se había marchado de la habitación, tan sólo logré visualizar un poco de la manga de su abrigo negro. Sería una cosa difícil de adivinar, ya que los tres hermanos se encontraban con un saco negro. Bueno, no tendría como adivinar. De repente, entró alguien sin permiso en mi cuarto.

—Eres una…
—Silencio, es mi habitación —sonreí enfrentándola.
—No me importa —dijo acercándose—. Le diré a Kevin lo que pasó con Nicholas —se veía feliz. ¿Acaso Joseph le había contado algo?
—Me da igual, él es sólo mi amigo, además, ni uno de los dos siente algo más que eso por el otro —ella rió—. Amistad, ese amor siento hacia él, de amistad —cada vez reía más fuerte.
—Eres tan inocente Valery —odiaba cuando me trataban de ingenua, en especial ella—. Ni tu te crees ese cuento, linda —arqueé una ceja—. Sabes muy bien lo que Kevin siente por ti, y lo que sientes por él —me apuntó al decir esto último—. Si fuese por ustedes —camino en un círculo rodeándome—, estarían en el altar ahora mismo —no entendía. ¿A qué se refería?
—Ya te puedes ir, querida —dije irónica el “querida”; pues yo sólo sabía despreciarla cada día más.
—Está bien… sólo te dejaré un cargo de conciencia —susurró a mi oído, provocando aún más molestia dentro de mí—. Ni uno de los hermanitos Jonas se rendirá —reí y ella me acompañó—, no mientras sigan enamorados de ti — ¿enamorados? Esta mujer está completamente loca.
— ¡Bye! —hice un gesto de adiós en su cara. Ella bajó mi mano con la suya, y me encaró.
—Recuerda mis palabras, amiga —por supuesto que lo haré “amiga”. JÁ, ni en tus sueños.
—Sí, como sea —salió con una gran sonrisa en el rostro de mi habitación.
Me quedé petrificada, como siempre quedaba después de una charla decepcionarte, y miré un punto inexistente dentro de mi alcoba. Me recosté sobre la cama, cerré los ojos y las palabras de Danielle venían a mi cabeza, como un hechizo, uno grande. Como siempre pasaba, entró alguien, que en un abrir y cerrar de ojos había cerrado la puerta de la habitación y luego se encontraba sobre mí besando frenéticamente mis labios. Mis manos se ubicaron sin mi autorización en su espalda, para comenzar a acariciarla con ansia de más. Quitó mi remera y besó mi cuello desenfrenado, mientras que yo quitaba su saco y este era amigo del suelo alfombrado con felpa. Desabotoné botón por botón su camisa, para poder tener todo su torso a mi privilegio. Lo empujé hacia atrás para gatear y así rodear su cintura con mis piernas. Me senté sobre su pelvis cubierta de un pantalón café, para ahora poder yo mortificarlo a él. De un momento a otro, el se encontraba quitando mis pants con desesperación ¿Por qué tenía que seguir en este maldito triángulo amoroso? Esa era la pregunta que necesitaba responderme de inmediato ¿Por qué me encontraba besando a Joseph? Como una estúpida dejé de lado a mi conciencia y me aventuré a seguir con esta maldita ronda de mentiras ¿Cómo conseguía Joseph hacerme enloquecer aún? No, no podía estar equivocada de mis deducciones. No podía seguir enamorada aún de mi ex novio, no podía ¿Y que pasaba si aún no lo podía olvidar de todo?
¿Qué pasaría si lo sigo viendo el resto de mis días y no podría sacármelo de la cabeza? Me sentía tan desafortunada; más él no dejaba de besar desesperado el lomo de mis pechos descubiertos. Subió sus labios, y lo besé con ternura, no quería pederlo aunque me quitaran la vida de lo contrario ¿Por qué?
No podía estar más confundida. Kevin sería inalcanzable, tenía novia y después de lo que observé no podría mirarlo diferente, lamentablemente. Joe me miro con los ojos resplandecientes, mientras que yo no podía dejar de pensar en mis problemas. Acaricié su torso completamente para mí y nuevamente el era el que se encontraba sobre mí. Borré todas aquellas malas inclinaciones, y miré algo incómoda a mi acompañante.
—No te preocupes, los demás ya se fueron —no pensé demasiado en aquello y ataqué nuevamente sus labios apetitosos y rojizos por la presión que ejercía en ellos. Desabotoné sus pantalones bombilla y el se encargó de terminar de quitarlos junto con sus zapatillas. Estábamos igual, a ambos sólo nos cubría la ropa interior; inferior.
Nuestros cuerpos se acoplaban por la gran cantidad de sudor que derramábamos. Volteé nuevamente y ahora yo era la que controlaba nuevamente la situación. Con la yema de mis dedos delineé cada facción de su torso, rostro, y cuello.
Comenzó a juguetear con el borde de mi tanga rosa y luego de un rato, decidió dejar de torturarnos por la espera. Sonreí seductora mientras terminaba de quitar mi prenda. Aparentemente su estado de excitación aumentaba por obvias causas. Besó mis labios y me atrajo más hacia su cuerpo, para poder hablarme al oído.
—Valery… —me miró delicado.
— ¿Sí? —lo animé a seguir.
—Es mi…
—La mía también —sonreí.
—Te amo —besó lento mis labios, y luego me miro aparentemente buscando una respuesta a la pregunta que sus ojos inquirían. Cerré los ojos y sonreí; luego asentí con la cabeza. Con mi ayuda quitó su bóxer rojo y sonrió algo sonrojado, no creo que más de lo que yo lo estaba. Ubicó sus manos en mi cadera y me sostuvo mientras me examinaba de pies a cabeza. Al parecer el no sabía que, con eso, me hacia ruborizar aún más. Se acomodó a mi lado, mirando el techo, no lo comprendí.
—Ehmm…
—Valery… —me miró.
— ¿Hm?
—Quiero… quiero… —se ubicó ladeado; para verme mejor—. Quiero que sepas que quiero que por siempre seas mía —siempre me lo demostraba de distintas formas—. Que quiero que, esto, lo dejemos para cuando sea una decisión tomada esperando… esperando tener una linda familia —me levanté de la cama, para así vestir mi cuerpo desnudo.
—A que… ¿A qué te refieres? —inquirí sin entender.
—A que… nada, nada —sonrió.
—Ah… ¿OK? —dije poco convencida. Al terminar de vestirme, me acomodé nuevamente en la acolchada cama, para así mirar mejor a mi acompañante.
Situé mi cabeza en su pecho algo húmedo, y cerré los ojos. Ambos querríamos dormir después de tanta agitación junta. Tan sólo eran las ocho de la noche, ya había dormido mucho en el día; más aún estaba fatigada. Luego de unos minutos pensando y pensando, miré a Joseph, quien aparentaba dormir —eso hacía—, con una diminuta sonrisa en el rostro, puesto que sus músculos faciales no le permitirían más si estaban relajados. Sonreí al ver su angelical rostro, esculpido por un artista de la antigua Grecia, o algo parecido; realmente era la perfección en persona y al parecer nadie más lo igualaba. O tal vez sí, Nicholas. ¡¡NO!! ¡No puedo estar pensando en Nick cuando estoy en los brazos de su hermano! Y… ¿dónde estaban los demás? ¿Por qué se habían ido? Con tantas preguntas me fue imposible conciliar el sueño; me levanté cuidadosa de la cama y salí de mi cuarto, para ir al living. Al llegar me senté en un sillón, y leí una nota de encima de la mesa.
“Linda, Joe me dijo que tenía cosas que hablar contigo. Acordamos que se irán en dos días. Cuídate y no hagas nada incorrecto. Te ama, mamá.”
¿Qué tanto me tenía que decir Joe? ¿Qué cosa? ¿Por qué siempre me pasan este tipo de cosas a mí? Obviamente, nadie iba a concluir mis indagaciones, por lo que resignada, traté de cambiar de página y pensar en otras cosas, ya me estaba empezando a dañar. Pero fue imposible, no me pude quitar a Nicholas de la cabeza, ni a Kevin. ¡MALDICIÓN! Todo lo malo me ocurre a mí, a nadie más que a mí ¿Por qué no a Juanita Pérez? Vaya a saber el perro por qué. Enfurecida, caminé a la cocina, realmente necesitaba algo que me sacara de este maldito mundo.

***

— ¡Hola! —dijo mi madre saludándome con un cálido abrazo. Sonreí y besé su mejilla.
—Hola, má —me alejó y me miró de pies a cabeza.
— ¡Mira que grande estás! —reí ante su comentario.
—Madre, tan sólo fueron cinco años… además… no veo el porqué a tu felicidad, deberías estar triste, ¡Llegó un cargo más a tu casa! —Dije sonriente, ella frunció el ceño—. Ya, ya, tranquila —la abracé y luego vi aparecer por el umbral al chico que no logró dejar mi conciencia tranquila durante todos los años lejos. Nicholas.
Las opciones que pude haber tenido con Kevin se desvanecieron cuando anunció su casamiento con Jane, “supuestamente” iba a su matrimonio. Ella dio un no a la pregunta tan conocida del padre, no querría haber estado en los pies del muchacho enamorado, que recibió aquel golpe bajo. Kevin terminó siendo el beneficiado; ya que la muchacha descubrió que no amaba a Justin —su novio hasta entonces—, si no que a el mayor de los Jonas. Caminé a un sillón, al más cercano; para evitar un desmayo al ver su constante imagen afligiéndome por mi partida hace cinco años. Mi novio se sentó junto a mí, abrazándome por la cintura. Mi madre sonreía ¿orgullosa? Eso parecía.

—Hola —saludó con voz fría, Nicholas, mirando desafiante; a Joe.
—Hola hermanito —sonrió triunfante. Su hermano menor cerró los ojos respirando hondo, supongo trataba de contener su ira.
—Hola Nick —dije sonriente, no fue una buena idea. Su vista se fijó en mi y se clavó como mil navajas en mi corazón. Sentí que mi mundo se destrozaba.
—Hola —dijo antes de caminar a las escaleras. Mi madre ya no se encontraba en el lugar, supuse estaría en la cocina.
—Iré a hablar con ese enano —dijo Joseph, algo ofendido.
—No debes…
—Iré —me interrumpió. Caminó escaleras arriba y yo sentía morir. Mi madre hizo aparición en el lugar luego de unos minutos, sonriendo.
—Aún no te puede olvidar —su expresión era una triste.
—Mamá… no quiero hablar del tema, ¿Sí? —no me ayudaba de mucho que me hablara de la situación del muchacho.
—Entiendo… mejor sube a dejar las cosas en tu habitación —dijo secando sus manos con un trapo de cocina.
—Es…
—La tercera a mano derecha, queda al lado de la de Nick —encima, al lado de la de Nicholas.
—Ehmm…
—Tranquila querida —entro en su refugio ya antes mencionado. Ascendí por las escaleras y caminé a la que sería mi habitación ahora; me detuve. Me llamaron la atención unas elevadas voces, obviamente de los únicos presentes en el segundo nivel, aparte de mí.
—Ya te lo dije Nicholas —era Joe.
—Joseph, ya está hecho —decía serio Nick—. Tú le propondrás matrimonio, yo no puedo hacer nada contra eso — ¿escuché mal? ¿Joseph me propondrá matrimonio? OH no.
—Más te vale —sonó amenazante mi novio.
—No lucharé por ella, es tuya, Joe —dijo serio. Por alguna razón aquellas palabras me golpearon fuerte. A quien engaño, sé muy bien la estúpida razón. Aún no lo podía olvidar. Sentí unos pasos acercarse a la puerta, a si que caminé con mis valijas hasta la habitación siguiente. Miré la hermosura del cuarto, absolutamente decorado con tonos turquesa; mi color favorito. Dejé los bolsos en el suelo, para poder contemplar con más detalle la amplia alcoba; que desde ahora sería mía. Abrí el clóset, para poder más o menos analizar como guardaría toda la cantidad de vestimenta que traía conmigo. Era suficiente capaz de sostener toda mis prendas de vestir. Caminé al sitio en donde estaban mis maletas, y las dejé sobre la cama. Abrí el equipaje y me dispuse a ordenar todo; para dejarlo dentro de la placard. Comencé a ordenar algunos objetos; según como me gustarían a mí. Siguiente a aquello saqué un CD de Colbie Caillat; Coco, y lo introduje dentro del gran equipo de música de mi habitación. Seleccioné primero mi canción favorita “Bubbly”. Mis pies empezaron a bailar solos al compás de la música, ocupando todo el espacio de la habitación. Miré la puerta de mi habitación, estaba abierta y se encontraba con alguien ahí.

—Se toca antes de entrar —dije caminando al reproductor de música para apagarlo.
—Lo reconsideraré —dijo con voz seria, igual a cuando me saludó.
—Claro que deberías hacerlo —dije dirigiendo mis ojos a los de él.
—Dije que lo haré —aún sonaba circunspecto, me atemorizaba.
—Que bien —dije en un tono casi inaudible, ahora mirando el suelo.
—Valery… —levanté la vista, sus ojos me miraban cortantes.
— ¿Q-qué? —respondí con la voz en un hilo.
— ¿Por qué lo hiciste? —su voz era débil, no creí verlo así. Sus ojos eran vidriosos y su rostro denotaba dolor.
— ¿Q-que c-cosa? —no, no pude hablar normal.
—No debes tratar de engañarme —volví mi vista al suelo y sentí mis mejillas humedecer—. Y mírame a los ojos, debes hacerlo —sequé mi rostro y traté de hacer como si nada.
—Y-y-yo —aún no lograba hablar como un humano normal.
—Valery… —no me gustaba cuando me hablaban por el nombre completo. El lo sabía y me hablaba así cuando se trataba de algo serio y/o estaba enfadado. Esto era algo formal.
—Yo… —bravo, logré decir una palabra sin tartamudear—. Yo… no sé por qué lo hice —ganaste el premio a la más mentirosa del planeta, te felicito Valery Straw.
—Si lo sabes —y el ganó el premio al que menos cree en mis mentiras.
—No lo sé —dije clavando mis ojos en los suyos. Irradiaban tristeza, cosa que me entristecía a mí.
—Por favor, no puedes ser tan descarada —su voz se expresaba molesta y eso me hacía sentir peor—. Eres tan mentirosa, no sé como puedo… como puedo… como puedo… —no le podían salir las palabras y yo sentía que me iba a desfallecer frente a él—. Como puedo ser tu amigo —al fin dijo lo que quería decir, con algo de inseguridad.
—Nick… no me digas eso —las lágrimas deslizaban por mis pómulos otra vez, haciendo que la nitidez no fuese del cien por ciento.
—No entiendo como es que pude fijarme en ti —su voz se quebraba; pero volvía a ser firme luego—. Por un momento creí… creí que me querías tanto como yo a ti… que me… amabas —llevó los dedos índices de ambas de sus manos a los lagrimales de los ojos mismos.
—Nick yo…
—No tienes que decir nada Val… se que todo era mentira y que sólo pretendiste jugar conmigo.
—Nick, escucha…
—No, no te escucharé, no quiero más falsas ilusiones —dijo ahora dejando a la vista sus lágrimas.
—Nick, por favor —supliqué en un tono inaudible, que obviamente el escuchó.
—No, Valery —iba a salir de la habitación, pero fue más rápida y corrí hasta ella, la cerré de un solo portazo y luego le puse seguro.
—Me vas a escuchar —dije seria. Mi voz era completamente distinta, ya no era una suplicante, si no que una autoritaria.
— ¿Qué? —rió bajo.
— ¡QUE ME ESCUCHARÁS! —grité. Su rostro se vio asustado y a la vez pasmado—. ¿Entendido? —inquirí ahora más calmada.
—Te escucharé —camino a mi cama. Me senté a su lado.
—Yo… yo nunca te mentí —dije mirando el suelo; no me atrevía a mirar sus ojos amenazantes.
—Si, como no —rió suave nuevamente. Me molestaba el hecho de que no me creyera.
—Nick, no estoy siendo sarcástica —levanté mi vista y lo miré enojada.
—Pues nunca lo demostraste —dijo levantándose de la cama. Hice lo mismo velozmente y me posicioné frente a él.
—Es que nunca vas a entender —dije acariciando sus mejillas con mis manos.
—No tengo nada que entender —quitó bruscamente mis manos de sus pómulos. Camino a la puerta y trato de abrirla, pero olvido que, estaba con seguro. Quitó el pestillo, pero mi mano detuvo su acción.
—Nick, ya basta —volteó, pero no fue lo más adecuado. Quedamos a tan sólo milímetros de los labios del otro y nuestra mirada era insistente. Con cuidado me ubiqué entre la puerta y su cuerpo, para que no pudiera salir del lugar. Sus brazos me enjaularon, sin siquiera rozarme.
—Valery, quítate antes de que haga algo que no debo hacer —sabía muy bien a que se refería.
—No me quitaré y no lo harás —sonreí. El palpitar de mi corazón era rápido y muy constante.
— ¿No? —dijo mientras se acercaba intimidándome.
—No, no serías capaz —dije nerviosa, en un susurro.
—Te demostraré que lo soy —sus labios finalmente capturaron los míos ejerciendo una delicada presión sobre ellos. Aún tenía ese sabor único, aquel que no pude dejar de recordar ni un solo segundo en el lustro que permanecimos distantes. Llevé mis manos a sus bucles de la nuca, para así juguetear con ellos; algo que extrañaba. El beso parecía desesperado, como si fuera el último que nos daríamos. Sus brazos formaron un cálido abrazo en mi cintura, que no duro mucho, sus manos querían jugar también. Estas se colaron por debajo de la tela de mi remera, para acariciar mi espalda casi en un roce. En mi estómago revoloteaban aquellas avecitas que creí me habían dejado abandonada. Mis manos bajaron hasta su espalda, para así juguetear con el borde de su polera. El fue más rápido, ya que quitó primero la mía. Se separó al fin y me miró con un dejo de nostalgia. No hice más que sonreír comprensiva; luego me abrazó tan fuerte, que sentía estar más protegida que nunca antes. Tomé su rostro entre mis manos y ahora fui yo la que tomó la iniciativa, lo besé lento. Se distanció nuevamente y tomó mi mano izquierda y la entrelazó con la derecha suya. Nos encaminó a mi acolchado, y me acostó en él. Se ubicó sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cintura. Se sentó sobre ella; sentía que ahora hacia todo bien. Presionó fuerte su pelvis contra la mía, elevé un pequeño gemido, que a él lo hizo sonreír provocador mientras mordía su labio. Quitó con dificultad mi remera y me miró deseoso, como antes lo hacía. Una de sus manos se posicionó en uno de mis pechos, y lo comenzó a acariciar con los ojos cerrados. Me satisfacía tan sólo verlo disfrutar de mi anatomía, eso era lo que me daba placer de la situación. Decidida y violenta quité su mano de mi pecho. Me miró desconcertado, enseguida sonreí ganadora mientras entrecerraba los ojos. Con mis manos empujé su pecho hacia al lado, y rápido me puse sobre él, antes de que pudiera reaccionar y hacer algo en mi contra. Comencé con movimientos lentos sobre su cadera, luego más rápidos, él no dejaba de susurrar gemidos de encanto. Su excitación cada vez era más evidente, y no hay que mencionar por qué. Unos ruidos provenientes de la planta baja, nos hizo prestar atención, pero no por mucho. Nick comenzó a desabotonar mis pantalones pitillo y yo sólo observaba su estado de agitación con gusto. El barullo se oía más cercano pero Nicholas parecía no notarlo. Sentí el golpeteo de la puerta. Ahora es que Nick venía a prestar atención. Me levanté rápido de la cama.

—Amor, ¿estás ahí? —maldición, siempre me tenía que pasar algo parecido.
—Nos matará —susurré antes de besar los labios de Nick, el cual estaba parado a mi lado.
—Eso creo —musitó miedoso, este sería nuestro fin.
— ¿Valery? —dijo algo molesto.
— ¿Sí? —dije algo nerviosa.
— ¿Estás ahí? —preguntó ¿desconfiado? No sé, eso parecía.
—Sí… mi amor —dije tratando de parecer normal.
—Entonces abre la puerta —sonó un poco más calmado.
—Estoy… en ropa interior —me excusé.
— ¿Qué hacías? —sonó desconfiado.
—Me iba a cambiar de ropa —mis mentiras alguna vez debían de funcionar, ¿no?
—Pero, abre —dijo ahora más molesto.
—Que estoy en ropa interior… —dije cansada de repetir lo mismo.
—Val, estoy acostumbrado a verte así —dijo más y más enfurecido. Nicholas me miro decepcionado, o al menos eso demostraba. Agaché la mirada.
—Está bien mi amor —dije resignada—. Nick… tengo la solución —dije con la voz baja—. Ve por la ventana, puedes pasarte ¿no? —el asintió. Se puso su remera a la velocidad de la luz y desapareció por la ventana abierta. Yo perfumé mi cuello y caminé a la puerta ahora sin mis pantalones. Abrí el trozo de madera por su manilla y Joe no tardo en entrar y mirar toda la habitación.
— ¿Dónde está? —preguntó molesto.
— ¿Quién? —indagué arqueando mis cejas y cruzándome de brazos.
— ¿Quién? ¿Preguntas quién? —inquirió completamente colérico.
—No sé de quien hablas Joe —dije calmada.
— ¡DE NICK! ¿Dónde está? —abrí mis ojos como platos, necesitaba actuar, sería ahora o moría.
— ¿Qué insinúas Joseph Adam Jonas? —grité entrecerrando mis ojos.
—No insinúo nada, digo lo que es obvio —dijo abriendo el clóset, lo estaba buscando.
—Eres un idiota —se volteó rápido y me miró con el diablo en sus ojos. Se dirigió a mí y tomó mis hombros.
— ¿Dónde está ese imbécil? —dijo inhalando hondo.
—No lo sé —dije tímida.
— ¿Dónde está? —preguntó ahora algo más impaciente.
—No se Joe —abrió lo ojos de golpe.
— ¿¡DÓNDE ESTÁ!? —agitó bruscamente mis hombros y luego me tiro a la cama.
—Acá estoy Joseph —dijo Nicholas apareciendo por el umbral de la puerta.
— ¿Dónde estabas Nick? —dijo acercándose al hermano.
—No te interesa —dijo entrando en la habitación, y rió al verme en ropa interior, sabía que era actuación, por eso debía seguir la corriente.
—Estabas aquí, ¿cierto? —dijo apretando la mandíbula.
—Juras —dijo irónico su hermano menor—. Es un poco obvio que no, acabo de entrar por la puerta —rió.
—Eres un idiota Joseph —no sé como logré que las lágrimas se hicieran presentes en mi rostro. Mi novio se volteó a mirarme, luego me miró atónito.
—Que he hecho… —dijo jalándose levemente el cabello.
—Casi la golpeas, eso hiciste —agregó el hermano. Yo sequé mis lágrimas y comencé a buscar alguna prenda de vestir en mi placard.
—Cállate Nick —dijo triste—. ¿Dónde estabas?
—En el patio —Woo, era un excelente actor.
—Lo siento tanto mi amor —se acercó a mi y comenzó a besar mis labios.
—No importa… no importa —traté de quitármelo de encima, haciéndome la víctima.
—Enserio, no era mi intención —dijo con los ojos llorosos.
—Joe, lo hecho, hecho está —dije bajando la vista.
— ¿Me perdonas? —tomó con una mano mi mentón, obligándome a mirarlo a los ojos.
—Yo…
—Te lo imploro —dijo derramando un par de lágrimas. Sequé aquellas gotitas de agua, y sonreí.
—Está bien —su rostro se veía iluminado—. Te perdono —besé sus labios, Nicholas observaba triste. Sonrió con resignación y abandonó la habitación.
—Nunca más se repetirá —secó una lágrima que ahora sí salía desde lo más profundo de mi corazón, al ver la imagen de Nicholas mirarme con decepción.
—Eso espero —besé su mejilla y volteé para sacar algo de entre mis prendas de vestir. Las manos de Joseph comenzaron a juguetear en mi cuerpo. Me apegó a su torso, mientras besaba mi cuello con ansias. Sus manos se ubicaron en mi vientre, para comenzar a bajar. Una de ellas intentó colarse en la tela de mis hot pants, pero se lo prohibí con una de mis manos.
—Ahora no, Joe —volteé y el me miró rogando—. Que ahora no —dije cruzándome de brazos.
—Bueno —agachó la cabeza.
—Juntos decidiremos cuando sea el momento indicado —sí, juntos. Aún no había perdido mi virginidad, y era porque esperaba hacerlo en mi noche de bodas. No tenía ni una clase de anillo ni nada por el estilo, mejor dicho, yo no, Joseph si, pero al parecer; a él no te importaba de mucho. Me entristecía de sobremanera aquello. Siempre decidíamos llegar a sólo caricias, aunque el querer más a veces le ganaba a Joe. Por suerte, por más que quisiera concretar, lo detenía, ya que tenía más fuerza de voluntad que hormonas locas y que él.
— ¿No confías en mi? —dije ofendida.
—No, no, no ¡No dije eso! —exclamó arrepentido—. No confío en ese enano —reí—, en ti, sí.
—Ah… —besé sus labios de improvisto y el sonrió con un aire de triunfo.
—Bueno, apresúrate —sonrió.
—No iré —dije firme.
—Irás, claro que irás —dijo jalando mi muñeca.
—No iré; y menos en ropa interior —el rió con ganas.
—Vístete y vamos —dijo caminando a la puerta de mi cuarto.
—Dije n-o i-r-é —deletreé.
— ¿Por qué? —hizo un puchero que me causó gracia.
—Porque no quiero —sonreí volteándome para seguir en mi búsqueda.
—Bueno… pero prométeme que aceptarás a la invitación que te tengo esta noche —reí.
—Joe, dijimos que ambos decidiríamos cuando…
—No trata de eso —me interrumpió.
—Entonces… ¿de qué? —pregunté con una intriga obvia.
—Es una sorpresa, linda —no, no es una sorpresa, ¡lo sé todo Joe!
—OH, amo las sorpresas —traté de disimular, porque no le diría que escuché la conversación que tuvo con su hermano menor, Nick.
—Genial, entonces esta te encantará —corrí a él y lo abracé—. Sé que me quieres, pero, me asfixias —reí como una pequeña jugando con un cachorro travieso.
—Te adoro —lo miré, tratando de alcanzar su rostro, a decir verdad no era de su tamaño; llegaba a su mentón.
—Yo te amo —me hizo todo más fácil inclinándose un poquito. Besó mis labios con delicadeza—. Nos vemos en un rato, no creemos tardar —salió con una gran sonrisa de la habitación.
—Vaya, salió todo como planeábamos —dijo orgulloso, apoyándose en el marco de la puerta.
—Sí, a la perfección —sonreí con vanidad.
—Y… —se acercó a mí. Con uno de sus brazos rodeó mi cintura y me apegó a su cuerpo, nuevamente cubierto por la remera—. Estamos solos —sonrió perverso.
— ¡Amor! —Gritaron de la planta baja—. Olvidé decirte algo —separé a Nicholas de mí lo más veloz que pude—. Enseguida te digo —la voz de mi novio era cada vez más cercana a mí y no sabía que hacer. Para mi bienestar, una excelente idea se hizo presente en mi mente.
—Nick, has como que recién vienes entrado en la habitación —exclamé en voz baja
—Sí, sí —salió de mi cuarto y yo me vestí lo más rápido que mi cuerpo me permitió, con las prendas escogidas. Una mini falda negra junto con una remera fucsia; obviamente con mis converse negras.
—Hola Val —dijo Nicholas lo más natural que pudo; al segundo entró mi novio.
— ¿Para que vienes a molestarla? —dijo Joe a lo que yo terminaba de abrochar una de mis zapatillas.
—No la vengo a molestar —defendió su posición.
—Mi amor, tranquilo —acaricié su rostro, eso siempre funcionaba para calmar su mal humor—. Ahora explícame que olvidaste decirme —sonrió tierno, lo secundé. Nick rodó los ojos y volvió a desaparecer en los pasillos.
—Este… —noté como ruborizaba un poco.
—Adelante, nada puede ser tan malo —reí bajito, el también.
—No es malo —me miró directo a los ojos.
—Entonces suéltalo de una vez —ambos carcajeamos nuevamente.
—Cuando vuelva, debes estar lista —besó mi mejilla y comenzó a caminar a la puerta, luego paró en seco—. Ah —volteó—, necesito que te vistas con ropa elegante —fruncí el ceño, el sabía que odiaba verme ostentosa. Luego suspiré resignada y el sonrió—. Adiós —me guiñó un ojo antes de desaparecer por la puerta.
—Adiós… —susurré para mí misma, sintiendo que caía en un abismo por todos los pecados que había comenzado a cometer. Mi mente vagaba en algún lugar de mi vacía vida; llena de emociones, llena de sentimientos, pero escasa de sinceridad. Me sentí tan estúpida, tan débil al no poder luchar contra mi misma… cerré la puerta con pestillo, me había bajado el ánimo sola, y sola quería estar. No tendría lo más mínimo en contra de Nicholas, sólo en contra mío, por no poder negarme ni siquiera a una mirada de él. La voz del mencionado comenzó a hablarme constantemente, pero no oía más que murmullos de su tierna voz; era porque cada vez comenzaba a tener menos sentido de la orientación, y menos sentido de la audición. Me comenzaba a dar todo el mundo vueltas, y comenzaba a sentir una presión constante en mi cabeza, estaba mal, me sentía peor que el ser más indeseado del mundo. Sentí que todo comenzaba a disolverse en el suelo, hasta noté que me encontraba en el suelo, y el dolor que sentía era el de un golpe. Llevé mi mano a mi cráneo, toqué el lugar adolorido, y miré mis dedos. Se encontraban cubiertos de color rojo, estaba derramando sangre. Pero no fue lo único, las lágrimas ya estaban presentes hace mucho, y no servía de nada preguntar porqué era tan bipolar. No servía de nada informarse de porqué era tan extraña, es que simplemente mis cambios de estado eran inmanejables; lo más mínimo me descolocaba. Cerré los ojos con toda la fuerza posible; sólo oí “Val, estás bien” la voz de un muchacho totalmente desconocido para mí. Resultaba que su voz era una desesperada; comencé a reír ante su estado. Mis carcajadas no cesaban, hasta que mis propias lágrimas comenzaron a ahogarme. Unas toses prolongadas siguieron mi martirio, hasta que me puse de pie. Miré el suelo, estaba repleto de sangre ¿tan fuerte había sido el golpe? Ya no había más dolor, pero me sentí exasperada al ver aquella posa color roja, que cualquiera puede haber confundido con agua si es que no tenía ese tinte carmín intenso. La voz de ese chico seguía gritando y golpeteando la puerta como si fuese el fin del mundo, y eso provocaba que mi ser se estremeciera por completo; me comenzaba a asustar. No hallé la salida y comencé a gritar, no pensé ni encontré otra solución. Comencé a golpear el trozo de madera que pertenecía a la puerta y la respiración del chiquillo era más sonora y agitada. Abrí la puerta como por un fuerte impulso y miré extrañada al muchacho que me miraba con preocupación.

— ¿¡Qué paso!? —preguntó mirando la sangre depositada en abundancia en el centro de la habitación.
— ¿Quién eres? —indagué sonriendo divertida.
— ¡Ha! No es momento para bromas Valery —jaló mi brazo dejándome lejos de la habitación.
— ¡Ey! Suéltame —grité zafándome fuerte de su brazo, pero provocó una sensación de revuelvo en mi cabeza. Me toqué el lugar afectado y el suspiró asustado.
—Iremos al hospital —entrelazó sus dedos con los míos; me sentí ofendida. Quité mi mano de la suya y el me miró enojado.
—No iré a ni un lado —bajé mis cejas y lo miré enojada—. Ni menos con un extraño, ¿entendido? —me miró serio para luego largarse a reír.
—Linda, ya estás yendo muy lejos con todo esto —tomó mi rostro entre sus manos, para luego acercarse y depositar un beso en mis labios.
— ¡¡Idiota!! —le pegué una gran bofetada que, quedó marcada en su mejilla pálida—. ¡Tengo novio! —me miró irritado y sonrió cínico.
—Bien, si quieres jugar al “no te conozco”; jugaremos —volvió a sonreír irónico y caminó fuera. No sé por qué lo seguí.
—Enserio, no se de que hablas —dije tratando de seguir su paso. Mi cabeza tenía pulso propio en la zona con dolor.
—Taxi —gritó haciendo dedo a un automóvil amarillo que estaba a punto de pasar a nuestro lado. Frenó de improvisto y subimos al transporte.
— ¡Dios! —exclamó el chofer al ver mi testa. Emprendió su marcha rápido a no sé qué lugar.
— ¿A dónde vamos? —pregunté al chico que me observaba irritado y algo preocupado.
—A Paris —dijo burlesco— ¡Por supuesto que al hospital! ¿Adonde más? —el conductor miraba con los ojos saltones por el espejo retrovisor; cosa que me causaba gracia. Tanta atención puesta en mí era grandiosa.
—Bueno, vamos, pero por favor; necesito estar de vuelta a la casa Jonas en poco tiempo —el sonrió—. Mi novio tiene algo importante que decirme —suspiré contenta. Joseph era el chico que más me llenaba, y en el que me refugié cuando su hermano mayor Kevin se casó con Jane. Su familia… su familia tan bella; no exageradamente grande, pero sí, normal; junto con mi madre y yo, conformaríamos siete integrantes: Paul Kevin padre, Denisse, Paul Kevin junior, Joseph, Frankie, mi madre y yo. Llegamos increíblemente veloz a la enfermería, ni cuenta me di cuando estábamos ya en la sala de espera; anhelando que la enfermera me nombrase.
—Valery Straw —mencionó una señora regordeta saliendo de un pasillo.
—Aquí —dijo mi acompañante que, aún no conocía. Ambos caminamos al lugar en donde estaba la ayudante; nos condujo a una sala blanca, con un médico en ella.
—Dios santo… —dijo el caballero, sin siquiera saludarme—. Steph, llévala a urgencias, enseguida voy para allá, esto necesitará puntos, muchos puntos —esto me comenzaba a asustar ¿Desde cuando que no tenía fobia a las agujas? Pues el que sepa, marque 100-167-879. La mujer nos hizo un ademán y la seguimos hasta otra sala, llena de gente en camillas y gente en muletas; aparentemente con fracturas o dislocaciones. El doctor que anteriormente visualizamos, apareció por el umbral de la puerta principal del salón. Sonrió simpático y nos forjó un gesto para poder seguirlo; así fue. Caminamos hasta una salita, sin puerta, en donde había muchos medicamentos, agujas y MÁS AGUJAS. Quise morir en ese mismo instante. El médico me hizo sentarme en una silla, obligándome a bajar la cabeza, para el poder ver la rotura en una mejor perspectiva. De a poco sentí un dolor mínimo, traté de elevar la cabeza, pero no me lo permitieron, al parecer ya iban en los puntos. Cerré los ojos e intenté no pensar ni siquiera un momento en que tenía una gran aguja en mi cráneo. Mi celular, que traía en el bolsillo comenzó a vibrar, con cuidado lo saqué de mi pantalón y contesté; sabiendo que no era correcto en medio de una cirugía.
— ¿¡DONDE ESTÁN!? —gritó mi novio desde el otro lado de la línea, al parecer había pasado mucho desde que el desconocido me había sacado del lugar.
— ¿Están? —inquirí aún sabiendo que hablaba del muchacho.
—Sí; tú y Nicholas —sonó frío. Con que se llamaba Nicholas.
—Bueno, si te refieres a “Nicholas y a mí” respondo que estamos en el hospital, me están…
— ¿¡¿¡QUÉ!?!? ¿¡Por qué!? —ahora se escuchaba desesperado.
—Me están poniendo puntos… ve a mi habitación —dije serena, no quería que me gritara más en el oído.
—Es que no estoy en casa… —no lo comprendía.
—Entonces, ¿cómo sabes que no estamos? —reí bajo.
—Por que llamé a la casa reiteradas veces, no contestaba nadie y pensé que… tú y él… —se quedaba sin palabras y yo no lograba entender ni una palabra de lo que trataba de explicarme.
—Deberías venir de inmediato porque tengo un gran corte en mi cabeza, y encima, un completo desconocido que tu dices que se llama “Nicholas” me trajo a rastras al hospital —dije enfurecida—. Encima, el muy descarado intento… —pretendí contarle el beso, pero conociéndolo, lo mataría.
— ¿Intentó qué? —conociéndolo, ya suponía lo que había pasado; pero mentiría.
— ¡¡Tomar mi mano!! —mentí. Había tomado mi mano, pero era peor contarle que el muchacho me había besado.
—Ese enano…
—Sí, ese “enano” no sé quien rayos es y me dejas sola en tu casa y CON ÉL —dije enojada.
—Señorita, tranquilícese por favor —exigió el médico.
—Sí, como sea —dije a regañadientes.
—Voy… voy para allá, con tu madre, necesito saber unas cuantas cosas —algo tramaba, y el sabía que no lo podía ocultar ante mí. Corté la llamada y esperé a que terminaran con la costosa “operación”; costosa para mi, ya que mi cuello comenzaba a cansarse por tenerlo gacho.
—Listo —dijo el médico cortando el hilo que sobraba. Levanté la vista y sentí un dolor recorrer todo mi cuello; era el volver a la posición normal. Sonreí agradecida, y luego miré a “Nicholas”, quien me veía con un brillo especial en sus ojos.
—Vamos —dije. Al parecer lo saqué de su tipo de transe, ya que ahora si prestaba más atención al mundo.
—Sí, sí —dijo moviendo su cabeza de un lado a otro. Caminamos a la salida del lugar, y al instante llego mi novio.
— ¡Mi vida! —Me abrazó fuerte para luego separarse y besar mi frente—. ¿Cómo estás? ¿Qué te hizo este idiota? —preguntó mirando al chiquillo con desprecio. Reí.
—Estoy bien y no, no me hizo nada ese idiota —exageré las últimas palabras, sonrió y besó mis labios.
—Bueno, vamos a casa, sabía que debías venir con nosotros —recordé su regreso a casa y un gran dolor de cabeza se apoderó de mí. Traté de recordar más, pero ese dolor inmenso me lo impidió. Sólo pude recordar en el momento en que Joe volvió por mí y luego todo en blanco.
—Espera Joe —articulé aún con ese dolor inmenso. Creo que en mi rostro se veía. Mi madre, que recién llegaba hasta nosotros tomó mis hombros, evitando que me desmayara nuevamente.
— ¡¡Hija, hija!! ¿Estás bien linda? —preguntó angustiada.
—Sí, má —dije intentando que sus manos me soltaran, más no fue a así.
—Dios, no te puedo dejar sola —dijo aún con ese tono de voz desesperado.
—Necesito… necesito hablar con Joseph —cuando dije esto, me dejó libre de sus manos. Miré a Nicholas, quien sostenía una mirada tensa sobre mí—. A solas —dije a mi madre y al chico.
—Nick, vete en mi auto, lleva a la señora Straw —ordenó mi amado. Ambos asintieron con la cabeza y se fueron conversando hasta el automóvil de mi novio. Cuando desaparecieron, nos sentamos en uno de los escalones, mientras que el brazo cálido de Joe rodeaba mi cintura. Apoyé mi cabeza en su pecho, cerrando los ojos para aspirar con más motivación su exquisito aroma—. ¿De qué querías hablar mi amor? —preguntó con voz calma. Suspiré y me separé tan solo un poco de su anatomía, para observarlo mejor.
—Quiero saber… porqué me dejaste sola con un completo extraño —su rostro se deformó.
—Nick no es un extraño —rió por lo bajo—. Es mi hermano Valery —claro, y pretendía que le creyera.
—Ha-ha —reí sarcástica. El arqueó una de sus cejas, luego sonrió triunfante.
—Dices… dices que te pegaste en la cabeza… y no conoces a Nick —susurró bajo en tono de pregunta, aunque no alcanzaba a ser una.
—Aham —asentí. El se levantó de golpe y lo imité.
—Ven, tenemos algo que hacer —entrelazó sus dedos con los míos y besó mis manos. Luego tomó solo una y me llevó hasta el interior del sanatorio. Caminamos por los pasillos y preguntó en la recepción cual era el médico que me había atendido. Caminamos a la dirección indicada por la recepcionista y buscamos con la vista al médico. Cuando lo reconocí caminamos a él y Joe le dijo algo en un murmullo, que no alcancé a escuchar—. Espéranos acá —ellos entraron en una sala que se ubicaba junto a mí e intentaron cerrar la puerta, pues no se cerró.
—Dime muchacho, de qué quieres hablar —escuché decir al médico.
—Mi novia olvidó por completo a mi hermano… ¿el golpe fue el causante? —preguntó.
—Puede ser que sí… existen muchos tipos de amnesia, señor —respondió la pregunta.
—Pero necesito saber qué tipo es esta, necesito tener la certeza de qué es —dijo algo más interesado.
—Explíqueme —sentí como se sentaba en una silla que emitía ruido—. ¿Qué es lo que olvidó? —realmente no entendía mucho de lo que hablaban.
—Solamente a mi hermano —dijo seguro. ¿Olvidé a Kevin? no, lo recuerdo.
—Ya veo… —hizo una breve pausa—. Al parecer, Valery sufre un caso bastante extraño de amnesia; ya que no es una en particular.
— ¿Puede usted explicarme en mí idioma? —sonaba muy molesto.
—Señor, paciencia —Joe suspiró sonoramente—. Valery sufre Amnesia traumática; y una amnesia lacunar…
— ¿¡Qué rayos es eso!?
—Tranquilícese por favor —vaya que paciencia tenía el médico.
—Sí, como sea, explíqueme —dijo molesto aún.
—De la amnesia traumática posee un menor grado; ya que fue causada por una caída lo que provocó un fuerte golpe en su cabeza —Joe bufó—. Lacunar, porque ella perdió toda la información de algo específico; en este caso, su hermano. Ella lo recuerda todo, excepto al muchacho del que usted me habla —dijo convencido el clínico.
—Gracias doctor —sentí que mi novio se dirigía hacia acá, por lo que me alejé un poco más de la puerta. Llegó junto a mí y besó con ganas mis labios. Tenía una sonrisa dibujada en el rostro. Yo aún no entendía cómo es que podía haber olvidado a un hermano de mi novio. ¡¡Nicholas era su hermano!! Y yo no sabía absolutamente nada de él.
—Mi amor, ya sé que pasó —dijo contento.
— ¿Qué? —dije de todos modos, necesitaba informarme más de su hermano que, sería un nuevo conocido para mí.
—Olvidaste por completo a Nicholas —sonaba feliz, ¿por qué?
—Y que tiene eso de bueno —dije arqueando una de mis cejas.
—Nada, pero estoy feliz porque al fin sé lo que tienes —si, convincente.
—Ah… necesito que me cuentes más de él, de nuestra relación de cuñados —dije sonriendo.
—OK, pero luego, ¿sí? —asentí con la cabeza. Entrelazó nuestras manos y me llevó fuera del sitio hospitalario.
Caminamos por las frías calles, ya que era de noche y el viento frío no cesaba. Aún así no sentía frío alguno. El viendo jugaba con mi cabello lacio formando ondas que nunca veía presentes en él. Miraba de reojo de vez en cuando a mi novio, sintiendo que cada vez me enamoraba más de su angelical rostro. Noto mi concentración en sus facciones y sonrió algo sonrojado, lo que provocó un tierno rubor también en mis mejillas. Frenó de golpe y tomó mi rostro entre sus manos. Me besó lentamente, haciendo que cada estrella del lugar alumbrara nuestra romántica escena. Se separó lento de mí y emprendimos camino a no sé dónde nuevamente. De a poco mis piernas se cansaban más y nos acercábamos más a nuestro lago preferido, ese que hace mucho no veíamos. Y como comenzaba a suponer, nos situamos en ese hermoso sendero que nos encantaba para observar la luna y sus acompañantes, las estrellas. Corrí hasta la orilla a afirmarme del barandal de metal blanco y sus brazos no tardaron en abrazar mi cintura. Su mentón se ubicó en mi hombro, giré un poco mi cabeza y besé sus dulces labios. Una sonrisa pequeña se curvó en sus labios hinchados y los secundé.
—Te amo tanto Valery Hope Straw —dijo con voz ronca, por tanto tiempo sin hablar.
—También yo a ti Joseph Adam Jonas —susurré en su oído.
—Mi amor —se ubicó a mi lado.
— ¿Mmm...? —dije mirando ese brillo especial en sus ojos.
—Tengo algo que preguntarte —dijo aún con esa sonrisa tierna.
—Claro, puedes preguntar lo que sea mi amor —dije para luego besar sus labios llenos de elixir de frutilla.
—Entonces… dame otro de esos y te pregunto —dijo mirando mis labios.
— ¡Ey! —Dije cruzándome de brazos—. Eres tu el que quiere preguntar, no yo —hizo un puchero que obviamente no dejaría pasar—. Está bien —tomé su rostro y deposité un pequeño beso en sus labios. Luego me alejé y lo miré sonriente, me imitó—. Es tu turno —me robó un beso y yo reí—. Me refería a que preguntaras —rió.
—Está bien… preguntaré
—Sí, hazlo —lo interrumpí.
—Si no me interrumpes puedo decirlo más rápido —explico.
—No esquives el tema —dije graciosa.
—No lo hago, es sólo que tu…
—No, yo nada —dije balanceándome de un lado a otro, realmente parecía una niña pequeña.
— ¿Quieres que pregunte? —logró que no lo interrumpiera por su rapidez.
—Me rindo —dije agachando la cabeza—. Pregunta —levanté el rostro sonriendo de oreja a oreja.
—Acá voy —suspiró y tomó mi rostro con una de sus manos, para obligarme a mirarlo a los ojos—. Valery Straw —sacó algo de su pantalón, no pude observar bien ya que mi vista iba a sus ojos—. Tú… —soltó mi rostro y al fin pude ver de que trataba—. ¿Te quieres casar conmigo? —abrió una cajita color negra. Dentro de ella se encontraba un hermoso anillo fabricado en oro; a simple vista se podían observar los hermosos diamantes que se incrustaban en la joya. Mis ojos se abrieron como platos y salté a los brazos de mi novio. Besé sus labios, aún emocionada, mientras que unas lágrimas de felicidad escapaban de mis ojos. Me separé de él y sonreí, sabía perfectamente lo que debía decir.
—Acepto —dije para luego volver a besarlo cariñosamente.
—Te amo tanto —dijo sin dejar de mirarme a los ojos—. Eres mi felicidad, Valery —besó mis labios—. Nunca te dejaré —dijo aún sin dejar de mirarme.
—Ni yo a ti —sacó el anillo de la cajita y lo posicionó en mi dedo anular. Guardó la joyerito en su bolsillo y tomó mi mano para guiarme al verde pasto. Nos sentamos en él y nos miramos a los ojos. Los suyos reflejaban mi felicidad y la de él mismo. Cada vez me enamoraba más perdidamente de Joe, pero a la vez sentía que algo me faltaba, algo había perdido, algo—. Mi amor, quiero que me cuentes más sobre tu hermano —dije recordando que aún no me informaba.
—Ah, bueno si quieres saber… —sonrió—. Te diré que ustedes se llevaban como el perro y el gato —rió por lo bajo—. En serio, te juro, se odiaban —OH, ¿Qué le habré hecho o él a mí para odiarnos?
—Y… ¿Por qué nos odiamos? —pregunté curiosa.
—Bueno… este… Ehmm… —hizo una pausa—. Es que el recuerda que una vez le arruinaste una cita cuando derramaste bebida en su traje preferido —uf… que mala fui—. Encima, lo hiciste sin querer —menos mal—, pero Nick es vengativo —rió.
—Am… —sonreí—. ¿Y qué más? —inquirí aún sonriente.
—El quiere arruinar nuestro matrimonio por venganza —volvió a reír con más ganas, lo secundé.
—Descuida amor, eso no pasará —acaricié su rostro algo rojo por el exceso de carcajadas—. Ahora que sé lo malo que es, trataré de ser lo más distante a él —su rostro era uno triunfante—. Nada, ni nadie arruinará nuestro matrimonio —besé sus labios.
—Espero que así sea —dijo en un susurro—. De verdad te amo Val —dijo para luego seguir besándome.
El beso cada vez era más apasionado y me descolocaba de sobremanera pensar en que separara sus labios de los míos. Llevé mis manos a su nuca y de a poco lo sentí posicionarse sobre mí aún atacando mis labios. Se separó de mí y pude inhalar una gran cantidad de aire, que, me hacía falta. Hincó sus dientes en mi cuello, mientras que mis manos masajeaban su gran espalda. Una de sus manos se coló por la tela de mi remera y suavemente comenzó a acariciar uno de mis pechos por sobre el bracier. Su rostro de excitación provocaba que ésta también se apoderara de mí. Mis manos se encargaron de quitar su remera que realmente me incomodaba en esos momentos. Su torso bien trabajado no calmaba para nada mis ganas de más. Lo empujé hacia atrás y gateé para poder ubicarme yo sobre él. Posicioné mis dos piernas a los lados de su cadera, para así evitar que se escapara de mí, aunque no sabía muy bien que no lo haría. Su rostro de desesperación era único, por lo que me encargaría de hacerlo sufrir. Me senté sobre su pelvis y comencé a moverme lentamente, afirmando mis manos en su pecho descubierto que comenzaba a helar por el viento. Mis movimientos no cesaban, más sus brazos afirmaron fuerte mi cadera para apegarla a la suya.
—Ya basta —dijo con voz sufrida—. No me tortures más —una pequeña sonrisa se formó en mis labios al ver el estado de desenfreno de mi novio.
Había conseguido lo que quería, pero ahora iría por más. Antes de que pudiera darme cuenta había quitado mi remera del camino. La piel se me erizó al sentir el contacto de su lengua y la del viento a la misma vez por mi epidermis. Curvé mi espalda hacia atrás y cerré los ojos mordiendo mi labio inferior. Mis manos comenzaron a bajar de arriba hacia abajo rozando de vez en cuando su entrepierna, lo que en él provocaba algo obvio. Cada movimiento que mi cuerpo provocaba sobre él lo hacía sudar un poco más al igual que a mí. Sus manos se apoderaron de mis glúteos, acariciándolos con delicadeza y pasión. De momento me tiró para atrás y se arrodillo. Desabrochó su pantalón con rapidez. Quitó sus zapatillas y al fin quitó por completo la prenda. Ahora sólo lo cubría su bóxer negro; mientras que a mí, el pantalón y mi ropa interior. Quitó mis zapatillas y luego mis pantalones a la velocidad de la luz. Ambos estábamos iguales, sólo con nuestras últimas prendas. Se posicionó sobre mi y comenzó moverse lento, aún nos cubrían las últimas telas, mas a mí el bracier. Su rostro estaba rojo por la situación y nuestros pechos se acoplaban por nuestra respiración veloz. Sentí unas risitas burlonas. Levanté la vista y se encontraban una muchacha de apariencia vulgar con un muchacho rebelde a la vista. Ambos eran un poco menores que nosotros.
—Vaya, nos quitaron el lugar —decía el muchacho observándonos.
—Ey, no molestes —dijo Joseph levantándose. Se vistió rápido mientras que yo me encontraba de pie casi en estado de shock por la vergüenza.
—Woo —dijo el chiquillo—. Buen partido hombre —dijo observando mi estado casi desnudo.
—No la mires imbécil —dijo Joseph tomándolo de la remera, lo que provocó que se levantara un poco del suelo.
—Tranquilo Joe —dije más tranquila que él—. Nunca conseguirá a una mujer linda si sigue siendo así de cretino —por fin salía de mi estado de Shock y me vestía lo más rápido que mis músculos corporales me lo permitían. Al terminar miré a la muchacha quien vestía una minifalda de cuero roja y una remera con escote negra. Unos tacos del mismo color y exceso de maquillaje en el rostro—. Y tu muchacha… no conseguirás nada más que sexo con esa apariencia —el rostro de la chiquilla se deformó, parecía estar molesta, pero también demostraba que lo que decía era cierto.
—No le hagas caso —la abrazó el chico que la acompañaba—. Ven, yo te consolaré linda —coló una de sus manos por debajo de la tela de la chica.
—Te lo dije —sonreí y tomé de la mano a mi novio quien observaba entretenido nuestra charla.
— ¡No me toques! —gritó la muchacha mientras la veíamos correr hacia no sé dónde. Me sentí orgullosa, había sacado del abismo a una chica que creía que con su apariencia provocativa encontraría el amor.
—Eres tan buena —dijo mi futuro esposo besando mis labios con dulzura.
—Vamos, ya hemos pasado por mucho en un día —sonreí.
—Claro —caminamos al paradero de taxis y pedimos uno que nos guiara hasta la casa Jonas, donde probablemente nos esperarían con preocupación. Al llegar notamos que todo se encontraba apagado, observé la habitación de mi madre, la cual dormía plácidamente. Me despedí con un beso de mi novio y entré en mi habitación. Cuando encendí la luz no se encontraba la gran posa de sangre y Nicholas, estaba sentado en mi cama, observándome con detención.
—Al fin llegan —dijo serio.
—Te puedes retirar, ya llegamos —dijo casi ignorando sus palabras.
—Tenemos que hablar, lo sabes muy bien —reí por su comentario.
—No sé de que hablas, eres un completo desconocido para mí, “Nicholas” —dije remarcando las comillas con mis dedos.
—En serio, no tienes que seguir con tu juego —dijo casi riendo.
—No, no estoy jugando —sonreí cínica—. Ya sé que sufro amnesia por algo en particular, y me alegro de haberte olvidado a ti —sonreí—. En serio, no arruinarás mi matrimonio —dije sin dejar de mirarlo a los ojos desafiante—. Joseph ya me explicó que te haz tratado de vengar de mi durante mucho, sólo porque pasé a derramar bebida en tu traje favorito —risoteé—. Y me da lo mismo haber arruinado esa cita tan importante que tenias —dije aún mirándolo.
— ¿Matrimonio? ¿Bebida? ¿Traje favorito? ¿Cita? —dijo sin entender—. ¡¡JOSEPH!! —salió desesperado de mi habitación dando un fuerte portazo. Busqué uno de mis pijamas y lo ubiqué en mi cuerpo. Mañana me daría una buena ducha, ahora me encontraba demasiado cansada como para pensar en bañarme. Lavé mis dientes y luego caminé a mi cama para poder abrigarme con las sabanas aún frías, que de a poco se acomodaban a la temperatura de mi cuerpo. Me fundí en un sueño profundo.

***

Desperté sofocada por el calor que el sol desprendía en mi habitación. Caminé al baño y eché a correr el agua fría, realmente tenía mucho calor. Luego de ese refrescante baño cubrí mi cuerpo mojado con una toalla y salí del baño. Tomé lo primero que encontré en mi clóset. Una remera verde de tiritas, con una mini falda de mezclilla. Peiné mi cabello lacio tomando mi flequillo con una pinza verde también, para dejar mi frente despejada. Maquillé mi rostro con un poco de sombra verde y rimel negro para remarcar un poco más mis pestañas largas. Salí de la habitación con una gran sonrisa que se desvaneció al escuchar las voces de Nick y Joe hablando fuerte.

— ¡Imbécil! Sabías que me quería a mí —dijo Nicholas exagerando las palabras.
—Pues lo siento, nos casaremos lo antes posible —dijo para luego escuchar unos pasos acercarse a la puerta. Corrí a las escaleras para bajar rápido y entrar en la cocina. Cuando entré en ella se encontraba mi madre tomando un sorbo a su café caliente.
—Hola má —la saludé con un beso en la mejilla.
—Hola hija —dijo con voz tierna.
— ¿Cómo amaneciste? —pregunté vertiendo leche chocolatada a un vaso transparente.
—Bien ¿y tú? —dijo simpática.
—Bien —sonreí—. Cuéntame más de ese Nick —dije para después dar un gran sobo a mi leche.
—Bueno…
—No será necesario —escuché decir a mis espaldas—. Tenemos que hablar Val —volteé y ahí estaba él mirándome con posición agresiva y ojos llenos de rabia.
— ¿De qué tendría que hablar contigo? —pregunté mirando sus ojos marrones.
—Mm... y… ¿Por qué preguntabas cosas sobre mí? —abrí la boca, pero luego la cerré al notar que, no tenía palabras para justificarme—. Creo que en vez de conseguir información de mí con otras personas, deberías preguntarme a mí —dijo entre risitas burlonas. Fruncí el ceño, pero el seguía con esa estúpida hermosa sonrisa. Dios, dije ¿hermosa? No, confusión. Fastidiosa, esa es la palabra.
—No quiero hacer más problemas —dije tomando otro sorbo de mi leche.
— ¿A qué problemas te refieres? —preguntó arqueando levemente una de sus finas y preciosas cejas.
—Nada, nada —dije algo confundida.
—OK… —dijo sin confianza alguna en mis palabras.
—Vamos a hablar luego, no quiero perder mucho tiempo contigo —mi madre rió. La fulminé con la mirada y siguió tomando su café.
—Adiós —se despidió Nick con un saludo de mi madre.
—Nos vemos má —besé la mejilla de mi progenitora antes de seguir los pasos de Nicholas.
Caminamos hasta un auto negro que esperaba estacionado fuera de la vivienda. Subí al asiento de copiloto mientras que él en el del conductor. Puso en marcha el vehículo, realmente no me interesaba saber donde nos dirigiríamos. Total en el lugar que estuviéramos, no estaría dispuesta a tratarlo bien. Insertó un CD en la radio del automóvil. Para mi suerte era de MetroStation, uno de mis grupos favoritos. Escuchamos casi todas las canciones del disco, coreándolas completas. Realmente no sabía cómo podía llevarme mal con Nick, si teníamos tantas cosas en común. Debía buscar información, a lo mejor no todo era como Joseph decía, pero ¿cómo me mentiría el amor de mi vida? De pronto la voz de mi acompañante me sacó de mis absurdos pensamientos.

— ¿Valery? ¿Estás ahí? —preguntó mientras sacudía mi hombro con una de sus manos.
—Sí —dije quitando su mano de mi hombro. El me miró molesto.
—Ya llegamos —reí, su ceño se frunció.
— ¿De qué te ríes? —inquirió al notar que mis carcajadas no estaban dispuestas a cesar.
—Me río de las cosas que haces —me miro desentendido—. Me río de que me hayas traído hasta acá para “hablar” —rascó su nuca.
— ¿Tiene algo de malo eso acaso? —preguntó mirando el césped muy bien cuidado, demasiado. Levantó la vista, tratando de buscar una explicación en mi rostro, o al menos eso esperaba yo. Sus ojos brillaban casi tanto como el reflejo del sol en la cristalina agua transparente. En el momento en que nuestros ojos se cruzaron, mi corazón comenzó a latir rápido, tanto que sentía que en cualquier momento podía escapar de su lugar habitual. Sentí mis mejillas ruborizarse, por lo que no tardé en bajar la vista tratando de esconder mi estado. ¿Por qué me pasaba eso? No podría ser que sintiera algo por el muchacho que más había odiado por tanto tiempo. Además obviamente esto no era correspondido, sin nombrar que me casaría con su hermano. Me sentí tan sucia en ese momento… estar sintiendo cosas por el HERMANO MENOR de mi novio. Me cuestioné un par de veces más si respondería con la verdad, ya que era muy poco convincente. Me decidí a decir lo cierto, y aunque no me creyera, no le estaría mintiendo.

—No tiene nada de malo, sólo que es muy chistoso —traté de seguir riendo, pero las ganas no bastaron. Su mirada aún fría me dejo sin habla y por lo tanto, sin risa.
—Vamos —para su mala suerte necesitaba tener información.
— ¿A dónde vamos ahora? —pregunté al notar que caminaba de vuelta al transporte.
—De vuelta a casa —me crucé de brazos, no podía hacer más. ¿Cómo se le ocurría llevarme a un lugar que estaba a más de 120 kilómetros de la ciudad, para luego decirme que volvemos a casa? Bueno, supongo que era por mi culpa—. No me mires así, no tienes derecho después de cuestionarme de esa manera — ¿quién lo había cuestionado? Sólo había reído de sus ideas raras.
—Nick, no te cuestioné —lo miré tajante. Seguramente le molestó porque no tardó en evadir mi vista.
—Bueno, de todos modos vamos —apretó un botón de su llavero y se escuchó cómo se abrían las puertas del automóvil.
— ¡Ey! —grité molesta mirándolo por el espejo polarizado del auto. Sí, él ya se encontraba adentro.
— ¿Ey qué? —se burló.
—No iré a ni una parte —me apoyé en mi costado correspondiente del auto. Lo escuché salir del Mustang, luego se encontraba frente a mí.
—Deja de hacer problemas —dijo cerrando los ojos.
—No —dije acercando mi rostro al suyo para demostrar que hablaba enserio.
—Valery…
—Ene-o, NO —dije acercándome más. El abrió los ojos.
—Valery, basta —susurró tan cerca, que sentí su exquisito aliento adueñarse de mis fosas nasales.
—N…no —tartamudeé, y no porque quisiera. Mi corazón ahora si se encontraba a mil latidos por segundo, de eso estaba seguro. Mi razonamiento no servía para defenderme y se notaba que a él le gustaba hacerme sufrir.
—Pedí que te detuvieras —cada vez se acercaba más—, pero ya es tarde —suficiente, terminó nuestra tortura. Sus labios capturaron los míos. Tanto los suyos como los míos temblaban y yo me quería morir por estar haciéndole semejante daño a mi novio. Una de sus manos se posicionó en mi cintura, mientras que las mías se ubicaron en su nuca. De a poco el aire me faltaba, producto de que su cuerpo presionara el mío contra el coche. Tanta fuerza ejercía sobre mí, provocó que termináramos en el inicio del medio de transporte. Tratando de escapar del encierro me senté en el capó del auto, mientras que con mis piernas rodeaba su cadera. De pronto me abrazó con fuerzas, para luego besar mi cuello y subir hasta llegar a mis labios, los cuales no besó—. Estoy tan feliz de que recuperaras la memoria —lo alejé de mi cuerpo y lo miré arqueando una ceja.
— ¿A qué te refieres? —pregunté acomodando mis prendas de vestir.
—A que ahora podremos ser felices como antes — ¿Ah? Explíquenme porque yo no entiendo.
— ¿Cómo antes? No entiendo Nicholas —me bajé del capó, y arreglé mejor mi falda de mezclilla. Me apoyé donde anteriormente me encontraba y miré a mi futuro cuñado.
—Val, me refiero a cuando… no estabas con Joe y… tu y yo…
—Nicholas, deja de inventar mentiras, sé que haces esto por venganza —lo miré con repudio y comencé a caminar en una dirección que no conocía.
— ¿A dónde vas Valery? —preguntó desesperado mientras corría para alcanzarme.
—A un lugar en donde nadie me moleste —mis pies tomaron impulso y corrieron a un sitio que pronto conocería.
—Valery yo te… —volteé rápidamente y lo miré asombrada—. Yo te quiero demasiado —dijo con aparente nervioso.
—Si, claro —dije irónica.
—Valery, si quieres podemos volver… o seguir acá, pero te pido por Dios que no te vayas —pensé. ¿Qué sería lo mejor?
—Mejor quedémonos la tarde completa —soy una verdadera estúpida. Pero… puede ser bueno despejar la mente para alejar mis preocupaciones. Claro que con Nicholas cerca… todo puede pasar. O nada.
—Si es lo que quieres…
—Sí —respondí rápido—. Donde estaremos, en el auto, en el pasto, en la tierra, en el agua en…
—Tranquila Val —dijo al notar mi estado eufórico.
—Sí —dije cerrando los ojos. No fue lo mejor, ya que mil y una imágenes se presentaron en mi mente dejándome algo mareada. Y no era por la cantidad, si no por la confusión, ya que la mayoría eran escenas que nunca había vivido con Nick. Cerré más fuerte mis ojos, tratando de olvidar aquello, no fue posible, pero al menos las imágenes no me atormentaban ahora.
— ¡Val! ¿Estás bien? —preguntó Nick.
—Sí, sí, más bien que nunca —sonreí.
— ¿Segura? —inquirió una vez más.
—Sí, estoy segura, completamente segura —sonreí.
—Valery… debes saber toda la verdad —su expresión estaba completamente seria.
—Nick yo…
—Valery, debes creerme —tomó mis manos entre las suyas. Su rostro me reflejaba tranquilidad y confianza, debo decir más de la que mi novio. Pero, ¿mi novio me mentiría? A pesar de mis dudas, algo me decía que debía escuchar a Nicholas.
—Te creeré, Nick —sonrió mínimamente, realmente era algo importante.
—Es la hora de que sepas todo, absolutamente todo lo que mi hermano no te quiso decir, pues no le convenía —dijo esta vez más cerca de mis labios. Se acercó de a poco, al punto de que ambos podíamos sentir la respiración calma del otro. Escuchamos un sonido de entre los matorrales, enseguida nos separamos y miramos el lugar del ruido. Quise morir en ese momento.
— ¿Qué hacían? —preguntó mirando con odio nuestros rostros, agaché la cabeza mirando mis pies, no tenía intención de encontrarme con su mirada amenazante.
—No te intere…
—Tú cállate —dijo empujando a Nicholas—. Val ¿acaso no sabes en qué te estás metiendo? Este te hará pagar las consecuencias —dijo refiriéndose a mi acompañante.
—Nick debía decirme algo importante, déjalo hablar —defendí al afectado mayoritariamente que yo.
—Le diré todo, Joe —habló por fin el hermano de mi novio. Joseph tapó su rostro entre sus manos, antes de cometer el error más grande de su vida. Llevó su mano derecha empuñada con una dirección puntual; el rostro de su hermano. Pero para su mala suerte, me interpuse en el camino, haciendo que alcanzara a desviar su golpe tan sólo un poco, llegó a parte de mi cara, pero sí a mi oído. Lo miré con furia, tal vez no fue el error más grande de su vida, pero sí fue un grave error, no le daría el perdón fácilmente, a menos de que me diera una explicación convincente y obviamente, real.

—Estúpido —dije molesta mientras sobaba los sitios dañados.
—Lo siento amor, no te quería lastimar a ti —dijo tratando de acercarse, lo esquivé. Noté como fulminaba con la mirada a su hermano, antes de mirarme suplicante a mí.
—Aléjate de Nicholas, y de mí —jalé del brazo de Nick, tratando de llevarlo a otro sitio; su automóvil—. Eres peligroso —dije mirando hacia atrás. Corrió a mí y me abrazó por la cintura apegándome a su abdomen bien trabajado—. Lejos de mí, es mejor para ti —le advertí mientras que escuchaba una risa suave de su hermano menor.
—No digas tonterías Val, llevamos mucho tiempo de novios, no querrás enviar todo esto a la basura por culpa de un pequeño error —reí junto a Nick.
—Créeme que sí —le aseguré hablándole cortante.
—No debes mentir querida —dijo a mi oído.
—Dije “créeme que sí” —remarqué con la manos antes de dirigir mi codo a su estómago. Me soltó de inmediato para retorcerse del dolor con ayuda de sus brazos. Sonreí triunfante—. Si tienes suerte, a la noche podrás darme una explicación —Nicholas me miró enfadado—, pero… no significa que te perdonaré —ahora sonrió mientras Joe maldecía su dolor.
—Duele… —repetía constantemente.
Me encargué de correr junto a Nick hasta su coche. Al llegar no tardó en poner seguridad y partir lejos. En el camino escuchamos el CD de Radiohead, para mi impresión, uno favorito de ambos también. Tardamos más o menos una hora en volver a la ciudad. No sabía a donde iríamos puesto que nos encontrábamos estacionados en el centro comercial.
— ¿A dónde vamos, Nick? —subió el freno de manos y apagó el motor. Ahora estaba todo en silencio, excepto por el ruido de las calles.
—A comer algo, ya que el idiota de tu novio arruino la comida que te tenía preparada —ambos reímos para luego bajarnos del transporte en busca de algún localcillo de comida rápido ó…
— ¡McDonald’s! —hablamos al unísono. Era impresionante lo mucho que me podía parecer a una persona; mucho.
—Sí, me parece una buena elección dama —dijo con una voz más grave que me causó bastante gracia.
—También la suya, caballero —reímos nuevamente y caminamos al sitio seleccionado por ambos, que tan sólo se ubicaba a una cuadra.

Hablábamos mucho, pero de tonteras como “¿por qué se llamaría Lacoste, Lacoste?” lo sé, estamos locos. Entramos en McDonald’s y ordenamos lo que queríamos comer. Me senté en una mesita mientras Nicholas esperaba el pedido, ya que él se había ofrecido para esperar la orden. A los pocos minutos volvió con una bandeja y todo aquello que mencionamos a la cajera. La comida se deshacía en mordiscos por nuestros dientes para luego ser dirigida en nuestro estómago hambriento. Acabamos todo; por mi parte dí el último sorbo terminando mi bebida Coca-Cola Light, y no, no se equivocan, Nick pidió la misma gaseosa. Salimos del “restorán” —si así se le puede llamar— para ir a una tienda que acordamos de visitar; Adidas. Ambos queríamos ver si algo nos llamaba la atención, para volver otro día a comprarlo. Salimos insatisfechos, nada nos pedía a gritos que lo llevásemos. Nick invitó a un helado, y con gusto accedí a su invitación. Pedí de pistacho con chocolate, mientras que él; doble de algodón de azúcar. Me espantaba su obsesión por el pobre sabor de helado, bastante dulce a mi parecer. Volvimos a su mustang, ya decididos a volver a casa. No tardamos mucho, o tal vez sí; pero nuestras entretenidas charlas hacían que el tiempo volara. Entramos en nuestra vivienda, saludamos a mi madre y caminamos a mi cuarto, a conversar otro rato, no nos aburríamos de reír de nuestras tonteras.

—La pasé de maravilla hoy, a pesar de los problemas —dijo lo último acompañado de una espantosa mueca que, causaba risa.
—Sí —suspiré—. Pondré un CD de Cold play —el asintió sonriente.
—Creo que… es el momento indicado para hablar sobre…—cuando la música ya sonaba me senté junto a él.
—Sobre… —lo animé a seguir.
—Ya sabes, sobre… eso —sonrió.
—Bueno —lo secundé.
—No, primero debes oírme a mí —apareció mi novio por el umbral de la habitación—. Y Nick, sal de aquí, no quiero más peleas —ordenó con tono autoritario, fruncí el ceño, pero debía enfrentar las cosas.
—Nick, luego hablamos, ¿sí? —le dije a Nicholas tratando de sonar lo más amable posible, pero al parecer no resulto. Su rostro se mostraba molesto, quizás no era el mejor momento para entablar una conversación con Joseph. Pero sabía que tendría que afrontar la situación tarde o temprano.
—Ya la oíste —como odiaba ese tono de voz que usaba Joe cuando se enfurecía, lo hacía quedar como mala persona. De momento nos encontrábamos ya solos y sorprendidos por el gran portazo que Nick había dado. Miré seria a mi novio, lo amaba, pero no me había gustado para nada la actitud que había tenido, en la mañana. Su mirada paso de la puerta a la mía, pero tenía una expresión que me molestaba aún más, una triunfante.
—De qué quieres hablar —pregunté tratando de esquivar su ahora hostigante mirada.
—Muy bien lo sabes —dijo acercándose a mí, pero caminé a la ventana. La abrí y observé todo lo visible desde mi habitación. Cerré los ojos al sentir sus tibios labios en mi cuello, subiendo hasta encontrarse con el lóbulo de mi oreja, dándole un pequeño jaloncito—. Mi amor para que peleamos por tonteras sin importancia — ¡DIOS! ¿Acaso cree que me podré concentrar si me sigue susurrando sensualmente en el oído? A mi parecer lo hace apropósito, sí, lo hace al propio. Sus labios se volvieron a posar en mi cuello, provocando que mi epidermis se erizara por completo. Suspiré mientras me mordía el labio, su risita suave y burlona no tardó en hacer presencia al notar mis movimientos—. Por favor, perdóname bebe —dijo sin dejar de besar la piel de mi cuello.
—Joe… —me volteé lentamente, fue una mala opción; ya que ahora lo tenía prácticamente sobre mí. No tenía más salida que tirarme por la ventana, pero no, no me quería matar.
—Mm... —eso apenas alcanzaba a sonar una pregunta decente, pero se escuchaba condenadamente placentero.
—T-te… comporta-ss-te mal… Ho-hoy —no, ya no podía más. Sus manos habían reptado por debajo de la remera y sentía que en cualquier momento explotaría. Sus manos ardientes casi quemaban mi piel y las sensaciones que podía experimentar eran infinitas.
—Me puedes perdonar por eso mi vida —luego de decir esto mordió tentadoramente mi labio inferior. Al parecer el muchacho se empeñaba en no sobrevivir para contar lo que se le aproximaría.
—N-no lo c...creo —mi tono de voz no era otro que no fuese arrogante. ¿Pero, cómo podía ser uno diferente, si tenía un chico con el cuerpo para el crimen, prácticamente sobre mí?
—Entonces… te rogaré que me des mi merecido —no, no podía pedir eso. ¡Cálmate, mujer, no puedes ser así! Que digo, es él el que tiene que dejar su tortura.
—N…no —una de sus manos dejó su lugar en mi cintura y bajo tan sólo un poco buscando uno de mis glúteos. Moriría, moriría. Sus caricias eran mortales, y aún más para una mujer como yo.
—Por favor —claro que lo haría, ya no tenía vuelta atrás. No tenía forma de hacerme volver atrás; pero se lo había buscado—. Te lo ruego, por dios, o creo que…
—Cállate —tomé su rostro entre mis manos y besé sus labios con locura, ya no soportaba la espera. Me elevó con sus manos dejándome sentada sobre el marco de la ventana. Sus manos se apoderaban de mis piernas, mientras que las mías, se encargaban de quitar por completo su remera azul, que le asentaba perfecto. Escuchamos un sonido provenir de la puerta. Ambos nos separamos de golpe, podía ser mi madre, pero no, no era ella.
—Claro, así se arreglan las cosas hoy en día —dijo mirándome con la desilusión misma en sus ojos. Aquellos estaban cristalinos, llenos de lágrimas; lo había decepcionado.
—Nick, yo…
—Un par de besos, y todo listo —rió sin ganas y aplaudió reiteradas veces.
—Nicholas, por favor no pienses que esto…
—Yo no pienso esto, yo VEO esto —salió de mi cuarto dando un portazo más fuerte que el anterior.
—Al fin se fue —Joe prosiguió con su trabajo. Lo empujé molesta y arreglé mi cabello un poco despeinado—. Pero que diablos…
—Joseph, Nick tiene razón, esto no se soluciona con un par de besos —caminé a la puerta, cuando mi mano se encontraba en la perilla, me detuvo con una suya.
—Mi vida… lo siento —me solté de su atadura y salí en busca de Nicholas.

Caminé hasta su cuarto, el cual se encontraba con la puerta abierta. Observé su interior, pero nada, nadie se encontraba presente. Bajé las escaleras, rápidamente, si es que había salido a pasear lo podría encontrar a tiempo. Llegué al fin y no dudé en salir de inmediato. Había viento, que me congela completa, pero todo sería por Nicholas. Seguí mi camino abrazando mis brazos, puesto que el pequeño chalequito que llevaba no alcanzaba a filtrar todo el frío. A lo lejos divisé una silueta caminando lento, para luego sentarse en la orilla de una calle. Mis pies tomaron velocidad, pero aún así sentía que el trayecto se me hacía eterno. Cuando por fin me hallé a unos pasos de la persona, cesé mi correr, para ahora sólo caminar. Me senté a su lado, pues ya sabía con certeza de quien se trataba.

—Lo siento —musité en voz baja, puesto que el frío me dejaba hasta sin habla. Él no articulaba palabra alguna, me sentía hablando con el viento. Miré su rostro serio, posiblemente seguía fastidiado por lo que sus ojos habían visto—. Nick… en serio discúlpame, no fue mi intención —giró su rostro, para poder mirarme mejor. Su semblante realmente causaba terror, ya que su seriedad no desaparecía—. No quise hacerlo, entiéndeme por favor —una sonrisa se formó en su rostro. Me sentí feliz también, me estaba comprendiendo ahora.
—Te entiendo —dijo ahora mirando el suelo. De pronto, levantó la mirada, y su expresión era peor que la anterior—. ¿¡Cómo quieres que te entienda!? —Se levantó, lo secundé de inmediato, prefería mirarlo de frente—. Acaso piensas, que ahora, puedes venir, a pedir disculpas, me das un beso y ¿problema resuelto? —mis ojos se comenzaban a empañar. Su forma de decir las cosas no era la mejor, sentía que me apuñalaba en el corazón—, pues no, yo no te perdonaré por “un beso” —recalcó las últimas palabras. Me sentía estúpida, tenía tanta razón, que hasta dolía—. Además, no sé como una persona tan buena como tú, puede estar con una tan vanidosa, egoísta, estúpida y mal educada como Joe —ahora su voz era más furiosa.
—Nick, enserio lo siento, lo siento mucho —dije a punto de explotar en llanto.
—Creo que… debo dejarte en paz —no entendía a qué se refería—. Eh estado intentando hacerte recuperar la memoria Valery —ahora sus ojos estaban llorosos—, pero ya me cansé. No vale la pena estar así constantemente, tu engañando a mi hermano conmigo, no quiero saber lo triste que debe ser para él —y tenía razón—, puedo desearle mucho mal, pero nadie se merece tener una novia infiel —Dios, ¿por qué me tengo que dar cuenta de todo, tarde? —, y mucho menos aún, si se casaran dentro de poco.
—Nick, perdóname, te lo ruego —sentí algo tibio resbalar por mis mejillas.
—No, Valery —sonrió con tristeza—. Creo que… debes estar con él — ¿hablaba enserio? —. Si te vas a acordar de mí, prefiero que lo hagas por ti misma —volteó y comenzó a caminar hacia no sé donde, opté por dejarlo ir, sería lo mejor. Con rabia, tristeza y desolación, caminé de vuelta a casa, tal vez estaba destinada a vivir con la duda de quien es Nicholas Jonas.

* * *

Había pasado una semana desde la discusión con Nick, y nada se había resuelto. Podía estar segura de que hablaba enserio, pues la mayoría del tiempo se la pasaba en su habitación, y sólo intercambiábamos palabras como “Hola” ó “me acercas las servilletas”, puesto que ni siquiera nos despedíamos. Pero algo quedaba aún, sus ojos me decían lo contrario como “Ey, date cuenta de que te extraño”, o posiblemente eran alucinaciones mías. Joseph y yo habíamos resuelto nuestros problemas, no tenía sentido seguir peleados. Con anticipación me pidió salir a desayunar, para poder salir a poner fecha a nuestra boda. Lista para su invitación, bajé las escaleras, saludé a mi madre, la única en casa y seguido, a mi novio, con un beso cálido en los labios. Salimos de la casa para así dirigirnos al sitio que él tenía en mente. Se estacionó fuera de un local muy lujoso, que por supuesto, me sorprendió. Ingresamos y de inmediato nos ubicamos en una mesa del fondo, no muy apartada de las demás. Ambos pedimos un capuchino junto con un trozo de pastel de chocolate.

—Mi amor, tengo la fecha perfecta para nuestro matrimonio —dijo tomando mis manos. Esto me daba nervios aparte de inseguridad. Aún seguía peleada con Nicholas y eso me importaba de sobremanera—. Pero primero, quiero consultarte si te acomoda —las palabras que próximamente me diría, serían elementales. Tendría que pensar muy, pero muy bien, en mi futuro.
— ¿Cuál es esa fecha? —Pregunté sonriente, no quería parecer insegura frente a él—, digo, para saber.
—Dentro de dos semanas, quedaría justo el sábado —me parecía tan lindo que quisiera ser mi esposo más rápido... pero no me podía responder una pregunta ¿Por qué tanta prisa? Además, quedaría muy poco tiempo para todos los preparativos—. Y si te preguntas sobre como organizaríamos todo, te responderé — ¿acaso leía la mente? Bueno, pero necesitaba saberlo—. Tengo casi todo listo, porque sabía que aceptarías —y vaya que me malinterpretó.
En ni un momento accedí a su petición. Aunque pensándolo bien, puede servir para poder dejar de ver a Nick. Si sigo así, moriré por querer volver a besarlo, y ni siquiera mi conciencia puede engañar a mi futuro esposo. De inmediato sonreí apenada. Mis pensamientos eran tan ciertos, pero a la vez, podían provocar algo que realmente no quería. Y es que con Nicholas lo pasaba tan bien, teníamos tanto en común, incluso diría que el tiempo era mucho más lindo pasándolo junto a él. Sí, más lindo que con Joseph. Pero... algo andaba mal. No me puedo casar, si tengo dudas de mi amor hacia Joe. Cierto, muy cierto.

—Mi vida, estoy tan feliz de casarme tan pronto contigo -me hacía sentir pésimo escuchar eso. Era algo netamente real, pero para él. No sabía si mi novio era correspondido a tal punto, que él creía. Había algo que me dejaba inconclusa. Constantemente escenas no vividas con Nicholas se tomaban mi mente y no me dejaban pensar en más que en él en todo el día. Podrían ser alucinaciones, cosas que quisiera con él, ya que no recuerdo haber vivido en carne propia algo así.
—Yo también, soy muy feliz... —ojala fuese cierto.
Luego de terminar nuestro exquisito desayuno, caminamos de vuelta a su lujoso carro. Él se encontraba muy feliz, yo sólo trataba de imitar sus hermosas sonrisas, que no nacían solas en mí. Me daba tan sólo un poco de alegría, que alguien sería feliz por la decisión que ya había tomado en mi mente, osea, dar el sí en la iglesia y olvidarme de Nicholas de una vez. El beneficiado, obviamente sería Joseph, estaría siendo feliz por estar con la mujer que ama pero... ¿y yo? ¿Sería realmente feliz, al lado del hombre al cual no amo? Últimamente muchas dudas inundaban mi mente, pero ¿Por qué? Aún no lo entendía, porque antes, nunca me había puesto a pensar en esto. OH tal vez, era que recién me lo preguntaba porque, no lo había sentido hasta que apareció Nicholas en mi vida. Pero más preguntas se me presentaban. Nicholas apareció de pronto en mi vida, sin aviso alguno, sólo lo recuerdo llevándome al hospital, siempre me odio. Posiblemente siempre lo amé y no lo recuerdo. Posiblemente Joseph tenía razón... Nicholas quería arruinar nuestro matrimonio. ¡CLARO! Ahora lo comprendo todo. Nick me sedujo, me enamoró, y ahora seguía la otra parte del plan, osea, hacer que no me casara con su hermano, para así dejarme tranquila, demostrándome que nunca sintió nada por mí y burlarse en mi cara de todo lo que me perdí dando un “no” al padre que me uniría con Joe. Tenía una charla pendiente con el muchacho, una que no sería esquivada por él, ni que lo pensara. Tan inmersa en mis conclusiones mentales, ni noté cuando ya estábamos estacionados en nuestra casa. Salimos del auto, y tomados de la mano, llegamos a la puerta. Tocamos el timbre, y quien menos esperaba ver, abrió la puerta.

—Hola —dijo Joe, no sé por qué mirando a Nick algo desafiante.
—Hola chicos —apenas hizo espacio para que entráramos, lo hicimos. Joe volteó a ver a su hermano que cerraba la puerta. También lo hice.
— ¿No me preguntarás porqué estoy tan feliz? —Nick volteó rápido y arqueó una ceja.
— ¿Tengo que hacerlo? —Joe lo fulminó con la mirada—. ¿Por qué estas tan feliz “hermanito”? —enfatizó esto último.
—Porque dentro de dos semanas nos casare...
—Tengo que subir —dijo al ver que el rostro de Nicholas comenzaba a entristecerse.
Corrí subiendo los escalones —de la escalera—, para llegar a mi habitación rápido, no quería observar ni un segundo más la estúpida fase de Nick. Mucho menos querría que Joseph me besara frente a él, si ni siquiera sabía si mis teorías de que, Nick trataba de vengarse, fueran ciertas. Me recosté sobre mi cama, mirando siempre un punto perdido en el techo blanco de mi cuarto. Tomé un cojín y comencé a lanzarlo hacia arriba, luego a atraparlo, y repetir las dos acciones. Quería poder despejar mi cabeza, para poder pensar mejor, para tener armonía conmigo misma y mi entorno. Cerré los ojos y dejé de jugar con la almohada, a lo mejor tomar una siesta me ayudaría a despejar más la mente. Abrí los ojos de golpe al escuchar que alguien entraba en mi pieza, posiblemente mi novio. Me senté en la cama, y busqué con la vista al causante de que no pudiera pegar los ojos. Lo encontré mirando por la ventana, y no era Joseph

— ¿Qué se te perdió por aquí? —pregunté, a lo que el respondió con un suspiro bastante sonoro. Volteó para mirarme de frente. Sus ojos brillantes delataban la tristeza que escondía por algún motivo.
—Nada... sólo quería hablar conti...
—No tenemos nada que hablar —quería sonar lo más dura posible. No esperaba ser compasiva ni mucho menos simpática con el muchacho que trataba de persuadirme.
—Por favor, escúchame —comencé a mover mi pie en el piso, para que se diese cuenta de mi impaciencia.
—Qué esperas, ¡habla! —dije molesta.
—Este —rascó los perfectos rizos de su nuca. Cállate estúpida—... espero que me perdones por como te traté hace un tiempo atrás, me comporté como un verdadero idiota —reí suave. ¿Ahora intentaría arreglar las cosas, para dejarme como una estúpida en el altar? —. También te quería confesar que... te quiero demasiado, y si bien sé que es tarde para decirlo, lo debía hacer. Espero que lleves una linda vida con Joe, les deseo lo mejor a ambos — ¿¡Qué!? ¿¡No hará nada al respecto!?
¬— ¡DIOS! ¿Qué quieres que haga Nick? ¿Que me arrodille a tus pies, implorándote perdón por lo que no te hice? De enserio, no sé como hay gente tan cínica. Espero y te des cuenta un día de todo lo que estás haciendo, porque no terminaré mi linda relación con Joseph por ti. No quiero darte el placer de ver mi derrota y luego sacarme en cara de por vida, que deje a tu hermano por ti, y tu encima, no me darás chance —grité enfurecida. En sus mejillas rodeaban pequeñas gotas transparentes de agua salada, lágrimas. Pero no me convencería de algo imposible—. Y no llores, porque la actuación no se te da, simplemente no se te da —volví a gritarle—. Y ahora lárgate de aquí, imbécil, no quiero ver tu estúpida cara en mil siglos más —dicho esto, salió de mi cuarto. Sentí mi rostro humedecer. No, no podía ser cierto, verlo llorar, me provocaba más pena de la que ya sentía. Mi corazón era el que llevaría todo este peso de ahora en adelante. Mi apoyé en la puerta, para así dejarme caer al suelo apoyada en ella. Abracé mis piernas, quería llorar, desahogarme, sacar todas las penas que tenía de adentro. Dos voces captaron mi atención, y no por entrometida, si no que porque eran de dos personas a las cual quería mucho, escuché con determinación.
¬—Ya sabes Joe, si convencer a Valery de algo que no es, es lo que querías, lo conseguiste — ¿Qué? ¿De qué trata todo esto?
—Pues sí, hermanito, lo conseguí, y soy feliz por eso —Joseph hablando en ese tono no sonaba una buena persona.
—Ya está, no quiero hablar más del tema, me iré de aquí, ¡AHORA! —Escuché por ultima vez la voz quebrada de Nicholas, para luego oír un fuerte portazo proveniente —obviamente— de su alcoba.
Muchas cosas ahora quedaron grabadas en mi mente “Si convencer a Valery de algo que no es, es lo que querías, lo conseguiste”. Lamentablemente, no comprendía sus conversaciones, ya que para mi mala suerte, no estaba enterada de la verdadera versión. O tal vez si, pero no la descubro bien aún. Pero... ¿¡Nicholas se iría de la casa!? Dios... creo que debería aclarar bien las cosas, antes de arrepentirme de lo que hice. Preferí dejar las cosas como estaban. No iría a perder tiempo buscando a Nicholas, alguien que no querría hablar conmigo después de las ofensas que le dije. Me levanté del suelo, para así ir a mi tocador. Necesitaba mirar mi rostro, ver en qué condiciones me encontraba después de lloriquear. No estaba tan mal como pensaba, pero igualmente iría al baño a lavarlo. Salí de mi habitación, y me dirigí al baño, no sin antes observar la habitación de Nick. Entré al baño, pude notar que estaba ocupado, por alguien que hacía lo que yo tenía como propósito, lavar su rostro.

—Perdón... yo creí que... no habían personas dentro —sonreí apenada. Él volteo, no tardó en clavar sus ojos marrones y cristalinos en los míos.
—No te preocupes, ya me iba —secó su cara con una toallita y caminó a la puerta. Cuando estaba a punto de salir, tomé su brazo derecho.
—Nick, espera —dije antes de tener que perderlo para siempre.
— ¿Pasa algo? —preguntó aún con al vista en la perilla de la puerta. Llevé mi mano al pestillo de esta, para poner el seguro. No quería que se arrancara de mí.
—Creo que... fui algo dura hace un rato —soltó un suspiro sonoro, dudaba que no fuese así, después de todo lo que le había gritado.
—, no me produjo nada, sólo me hizo llorar, enfurecer, y me iré de esta casa sólo porque me tratas demasiado bien —obviamente estaba bromeando. No era posible que, hablara con la verdad.
—Nick, deveras lo siento —giró sobre sus talones y me sonrió tierno.
—Es lindo escuchar eso de tu parte —dijo aún con esa pequeña sonrisa preciosa—. Después de como me trataste, es lindo.
—Nicholas yo... —arqueó levemente una ceja al ver que no seguía con mi oración¬—yo... no quiero que te vayas ¬—ahora su sonrisa era más amplia.
—Creo que para eso ya es tarde —volvió a voltear, ahora si que lo perdería.
—Nick no te vayas ¬—rápidamente tomé su rostro en mis manos, y lo obligué a mirarlo a mis ojos. Me acerqué lentamente a sus labios, que hace mucho deseaba volver a probar.
—Valery... —susurró con los ojos cerrados sobre mis labios—no lo hagas...
—Ya es tarde —musité. Pero no fui yo la que dio el último paso, sino que Nicholas. Se acercó tan sólo unos milímetros más. Sus labios se encontraron con los míos tras largo tiempo sin hacerlo. Capturó mi labio inferior, mientras que yo le correspondía el dulce beso. Sus manos, temblorosas, se acercaron a mi cintura, para así abrazarme en ella. Llevé las mías a su nuca, para juguetear delicadamente con sus bucles perfectamente creados. Extrañaba de sobremanera sus labios, una droga insaciable, y sólo él podía darme ese medicamento. Se alejó lentamente de mí. Abrí los ojos y noté que él también lo hacía. Sonrió con más felicidad aún. Pero necesitaba una respuesta.
—Eso significa que...
—No eh dicho eso, Val —Dios santo... moriría si Nicholas se iba de la casa.
—Pero Nick, no puedes hacerme esto —mis ojos ahora se encontraban anegados en lágrimas.
—Valery... escucha —no me encontré lo suficientemente fuerte para poder emitir palabras. Sólo asentí con la cabeza, el besó mi frente—. No puedo seguir en esta casa... las discusiones con Joseph son diarias, y ya no puedo seguir viendo como te besa en mi cara —sus palabras eran ciertas, pero algo erradas a la vez.
—Pero Nick... ¡no puedes decir eso! —su rostro se veía confuso—. Joseph es mi novio, no dejará de besarme frente a ti porque se te antoja —rió suave.
—No digo que lo deje de hacer, pero me incomoda porque —respiró hondo, para luego expulsar el exceso de aire en sus pulmones—... porque al verte besándolo, siento que mi corazón se rompe —en instantes cerraba los ojos más tiempo que el de costumbre—, además... yo también besaba tus labios y verte tocando los de él es algo que... no es agradable ni para estos —tocó sus labios, sonreí tierna y comprensiva—, ni para este —llevó su mano derecha al corazón. Me produjo más ternura aún. Como por impulso, lo abracé fuerte. Él, también me envolvió en sus brazos cálidos.
—Entonces... ¿te irás? —juntó sus labios fuerte, y luego los separó rápido.
—Creo que... sí —me separé de sus brazos y lo miré directo a los ojos.
— ¿No puedo hacer nada al respecto? —pregunté haciendo un puchero.
— ¡Vaya! Soy yo el que no puede hacer nada al respecto — ¿Qué? —, si amas a Joe, no puedo interponerme en su relación. Quisiera... que sus hijos tengan una buena educación —no podía seguir obligando a mis ojos a retener más líquido. Dejé en libertad a aquellas lágrimas que últimamente me hacían compañía a diario.
—Tu no entiendes Nick —acarició mi mejilla, mirando mi rostro con un brillo especial en sus ojos.
—No tengo nada que entender —sonrió, para luego acercarse y besar mis labios con aquella magia, que siempre me hacía despegar los pies de la tierra para poder volar tan sólo lo que esta durase—. Iré... iré a su matrimonio —vaya que sería un golpe bajo para Joe, y buen gesto que no de mucho me ayudaría a decir “sí”. Sacó el pestillo y salió del baño. Antes de cerrar la puerta, me miró con tristeza, y se marchó por los pasillos. Quedé sola allí, parada, mirando como una pobre estúpida, la madera de la puerta. Apoyé mi cabeza en ella, y dejé salir más lágrimas que mis ojos estaban apresando.
—Si tienes algo que entender —susurré en la habitación sólo habitada por mí—. Que yo... que yo te amo —dije para luego. Cerrar la puerta, y sentarme en el suelo a llorar. A llorar por el amor que había dejado ir. Ya no podía seguir llorando, y sólo porque otra persona, al otro lado de la puerta, me hablaba. Joseph. Lamentablemente no podía decirle que se marchara, y tampoco podía dejar que me viera así.

— ¿Estás bien Val? —preguntó tocando la madera de la puerta.
—S-si —no hablé más. No porque no tuviera palabras, sino que simplemente porque el llanto que hace un rato me abordaba, no me dejaba recuperar mi tono de voz normal.
— ¿Segura? —su voz se oía preocupada. No quería responder, porque mentir no es lo mejor.
—Por supuesto mi amor —Woo, que mentirosa podía llegar a ser.
—Bueno… pero… necesito el baño —ahora causaba gracia su forma de hablar. Una sonrisa brotó en mi rostro mientras limpiaba mis lágrimas.
— ¿No puedes ir al otro? —pregunté mientras abría la llave de agua fría del lavabo.
—No —lavé mi rostro y lo sequé con una toalla, mientras me seguía comunicando con él a gritos.
— ¿Por qué no? —me molestaba que fuera tan poco solidario con los demás. Últimamente estaba tan cambiado, no era el Joseph que yo había conocido hace más o menos diez años atrás. Verdaderamente ya no era Joe, el para mi, estaba perdido, quizá muerto.
—Porque no quiero —abrí un cajoncillo del mismo lavabo y tomé el medicamento que mis ojos necesitarían; Red Off, gotitas para ellos, los desinflamarían, y nadie notaría que había llorado por un buen rato, pero para eso, tenía que hacer hora, para que hiciera efecto el remedio.
—Respóndeme eso, y te dejo pasar —escuché como suspiraba.
—Algo te pasa ¿verdad? —gracias por esquivar una vez más el tema.
—Claro —traté de sonar lo más sarcástica posible, ya que, si me pasaba algo, Nick.
—Mi amor, ¡déjame pasar! —ya no sonaba autoritario, si no que suplicante. Netamente necesitaba el baño, y ¡urgente!
—Está bien —dije una vez que me miré al espejo, y el rojizo de los ojos, ya había desaparecido, y ya no estaban hinchados como antes. Abrí la puerta, y lo vi sonriente tras el umbral.
—Al fin —para mi sorpresa, no me dejaría salir del pequeño cubículo. Sus manos se habían posado en mi cintura y me obligaban a retroceder.
—Joseph, quiero salir —sus besos en el cuello ya no me causaban nada más que molestia.
— ¿Ahora quieres salir? —preguntó susurrando en mi oído.
—Si, ahora quiero salir —lo empujé hacia un lado y salí rápido del baño. ¿Por qué me casaría con él, si realmente no lo querría como a Nicholas?
Caminé lo más rápido que mis pies pudieron, hasta mi habitación. El día no llevaba mucho de transcurso pero de igual forma, sentía como si ya fuesen las doce de la noche. Me tiré como un costal de papas en mi colcha, ni siquiera me alcanzaba para acomodarme como una persona normal. Me levanté de golpe al recordar que la puerta estaba sin seguro. Caminé hasta ella para poner el pestillo y me volví a lanzar contra el colchón. Cerré los ojos, tratando de conciliar el sueño, pero golpes insistentes en la puerta me obligaron a no pegar los ojos. No hice caso y abrí el cajón de mi velador. Saqué unos tapones y los ubiqué en mis oídos, no querría escuchar más ruidos. Al colocarlos en su lugar, se escuchaban aún los sonidos, pero no tanto como antes. Volví a cerrar los ojos, ahora si podría conciliar el sueño.

* * *

Me senté en el pequeño diván ubicado en frente del tocador de mi habitación. Miré mi reflejo en el espejo, mientras que lágrimas cristalinas escapaban de mis ojos. Tan solo falta un día para mi casamiento, pero no puedo dejar de pensar en Nicholas. Su rostro tan angelical… sus labios tan bien formados, y todo lo que en él habita. Se me hace difícil ni siquiera tenerlo cerca para saludarlo, para admirarlo sin que nadie se dé cuenta.

—Permiso —dijo mi madre interrumpiendo mis pensamientos.
—Ya estás adentro —dije secando rápido mis lágrimas y fingiendo una sonrisa.
—Valery… alguien me pidió que te diera esto —me entregó un sobre algo grueso. Antes de abrirlo, miré con curiosidad a mi progenitora.
— ¿Quién te lo dio? —me miró cómplice. Posiblemente era la persona que yo creía—. Fue Nick, ¿verdad? —asintió con la cabeza. La esperanza volvió a mí, pero al abrir el sobre desapareció. Habían cosas que no esperaba ver… cosas que realmente nunca pensé volver a tener en mis manos.
—Valery, no es tan malo como tu crees hija —me abrazó mi madre, mientras que yo volvía a llorar sin consuelo sobre su hombro. El collar que le había obsequiado a Nicholas cuando fuimos novios, prometiéndonos amor eterno. Él me había dicho que si el amor se acababa, sería honesto y me daría el collar. Eso sólo quería decir una cosa… ya no me quería. Me separé del abrazo de mi madre y la miré con la tristeza misma plasmada en mi rostro.
—Quiero… quiero estar sola —se alejó hasta la puerta, pero retrocedió hasta llegar nuevamente a mí.
—Cuando te encuentres mejor, puedes ver el resto —asentí con un murmullo casi inaudible—. No todo es como parece… y cuando veas lo demás, te ruego que sigas a tu corazón, no a lo que es correcto —no entendí mucho. Pero cuando tuviera el valor de poder ver lo demás, seguramente la comprendería.
—Gracias mamá —besé su mejilla, y dejé que saliera de la habitación. Todo el tiempo, mi madre supo mi historia, porque cuando teníamos tiempo, hablábamos del tema, además de que, ella se reunía con Nicholas, para decirle mi estado de ánimo, y a él el mío.
Se suponía que debía ser feliz con Joseph ¿Lo sería? El sólo hecho de pensar en el tema, me hacía estremecer de tristeza.
Limpié las lágrimas que seguía resbalando por mi suave piel, y pude ver una carta ahí. No dudé en leerla de inmediato, sería lo último que vería de Nicholas.

“Valery:

Todo este tiempo me eh preguntado si el amor existe, tengo la respuesta en mi todo el tiempo, mas me cuenta asumir que es cierto, si no tengo al amor de mi vida junto a mí.
Fuiste mi primer amor, primero y último, porque no hay más sin ti. Te conocí a los cinco años, eras una pequeña adorable. Vaya, aún no puedo borrar de mi memoria el día en que te pedí ser mi novia. El temor a que dieras un “no”, era mayor que cualquier cosa en ese momento. Cuando uno es pequeño, no sabe las cosas a las que se enfrenta, y yo sólo pensaba en un futuro feliz contigo. Sonreíste tímida, luego me miraste a los ojos y dijiste: “Quiero ser tu novia”. Dios, dime tú que existió un momento más feliz en mi vida, porque si es así, te juro que lo olvidé.
Nuestro primer beso fue tan especial. Llevábamos una semana de novios, y aún no experimentaba la sensación dulce y apasionada que tus labios pueden brindar. Tal vez por inseguridad, no quise apresurarte para llegar a ese momento, quería que te sintieras segura, y la espera valió, fue el momento perfecto para el primer beso. Un beso de cuentos de hadas, diría, aunque sé suena algo pedante.
Pasaron los años… y sentía que todo se había derrumbado. Joseph había aparecido en nuestra historia. Nunca hice caso a sus bromas pesadas, nunca escuché con atención cada una de sus palabras, las que ahora no puedo olvidar: “Conquistaré a Valery”. Siempre creí que me amabas a mí, y a nadie más. Pero al parecer, no todo sería de color rosa en nuestra historia. Él se lo propuso y triunfó. Cuanto lloré y me lamenté el día en que supe que serían novios. Ese había sido el peor día de mi vida. Porque cuando terminamos, quedé con la ilusión de algún día regresar. Y así habían pasado los meses, seis malditos meses, que esperé en vano, ya que Joe cumplió su palabra.
Pasaba el tiempo, tú te sentías confundida. Kevin. Siempre lo supe. Pero, algo no calzaba en el rompecabezas. ¿Cómo es que… olvidarías todo lo vivido con Joe y junto a mí? No podía ser posible. Muchas respuestas venían a mi mente, pero sólo una me podía responder con satisfacción. Atracción, maldita atracción. No te enamoraste de Joseph, no te enamoraste de Kevin. Sólo era estúpida atracción física, y un tanto sicológica por sus parecidos. Pero nunca te diste cuenta de que yo estaba ahí siempre, de que estaba dispuesto a lo que fuera para complacerte. Nunca se te pasó por la mente siquiera. Qué lástima. Ahora pregunto… ¿sólo fui un capricho tuyo, al igual que Joe y Kevin? ¿O es que realmente me amaste como solías decir? No lo sé… pues ahora, me olvidaste, fue como si me hubieran sacado de tu vida. Un accidente, un estúpido accidente en tu habitación, ¡vaya a saber Dios porqué ocurrió! Pero es lo que menos me importa saber. Lo que quiero saber es ¿por qué sólo me tuviste que olvidar a mí, y todos los lindos momentos que juntos vivimos? Alguien responda. Te amo, Valery. Espero, que llegue el día, en el que recuerdes nuestra historia, y que puedas ver lo que tienes a tu lado. Un simple egoísta que te quiere sólo para él. Últimamente pienso que Joseph tiene un tipo de problema psiquiátrico, si es demente o algo por el estilo. Ya que quiere ser tu dueño a toda costa, sin ver el daño que ha hecho a lo largo de este mal camino que tomó. Por parte, lo entiendo. Es un tipo de adición a ti. También soy adicto a tus besos, a tu piel, y a ti en general. No es que ya no quiera más de tu droga, es sólo que me quiero rehabilitar, ya que al parecer, esa droga (tú), me está rechazando sin preguntarme. Revisa muy bien el sobre, hay algo más. Te amo con todo mi corazón, Valery Straw. Un gran abrazo, un beso, y que tengas un buen matrimonio con mi hermano, si es que lo amas de verdad. Adiós.

Nicholas Jerry Jonas.”

Lágrimas y más lágrimas se esparcían por si mismas en mi rostro. Quizá dos o tres hojas tenía la carta, pero aún me faltaba revisar el sobre. Todo lo escrito en la carta, me resultaba tan familiar, como si todo fuese cierto. Antes de tomar el sobre, algo muy extraño pasó, mi cabeza se acercaba sola al mueble, como cayendo, o era que el tocador volaba hacia mi cabeza. Todo se obscurecía, y parecía estar sola, sola y en la nada. Abrí de a poco mis ojos, borrones y manchas eran lo único que podía ver, pero de a poco, todo se hacía cada vez más nítido. Cerca de mi, estaba Joseph y mi madre. Me miraban con rostros angustiados, y yo sólo recordaba haber leído una carta de Nicholas, explicándome cosas que no recuerdo haber vivido.

— ¿Cómo estás mi vida? —preguntó mi novio sentándose junto a mí.
—Bien… au —dije al tocar mi cabeza—. Duele —mi progenitora y mi futuro esposo se enviaron miradas cómplices.
—Te impactaste contra el tocador por un desmayo —pronunció mi madre acariciando mi larga cabellera.
— ¿Estaré bien? —inquirí como si se tratara de algo grave.
—Claro, debe haber bajado tu presión, hija —sonrió tierna—. Si hubieses estado más tiempo dormida, puede haber sido algo más grave, pero ahora veo que no lo es —Joseph asintió con la cabeza en forma de aceptación. Correspondí sus sonrisas y me senté en la cama.
—Pueden… ¿pueden dejarme sola? —pregunté mirándolos suplicante. Ellos se volvieron a observar y se levantaron de la cama—. Los veo al rato —caminé a la puerta de mi cuarto junto a ellos.
—Revisa el sobre —susurró a mi oído, mi madre. Afirmé, ella salió de la alcoba, y yo cerré la puerta con pestillo. Caminé nuevamente al tocador, y miré la carta que aparentemente era causante de mis desmayos. Mil imágenes venían a mi cabeza, pero… ¿por qué? Nick me había escrito nuestra historia, pero para mala suerte de ambos, aún no recordaba. Me sentía inútil al no poder hacer nada para recuperarlo, al parecer mi vida estaba escrita. Tomé el sobre. Al acariciar el áspero papel de este, sentí como mis sentidos se avivaban, y mi piel se erizaba. Mi cuerpo tiritaba de temor a ver algo inesperado, pero debía sacar las fuerzas de donde pudiera. Metí mi mano en el sobre grande, y al sacarla del papel gigante, observé lo que menos esperaba. Nicholas seguía siendo la hermosa persona que recordaba desde que me ayudó en el accidente. Ahora… tenía claro lo que debía hacer ¿o no? Tenía un día para pensarlo, y debía ser rápido, mis oportunidades se acababan, junto con el tiempo que las acompañaba.

*** * ***

No lo podía creer al abrir los ojos. El hermoso vestido que había seleccionado estaba frente a mí, en el color que no pude encontrar. Un tono blanco, con los pequeños detalles color plata en los bordes, y el strapless tal como había querido que fuese. Emocionada, me levanté de un salto de mi cama, pero aún no tomaba una decisión. Sacudí mi cabeza, tratando de no pensar en aquello. Ya había dicho que si a la propuesta de Joseph, no podía dejarlo en el altar esperándome. Iba a ser un día de locos. Caminé al baño, y me di una buena ducha. Salí de este envuelta en una toalla, y cuando salí, mi novio se encontraba esperándome sonriente.

—Buenos días, futura esposa —besó apasionadamente mis labios. Llevé mis manos a su cuello, para así jugar con los rizos que llevaba formados, aún no los alisaba. Olvidé por completo que debía sujetar la toalla, por lo que esta cayó sin piedad alguna al suelo y sentí una leve brisa en mi cuerpo. Joseph se separó de mí y me miró de pies a cabeza. Nunca me había visto desnuda, y ahora que lo hacía, me sentía avergonzada por su mirada que, parecía comerme.
—Ya, no mires —dije nerviosa mientras recogía rápido la toalla blanca.
—Eres preciosa —pronunció una vez que ya había acomodado la toalla. Me apegó a su cuerpo, para así poder acariciarme con mayor facilidad.
—Joe, será un día agotador, el tiempo no nos sobrará —dije tratando de separarme de él.
—No importa mi vida… —susurró en mi oído, a la vez que daba pequeños jaloncitos a este. Llevó sus mortíferos besos a mi cuello un poco mojado por las gotas que de mi pelo escurrían.
—Ya Joseph… habrá tiempo para esto después —lo empujé con una mano, puesto que la otra estaba sujetando el genero que me cubría.
—Está bien… pero a la noche no te salvas, ¿eh? —reí suave, antes de besarlo por última vez en los labios. Me adentré en mi habitación, debía vestirme cómoda para ir a la peluquería y a maquillarme al salón de belleza.
Recientemente todo estaba cambiando con Joseph. No es que no lo quisiera, si no, que notaba que ya no lo amaba. Sus besos para mí ya no eran más que lujuria y ardor, pero no estaba esa pasión que se lleva con el amor, eso que los besos de Nick, si tienen. Sé que es horrible comparar a las personas, pero esta diferencia es una enorme, y debía hacerlo notar.
También había descubierto que… amo a Nicholas, y Joseph no era más que simple deseo, por sus labios y caricias que descolocan a cualquiera. Pero con su hermano menor era algo más, algo que no se puede nombrar sin delirar. Esa pócima que tienen los besos de Nick, nadie más la tiene. Es una mezcla incomprensible de amor, deseo, deploro y placer. Es extraño… pero siempre quedas con ganas de más. Diría que el tiene una droga, una medicina que calma mi ansiedad por él mismo. Es tan grande e insólita que suena difícil de creer.

Ya con mi vestimenta en orden, decidí ir al espejo. Miré por última vez las cosas que el sobre contenía y volví a pensar mil veces más si realmente me casaría con Joseph. Una tibia gota resbaló por mi mejilla, la limpié y sin decir más, me convencí a mi misma, de que sería lo mejor estar con Joe. No me gustaría decepcionar a su familia, y a todo el mundo que sabe de nuestra boda, por el hecho de querer estar con Nick, sería muy egoísta de mi parte. Además… ¿cómo sería cargar con el peso de que, dejé plantando en el altar a un hombre que me amó, de por vida? Dios, hasta la idea se me hace horripilante. Salí de mi recamara y bajé las escaleras. Mi estómago estaba hecho un atado gigante, lleno de nudos, ni siquiera se me antojaba comer algo por la angustia que tenía. Mi madre estaba parada en el umbral de la puerta de la cocina, mirándome con la tristeza reflejada en los ojos.

—Madre… no me mires así, es lo mejor, ¿sí? —Sonrió sin ánimos—. Vamos a la peluquería, está lejos y en una hora debemos encontrarnos sentadas allá —afirmó con la cabeza gacha y caminamos a la puerta de salida—. ¡Joe, nos vamos a la peluquería! ¡Hasta la tarde, cielo! —grité desde mi lugar.
— ¡¡Aham, te amo!! —respondió desde el segundo piso. Salimos de la casa, y caminamos al automóvil. Una de las cosas que más me gustaría de este día, sería que vería a Denisse, a Kevin Padre, a Kevin hijo y a Frankie. Okay, admito, no tanto por Kevin. Debo admitir que el resentimiento de cómo me dejo, sigue presente, no es que guste de él aún. Subimos a un taxi y partimos al lugar indicado. Mis ojos miraban a través del vidrio transparente y con algunas manchas de gotas de lluvia seca. Cada casa pasaba rápidamente por mis ojos, pero no podía dejar de ver en todas partes a Nicholas. Su rostro tan suave, con aquellas finas cejas, sus labios tan bien contorneados y su nariz no perfecta pero no que deja mucho que desear. Su mirada transparente con aquellos ojos marrones que de vez en cuando dejaban ver un brillo hermoso y especial. Todo en él era perfecto, y si me casaría podía ser el último día en que lo vería. Pero, ¿qué más se puede hacer, cuando ya todo está hecho? A mi parecer, nada. Sé que mi realidad es triste, pero por estúpida me lo busqué. Todos estos años estuve vagando en estúpidas fantasías que no eran más que eso, mentiras creadas por mi subconsciente, y promesas que nunca le fui capaz de cumplir al amor verdadero de mi vida. ¿De qué hablo? ¿Promesas? No podía ser cierto. Estaba recordando sucesos que ahora si recuerdo haber vivido, pero… ¿sería demasiado tarde? Debía analizar todo de una buena vez.
Una vez en el salón de belleza, llegaron los estilistas que ofrecieron ayudarnos dejando buenos resultados. Preguntaron como queríamos nuestros peinados. También me preguntaron si querían lavado de cabello, no accedí, ya que lo había lavado recientemente. Entendieron y emprendieron su “arduo” trabajo, ya que los tocados no eran fáciles de hacer.
No sé bien cuanto tiempo estuvimos allí dentro, debo decir, se me hizo una eternidad. Aguanté en todo momento las ganas de llorar por la tristeza, pero no me dejé vencer por ellas. Mi cabellera estaba hermosa. Nunca había visto tal maravilla en mi cabeza antes. No diré que fue algo excéntrico, pero sí algo precioso y poco común. Mi cabello tomado en un tomate, el cual tenía un trenzado perfecto y luminoso, tomado por una pinza grande, sofisticada y plateada. Dos mechones de pelo, uno a cada lado, estaban ordenados a la perfección. Un cuarto antes de finalizar, tenían pequeñas ondas, que los hacían ver más finos. Le sonreí a mi reflejo, en el espejo.

—Muchas gracias Michelle —dije feliz a la peluquera.
—No hay de que —correspondió mi enorme sonrisa. Mi madre seguía con aquella mirada perdida, no me gustaba el hecho de verla así, por mi causa—. En diez minutos, estarán aquí los maquilladores —asentí aún con la vista fija en mi madre.
—Adiós, que tengan un buen día —deseó la ayudante de Michelle, Audrey.
—Adiós, igualmente y gracias —las vi desaparecer por una puerta hacia otro lugar. Volví a mirar a mi madre, ella estaba descontenta al parecer.
—Madre… por favor, no quiero dejar mal nuestro apellido —me miró con la decepción firmada en su rostro.
—Hablas por ti, hija — ¿tan defraudada estaba? —. Yo quería lo mejor para ti, tu estás buscando lo peor —podía ser verdad. Pero… ¿por qué tan segura estaba ella de eso? —. Mírame linda —levanté mi vista con los ojos llorosos—. No quiero que hagas esto por mí, por Nicholas ni por nadie, hazlo por ti —hablaba de corazón. Tanto que ahora las lágrimas que acostumbraban a humedecer mis mejillas, lo hacían en las de ella—. Quiero que pienses bien en lo que vas a hacer hoy. Si amas de verdad a Joe, cásate con él —eso es lo que haría, casarme con él—, pero si no lo amas, te ruego, dejes de engañarte a ti misma, y a él. Aquí los únicos que saldrán perjudicados serán ustedes — ¿por qué Joe? —. Serás la mujer más infeliz del mundo por no tener al hombre que realmente amas y él… vivirá una mentira para siempre —ya no podía soportar la pena. El líquido salado ya resbalaba por mis mejillas, y yo ya no sabía que pensar y hacer. ¿Por qué haría algo que nunca quise hacer? Siempre había soñado con el día de mi boda, con el hombre que desearía como esposo, pero… ¿era Joseph acaso ese hombre? Mis pensamientos fueron interrumpidos por los maquilladores. Se ubicaron frente a nosotros, saludaron y analizaron nuestras facciones; debían hacer su trabajo. Por suerte, las lágrimas ya no estaban, las había limpiado, pero de igual forma, se debían ver mis ojos hinchados. Nos hicieron caminar a otro salón, en donde había cientos de cuadros preciosos con modelos en ellos. Nos sentamos en los lugares que nos indicaron, y emprendieron con su deber. Hicieron una limpieza facial, para luego maquillarnos acorde a los peinados y a la ceremonia.

—Puedes ver que maquillé suave tus párpados, puesto que tienes los ojos verdes, y son ellos los que tienen que llamar la atención, no el retoque —asentí maravillada por su trabajo—. También puse un poco de colorete en las mejillas, dando un toque fino y sofisticado —comprendía a la perfección lo que me explicaba—. Ahora, sólo falta un poco de brillo labial, no necesitaremos rouge.
—Este… ¿por qué no rouge? —ella sonrió.
—Por que tus labios tiene un color hermoso y natural, con brillo, das más naturalidad aún y te verás preciosa —ahora podía comprender. Mi madre siempre me dijo que mis labios eran perfectos, ya que están bien contorneados y tienen un color rubí clarísimo.
—Gracias por todos —dije al ver que ya habían terminado con el maquillaje de mi madre, y con el mío—. Woo, te ves lindísima, madre —ella sonrió. Pero aunque lo intentara, no podía dejar de tener ese semblante desesperanzado.
—Gracias hija, tu también —hasta su voz era diferente a otras veces. Desesperante me resultaba el hecho de tenerla mal por algo que, al final, sólo me terminaría afectando a mi misma.
—Que tengan un lindo día —dijo la preciosa maquilladora—. Suerte en tu matrimonio, linda —sonrió y salió por la puerta con su muda ayudante. Junto con mi madre, salimos del lugar. Habíamos estado ya tres horas y media.
Tomamos un taxi, y partimos a la casa. Supuestamente, Joseph no debía estar ahí, puesto que debía ver si todo estaba en orden, el lugar en donde se haría la fiesta y los arreglos. Entramos apresuradas a nuestro hogar. Pudimos observar que todo seguía normal, pero sin Joseph.
Mi madre me presionaba para no demorarme, ya que estábamos atrasadas. En dos horas sería la boda y yo aún no tenía el vestido puesto. Corrí por las escaleras, hasta estar arriba y seguir con mi rapidez hasta mi cuarto. Entré en este, y luego entró ella. Con cuidado y rapidez, me vestí con el falso, pantys blancas y transparentes. Luego el vestido. Tuvimos más cuidado con este, ya que era de seda de la cintura hacia abajo.
Los tacos aún no me los pondría. Al rato mi mamá bajó por agua, no había tomado nada en todo el día, y encima tenía los nervios de punta. Volvió con esta y galletas VitaLife. Comí sin ganas y tomé el agua de un solo respiro. Tan sólo quedaba una hora, y el lugar no era cercano. Ubiqué los tacos blancos y altos en mis pies, bajé cuidadosa las escaleras, pensando que no había sido buena idea ponérmelos arriba. Tomé el velo y el ramo de flores y salimos a fuera, en donde me esperaba un lujoso BMW m6 descapotable. Precioso, pero demasiado lujoso. Joseph lo debía haber pedido para la ocasión.
Subí minuciosa al coche, ayudada por mi madre y el chofer. Nunca creí que el lugar al que nos dirigíamos fuese un lugar alejado. Lo noté cuando comenzamos a salir de la ciudad. Posiblemente sería una iglesia gigante, puesto que Joseph conoce demasiada gente. No conocí ni un lugar en los que estaríamos en nuestro casamiento, no tenía el menor interés en aquello, ya que estaba sumida en mis pensamientos sobre… Nick. No quería pensar en él, pero me sería imposible. Además, lo vería el día de hoy, dijo que estaría presente. Pero… ¿cómo lo estaría, si el me había enviado aquello en el sobre?
Intenté una vez más, olvidarme del tema. Últimamente se me hacía más que fácil hacer como si nada ocurriera, ya que estaba comenzando a recordar situaciones que ahora si sabía, que había vivido, pero las ignoraba.

Pude ver de a poco gente fuera de una iglesia. Mucha gente saludándose gustosa, pero al ver el automóvil, se formó gran alboroto.
— ¡Ahí viene la novia! —gritaban muchos con emoción. De lejos pude ver al muchacho que no me dejaba hacer más que pensar en él. Sencillo como siempre. Con un terno negro y camisa blanca sin corbata y algo desabotonada se encontraba en la entrada. Toda la gente entraba, pero el seguía parado ahí, con las manos en los bolsillos, despreocupado, como si nada ocurriese ahí. Un hombre, al cual no conocía, se acercó al conductor.
—Ve a darte una vuelta. Tienes que estar de vuelta en cinco minutos, para que la gente pueda entrar —dijo el caballero negro y robusto. Sonreí simpática, el me secundó.
—Entendido, Rob —el hombre se alejo, y el automovilista encendió el carro nuevamente. Partimos a no se donde, no conocía el lugar.

En todo momento venía a mi mente la imagen de él, fuera del templo, parado indiferente de todo lo que lo rodeaba. Se notaba que no tenía esmero en hablar, puesto que estaba más solitario que todos los presentes. No pude definir el tiempo que seguí adentro del transporte, sólo sé que no fue mucho más. Al llegar nuevamente al lugar, se encontraba con cinco o seis personas a fuera, que no tardaron en entrar. Con mi vista, busqué por doquier a Nicholas, pero no, no estaba. ¿Y si se había marchado? Dios, Valery, deja de pensar en él, estás en tu boda. Bajé, ayudada nuevamente por el conductor, mientras que mi madre bajaba por el otro lado. La esperé a ella, para que me acompañara a la puerta. De pronto, por esta, apareció el señor Jonas, Kevin Jonas. Hace tanto que no veía a mi querido “tío”, que me emocioné. Me lancé en sus brazos y besé sus mejillas.

— ¡Es el gran día, mi niña! —mi madre paso por al lado de él, sin siquiera saludarlo. Caminó al interior de la iglesia, dejándome solamente acompañada por Kevin.
—Si, lo sé —dije tratando de parecer alegre.
—Entrarás conmigo… ya sabes porqué —afirmé con la cabeza. Entrelacé mi brazo derecho con su izquierdo, y al dar el primer paso dentro de la capilla, el piano comenzó a sonar. La típica canción de los matrimonio.
Mis piernas temblaban, pero no le daba importancia. Cada paso que daba, era un vistazo a cada fila, para poder ubicarlo en algún lugar. Pero nada. Cada vez me encontraba más cerca del altar.
Miré desesperanzada la primera fila, del lado de los invitados de Joseph. Ahí estaba él. Me miró serio y forzó una sonrisa, ya que no podía ser más fingida. Mis ojos se estaban empañando. Sentí un nudo en la garganta, ya que estaba bloqueando el paso a las lágrimas, y eso causaba efectos. Llegué al lado de Joe, quien me miraba con los ojos brillantes. Ambos saludamos con un tipo de reverencia al padre, y el sonrió.
—Hoy —comenzó con su voz fuerte y grave—, estamos reunidos todos, aquí —cada palabra me hacía latir más fuerte el corazón. Cada palabra me hacía sentir, que ya lo iba a perder—, por una sola causa —miré a Joseph. Sonreía tremendamente feliz, lo secundé sin ganas. Volví a dirigir mi vista al sacerdote—, unir en sagrado matrimonio —sentí como mi corazón se partí en dos—, a esta joven pareja enamorada —mucha gente suspiraba de alegría, lo podía sentir desde mi posición. Miré disimuladamente a mi lado izquierdo. Ahí estaba él, con la cabeza gacha, jugando con sus dedos.
El párroco seguía dando sus sermones, que a decir verdad, no entendí y no tuve la intención de hacerlo tampoco. De vez en cuando miraba de reojo a Nicholas. En ni un momento lo vi prestando atención, ni a mi, ni al padre. Mas o menos una hora, vi demorar al padre mencionar palabras sin sentido alguno para mí, sólo lo miraba mover la boca y a lamentarme por lo que estaba haciendo.
—Ha llegado el momento que ya todos esperan —mencionó el siervo de Dios. Sentí pasos que pasaban por mi lado. Volteé la cabeza, y el ya no estaba. Miré por mi lado derecho, lo observé caminando rápido hasta la puerta de la iglesia—. Joseph Adam Jonas Miller —el miró atento al cura—. ¿Aceptas a Valery…? —en ese momento me levanté del asientito y corrí a la puerta de entrada. Mi corazón estaba acelerado completamente, lo sentía golpear fuerte, y podía escuchar el murmullo de la gente a mis alrededores. Al salir del lugar, observé que Nicholas no estaba, si no que mi madre.
—Sabía que lo harías, hija —sonrió al fin sincera.
—Madre… ya es tarde —recordé que lo que necesitaba, había quedado en el tocador.
—No, hija — ¿a qué se refería? —. Sabía que lo seguirías, aquí tienes —me entregó el papel de valor en las manos, y corrí en busca de un taxi. Observé que uno recién se situaba a los pies del lugar. Quité mis tacos y los llevé en mis manos. Subí agitada al automóvil, y el hombre que conducía, me miró extrañado.
— ¿No debería estar allá adentro? —preguntó algo desentendido.
—No, nunca debí estarlo —dije al fin con seguridad de mi misma—. Lléveme al aeropuerto ¡rápido!
—Que no se diga más —encendió el vehículo y partimos al lugar que había mencionado.
La angustia me recorría de pies a cabeza. Podía ser que no llegara a tiempo, y eso me tenía el estómago peor que antes. Sentía que en cualquier momento moriría de desesperación por no haberlo seguido antes. Los minutos se me hacían eternos, y los segundos aún más. No podía dejar de golpear mis pies contra el suelo del transporte y el caballero me miraba de vez en cuando igual de angustiado que yo. En momentos me sentía mal por haber dejado a Joseph haciendo el ridículo en frente de todo el mundo. Miraba como si fuese la primera vez, el pasaje a Oklahoma. De vez en cuando, el chofer me preguntaba cosas, las respondía, ya que él me estaba ayudando de sobremanera con su rapidez. Llegué al aeropuerto. Me disculpé mil y un veces con el hombre, ya que había olvidado que no tenía dinero. El estaba más ansioso que yo, por lo que le había contado, y no me cobró por lo mismo. Bajé sin cuidado alguno, ya no me tendría que apresurar. Corrí aún con los tacos en mis manos y el pasaje también. Ingresé en el recinto atestado de gente, tratando de encontrarlo en algún sitio. Pero nada. Me sentía frustrada. Hice un intento por subirme a un asiento, pero tanta gente no me lo permitía. Lo intenté más veces, y cuando al fin lo logré, no pude ver más que gente y mucha gente. Bajé algo deprimida y me dirigí a una recepción.

—Disculpe… donde tengo que ir para encontrar el vuelo 830 a Oklahoma —la secretaria me miró con mala cara. Quizá por mi vestido y por mi estado eufórico.
—Lo siento, señorita —arqueé una ceja—, ese vuelo, sale en cinco minutos, y no hay forma alguna de que pueda ingresar. Las puertas ya están cerradas —reí bajito.
—Usted no entiende… —el sonrió cínica.
—La que no entiende aquí, es usted —dijo presionando rápido teclas de su computadora—. No detendremos un vuelo porque a una dama se le da la gana —la miré con odio y me dirigí a un guardia.
—Perdón… el vuelo 830 a Oklahoma —asintió y sonrió.
—Es por allá, señorita —dijo mirando gracioso mi vestido.
—Gracias —corrí como una loca desquiciada al lugar indicado—. Tengo que pasar, señor —el rió con ganas, como si tratara de un payaso.
—No puede, dama —ya me estaban hartando todos los que me decían cosas absurdas. Debía entrar a ese avión.
—Se lo suplico, debo irme ya. ¡Es un caso de vida o muerte! —dije algo irritada.
—No sabe cuanta gente nos viene con eso todos los días —rió más aún. Ya estaba, no podía hacer nada. Ya nadie me escucharía. Decepcionada, me fui a sentar a una silla distante de todo. Miré a través del vidrio cristalino los aviones emprendiendo su vuelo. Supuse que uno de ellos sería en el que debía estar yo, pero perdí por necia.

Ya no podía hacer más. Había perdido al amor de mi vida, por querer hacer a los demás felices, sin pensar en MI felicidad. Me lamentaría de por vida. Y aún más, teniendo cerca de Joe, al cual dejé herido en el altar. No podía ser posible que mi vida fuese tan mala, ¿por qué no la de otra persona? Actualmente todo para mí era algo que podía ocurrir, sobre todo si ese algo era malo. Ya no podía esperar nada bueno en mi vida. Las tibias lágrimas bajaban por mis pómulos junto con el maquillaje precioso que me hacía lucir bien. Todas mis esperanzas se habían desvanecido, y mi corazón había huido lejos, junto con el amor de mi vida. Ya todo estaba hecho, ya no podía hacer nada al respecto, todas las oportunidades que había tenido se habían perdido, y todo por no escuchar todas las veces que me decían tú decides.

FIN.
























Capítulo Extra:



Narra Nicholas:

Me bajé de mi mustang, al llegar a la boda de mi hermano Joseph. Caminé lento hasta la entrada. Saludé a mamá, a papá, a Frankie y a Kevin. No tuve intención alguna de acercarme a felicitar a Joe, puesto que me había quitado con trampas a la mujer de mi vida. Nunca lo perdonaría por aquello. Los minutos pasaban, y yo seguía parado en la entrada. La gente se saludaba como si no se hubieran visto en una vida y yo sólo podía pensar en lo que sería mi vida. Era obvio que no aceptaría mi propuesta de irse a Oklahoma, a vivir conmigo. Ya era inútil llorar, con eso no la tendría de vuelta. En todo el tiempo que me alejé de ella, no se le ocurrió siquiera buscarme. Demostraba que todo lo que decía era falso. Maldigo el día en que Valery perdió la memoria, eso me jugó bastante en contra. No sabía hasta que punto sería Joe capaz de mentir para que Val estuviese con él.

— ¡Ahí viene la novia! —gritaban muchos como si fuese algo de vida o muerte. Levanté la vista, ella miraba angustiada a toda la gente, su rostro se veía algo tímido. Big Rob, un gran amigo de la familia, se acercó al BMW m6 que supuse, Joseph había arrendado para ella. El transporte comenzó a andar de nuevo. Me acerqué a Rob, quien se veía alegre.
— ¿Dónde van? —pregunté deteniéndolo, ya que el novio lo solicitaba.
—A dar una vuelta, tiene que entrar toda la gente —asentí con la cabeza. El siguió caminando, hasta llegar a mi hermano, quien me miraba con desconfianza a lo lejos. Cuando menos lo quería, lo tenía al frente mío, con semblante de desafío.
— ¿Qué crees que haces acá? —preguntó, mientras yo sacaba las manos de mis bolsillos.
—Sólo vine a tu boda —cuando me dirigía a la puerta, para entrar, me detuvo con una de sus manos.
—Me alegra que hayas venido a ver tu derrota —reí por lo bajo. El retrocedió y me miró sin entender la causa de mis carcajadas suaves—. ¿De qué ríes idiota? —esa era una de las tantas cosas que odiaba de Joe, te insultaba por nada.
—Me río de cómo eres —entrecerró los ojos—. No puedo creer que para ti, Valery sea un trofeo —tomó mi camisa e intentó levantarme, no le resultó.
— ¿Qué dices? ¿Que Valery es un trofeo para mí? —el se contradecía solo.
—Mira Joe… —me soltó y esperó a que hablara—. Sólo digo que, yo no vine a presenciar mi derrota —el me miró con más desconfianza aún—. Ni tu vienes a celebrar tu victoria.
—Mira imbécil…
—Calma, déjame terminar —si que le era fácil irritarse, y a mi estar tranquilo—. Esto no es un juego, nunca jugué. Si lo quieres ver de ese modo, bien por ti, pero no eh perdido nada —ahora si me adentré en el templo. Lo dejé sólo y con las palabras en la boca, no tenía intención de escuchar sus palabras sin fundamento.
Me ubiqué junto a mi madre, Frankie y Kevin, puesto que mi padre no estaba ahí. Posiblemente traería a Val al altar, lo que menos quería que ocurriera. Mi padre, de aliado de Joseph. Siempre creyó que mi amor por Valery era sólo un capricho. Nunca me entendió. Mi madre, era la única que me comprendía, pero sabía que no se podía hacer nada, pues Valery era la que decidía.

El hombre pianista comenzó a tocar su instrumento. Supuse que ella ya había dado su primer paso dentro del lugar. Agaché la mirada. Sus pasos eran cada vez más cercanos, y mi corazón se aceleraba más y más. La mujer de mi vida se casaría con mi hermano, y eso era lo peor. ¿Por qué no con un hombre que la mereciera de verdad? Joseph ha sido acostumbrado desde pequeño a conseguir todo como sea, incluso hiriendo a los demás. Esas enseñanzas no han sido de nuestros padres, diría que de sus malas amistades. Ahora los pasos eran audibles totalmente. Levanté la cabeza y la miré. Dios… Valery se veía tan preciosa con aquel vestido que le asentaba a la perfección, ella siempre tuvo buen gusto para vestir. Sonreí sin ánimos, y no por el hecho de verla, si no porque sería la última vez que lo haría. Se sentó en el diván compartido, junto con mi hermano. Él tenía su rostro reflejando fascinación y euforia, el mejor día de su vida había llegado. El cura encargado de casarlos, se ubico frente a ellos. Agaché la vista, no querría verla toda la ceremonia mirando con emoción a su futuro esposo.

—Hoy, estamos reunidos todos, aquí, por una sola causa, unir en sagrado matrimonio —esa palabra me haría tener pesadillas todas las noches. ¿Por qué tenía que estar casándose con él, y no conmigo? —, a esta joven pareja enamorada —la mayoría de la gente presente, suspiró. Yo lo hice, pero decepcionado.
A decir verdad, estuve toda la misa mirando mis dedos, jugando con ellos, sin escuchar bien las palabras del sacerdote. ¿De qué me serviría, si no sería yo el que me casaría con ella? Para mí, sus palabras no eran más que bochorno en mis oídos. Estaba cansado ya de todo. Al fin me había resignado a poner atención, pero el padre pronunció las palabras que me harían sufrir de por vida.
—Ha llegado el momento que ya todos esperan —al escuchar esto, me levanté. No querría escuchar los votos de Joseph, y menos los de Valery. Caminé rápido a la puerta, casi corriendo. A fuera, estaba la madre de Val. La saludé, y me largué triste del lugar. Subí a mi automóvil, ya debía irme. Estaba hecho, Val no había aceptado irse a Oklahoma conmigo. Partí rápido en el automóvil. Las lágrimas anegaban mis ojos, pero hacía intentos por seguir mi camino. Un taxi pasó por al lado mío, supuse iría a la iglesia, a esperar el fin de la boda para tomar a alguien. El hombre que lo conducía me miró extrañado y tocó la bocina, al parecer me estaba desviando de camino. Puse más atención y seguí tranquilo.
Apreté a fondo el acelerador, no quería perder el vuelo, ya que era lo único que me quedaba. El paisaje rural de a poco desaparecía, dando paso a lo urbano. La gente caminaba desesperada por las calles, otras descuidadas cruzaban sin ver el semáforo, cosa que muchas veces me hizo detenerme para ceder el paso. Al llegar al aeropuerto, me bajé de mi Mustang, quedaría sólo unos días solo, puesto que le diría a Kevin que se encargase de él.

Entré en el sitio atiborrado de personas apresuradas para tomar el vuelo. La tristeza no dejaba de hacerme compañía, por lo que caminé al baño, no me gustaba que me vieran llorando. Me encerré en una de los cubículos pequeños, y me senté en el retrete con la tapa abajo. Escondí mi rostro entre mis manos, indagando en algún rincón de mi mente a que iba tanta mala suerte en mí. También era mi culpa, por enamorarme perdidamente de una sola mujer y no buscar otra que pudiera reemplazarla. ¡A quien engaño! Valery es irreemplazable, nunca podría haber encontrado una mujer con sus virtudes y defectos, que realmente me resultaban adorables. Lo que más me gustaba de ella, era su natural forma de ser. Siempre fue tan sencilla… no como las mujeres de ahora, que piensan que la imagen lo es todo. Ella siempre se preocupó por los demás, muchas veces le jugaba en contra, pero era lo más lindo de ella, sacrificarse por su prójimo.
En veces, escuchaba como entraba y salía gente del baño, pero no me importaba. No sé bien cuanto tiempo transcurrió, en el cual estaba afligiéndome por mis propios errores. Nunca debí fijarme en ella, o lo mejor abría sido dejarla en paz y olvidarla con el tiempo.
Sequé mis ojos y mi rostro, salí del lugar pequeño para así lavarme el rostro en el lavabo. Sequé este mismo con mis brazos, y luego de tomar una gran bocanada de aire, salí del baño para ir a tomar mi vuelo.
Sin maletas, sin objetos, sin alegría ni esperanza me iría a Oklahoma. Ya nada importaba para mí. Dinero me sobrara para comprar lo que necesitara, pero la felicidad dentro de mi, escaseaba en cifras alarmantes. Caminé hasta llegar al lugar por el que tenía que entrar al avión, un pasillo oscuro, pero no me lo permitieron. El guardia a cargo, me detuvo sin piedad.

—Lo siento, ya es demasiado tarde para tomar el vuelo —se puso a reír, la razón no la sabía—. ¿Me creería usted, que una preciosa jovencita, vino aquí y también perdió el vuelo? — ¿qué me importaba a mí eso? —. Lo que más me causa gracia, es que, estaba vestida de novia — ¿por qué se reía de eso? No me parece gracioso burlarse de una joven vestida de… ¡¿QUÉ?!
—Perdón, dijo ¿una joven vestida de novia? —pregunté exaltado.
— ¡Si! ¿Ve que es gracioso? —no le encontraba gracia, pero estaba muy concentrado en otras cosas, no podía concluir tonterías.
—Sí, sí… ¿vio hacia donde se fue? —inquirí acelerado.
—Poco antes de que llegara, estaba sentada por ahí, me pareció verla llorando. A lo mejor el novio la dejó plantada a ella —volvió a reír.
—Oiga… deje de decir tonterías, eso no es para nada gracioso —le dije enfurecido antes de irme en la búsqueda de aquella novia. Podía ser o no ser Valery. Pero debía intentarlo, no la perdería ahora. Caminé rápido y sin dar importancia a las personas que me insultaban por pasarlas a llevar.
Muchas veces pregunté si habían visto a una mujer vestida de novia, la mayoría me daba indicaciones que me hacían andar en círculos. El nerviosismo me invadía, y los latidos de mi corazón eran tan fuertes, que sentía escucharlos en mis oídos. A lo lejos, divisé a la que tanto buscaba, y no, no me equivoqué, era Valery. Caminaba lento, parecía un verdadero zombie. Dejó caer los tacos de sus manos, y la vi caer al suelo a llorar desconsoladamente. ¿Todo eso por mí? Debería haber esperado más tiempo en la iglesia. Mucha gente se acercaba a hablarle, hasta un vaso de agua le llevaron. Dejé mi trance y corrí más veloz hasta su sitio, pero un enorme hombre con uniforme me detuvo.

—Me comentaron que está haciendo desordenes acá adentro —me miró algo molesto.
—Disculpe… si le explico rápido la causa, ¿me dejará ir? —pregunté mirándola, bueno, lo poco que se alcanzaba a divisar.
—No se preocupe, es sólo una advertencia, tenga más cuidado —asentí y caminé rápido, tratando de no lastimar a gente.
Pero sentía que el camino se me hacía más que eterno, no la podía divisar entre tanta gente, ya que ahora se encontraba sentada en el suelo. Miraba hacia todos lados, y todos me observaban con desprecio, posiblemente parecía un desquiciado, pero no me importaba. Haría todo por estar con ella, pese a lo que costaran las consecuencias. Ya estaba cansado, y entre ese enorme mar de gente, sentía estar andando en círculos. Me subí como pude a una silla, y la divisé caminando junto a un muchacho a la puerta. Él la miraba muy acaramelado mientras que ella caminaba mirando al horizonte. De un salto bajé de la silla, admito, sentí celos. Corrí con todas mis fuerzas, sin importar la advertencia del guardia, ni mucho menos las personas. La vi sentada en una banca, ahora sola y llorando, el muchacho se había ido, dejándola sola e indefensa. Corrí hasta ella. Saqué un pañuelo de mi bolsillo, y se lo entregué. Aún no notaba mi presencia. Me senté junto a ella. Ella secó sus lágrimas y siguió con la vista gacha.

—También creí haber perdido al amor de mi vida —dije mirando su perfil dotado de hermosura. Levantó la vista algo sorprendida, mirando al horizonte. Volteó su rostro y me miró sorprendida. Se levantó de su asiento y refregó sus ojos. Su rostro estaba destrozado pero no por eso sin su lindura siempre presente. El rimel se había escapado de su lugar y era evidente que había llorado durante mucho. Me levanté del asiento también, para poder mirarla de frente.
— ¿Nicholas? —aún no podía creer que la tuviera frente a mí, y al parecer, ella tampoco.
—El mismo —como por inercia, ambos sonreímos al mismo tiempo.
— ¡¡Nicholas!! —se abalanzó encima mío. La abracé fuerte, no querría tener que pasar por todo esto de nuevo. Estaba más seguro que nunca antes de que la amaba y que no la perdería por nada del mundo. Levantó su rostro de mi hombro y de a poco, juntamos nuestros labios como si fuera la primera vez.
Ya tenía junto a mí su aroma, su calidez, y sus caricias. El beso tomaba velocidad pero los sentimientos en él no se confundían. Cualquiera que presenciara la situación, pensaría que nos besábamos como si fuera el fin del mundo, pero así lo prefería yo, disfrutar cada día como si fuera el último. Sus labios salados por las lágrimas no dejaban de ser dulces, sólo tenían un condimento especial que los hacían más deseables. Ni respirar me importaba en ese momento. La tenía junto a mí, no tendría que seguir sufriendo por su ausencia, e inventando excusas tontas para consolar mis malas aventuras vividas. Tenía algo seguro, a ella la querría junto a mí por siempre, era más que un capricho, más que pasión, más que amor, es todo aquello junto y más. La amo hasta el día de hoy, en el que puedo decir seguro que todo valió la pena.

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