
Nueva familia, nueva escuela, nuevo vecindario… en fin, nueva vida. El ingreso del trabajo de Robert en mi familia fue esencial para que ahora me encuentre aquí, en Los Ángeles. Debo admitir que esta ciudad me encanta, pero no tanto cuando estoy lejos de mis familiares y amigos. Una vez más me hablaron para bajar de mi nueva habitación, sí, nueva.
— ¡Brittany baja ya, necesitamos hablar contigo! —Odio cuando me dicen eso, enseguida puedo notar que de algo bueno no se trata— ¡Por favor hija, no hagas las cosas más difíciles! —sí claro.
—Ya voy, espérenme —salí corriendo de mi habitación, hasta llegar a las escaleras, claro, seguí corriendo hasta llegar a la sala de estar, en donde muy contentos se hallaban mi madre, y mi simpático padre— ¿Por qué no me están regañando? —pregunté extrañada.
—Hay hija, no te reprenderemos —rió en dúo con su pareja. Sólo sonreí, y me senté en un sillón frente al suyo— Te dijimos que bajaras por una simple razón… Robert, sigue tu —Ja. Me resulta gracioso todo esto, suena como, en las películas.
—Entonces… ¿Qué pasa? —inquirí arqueando una de mis cejas, ellos sólo se miraban sospechosos, aquí hay gato encerrado.
—Nada malo. ¿Recuerdas que te hablé sobre los hijos de Robert? —piensa, piensa. Ah, claro.
—Sí, sí recuerdo.
—Es que ellos vendrán a vivir con nosotros — ¿Qué? —No pensarías que esta inmensa casa sería solo para los tres, ¿O sí? —en todo caso, esta casa es gigantesca, pero nunca creí aquello, ¿Cómo vivir con tres adolescentes que apenas conozco?
—Pero ¿Qué? ¿Por qué? — me levanté del acolchado asiento, desesperada comencé a caminar en círculos al rededor de mis familiares.
—Tranquila linda —Robert tomó mis hombros, luego me apegó a su cuerpo para otorgarme un lindo abrazo, el cual no respondí por mi estado de furia. Me alejé de él para luego volver al sillón.
— ¿Cuándo llegan? —indagué seca y cortante. Miré el suelo, sin amortiguar más palabras.
—La semana entrante —dijo mi padre, respondiendo mi forma huraña de expresarme. Me levanté del lugar, para caminar y situarme frente a mis padres.
—No pienso ser cortés —los miré vengativa directo a sus ojos, luego caminé escaleras arriba para poder llegar a mi habitación.
Al segundo en que entré en ella pude escuchar sonar el teléfono de la casa ¿Ya habían contratado una compañía telefónica? De todos modos, sin saber la respuesta, contesté antes de que la persona desapareciera de la línea. Pero ya era tarde, quedé sola escuchando los pitos que se escuchan cuando cortan la llamada. Dejé el aparato en su lugar y me senté en mi acolchada y nueva cama. Me acomodé aún más en ella, ya que por el largo viaje mi cuerpo comenzaba a pesar, de hecho creo que una siesta no me vendría mal. Cuando decidida, me recosté en la cama, para así recibir al señor de los sueños, volvió a chillar la maldita melodía del teléfono. Rápido contesté, antes de que me dejaran hablando sola.
— ¿Aló? —Interrogué sin saber quién sería— Sí… ¿de parte de quién? — ¿Sabe mi nombre? —. OH, tú debes es uno de los hijos de Robert —deduje al momento en que me explicó de donde sabía mi nombre—. Un gusto Joseph. Bueno, enseguida llamo a Melanie, espera un poco ¿sí? —Escuché su respuesta, por lo que enseguida tapé el teléfono, el lugar por donde se habla, para que no escuchase el exagerado grito que daría para que mi madre atendiera—. ¡¡MAMÁ!! —tenía razón, grité más fuerte de lo que esperaba—. ¡¡ESTÁ JOSEPH AL TELÉFONO!! —bravo, lo hiciste de nuevo. Saqué mi mano del lugar para dedicarme a despedirme de mi nuevo familiar—. En seguida atiende, nos vemos, adiós —escuché su despedida al otro lado de la línea y colgué para que mi progenitora pudiera sostener un ambiente privado con el muchacho. No entiendo como pude ser tan vil al decirle a mis padres que sería descortés con mis “hermanastros”, por lo que escuché, por lo menos uno es buena persona, no se merece tal trato, además, si los otros dos son sus hermanos, deben tener algún parecido ¿No? Ahora si pude acomodarme en mi cama, sabiendo que posiblemente no volvería a escuchar el maldito artefacto de nuevo, por lo menos, por ahora.
Escuché mi voz, por algún lugar, sollozando mientras un chiquillo me consolaba. No pude hacer más que caminar para poder encontrar el lugar, pero cada paso que daba me alejaba más de mi objetivo, la imagen cada vez más nítida, pero el sonido… el sonido no me ayudaba a hacer que esta se aclarase más. Seguí dando pasos, tímida de encontrarme con “algo” malo. El temor me asechaba, no se siquiera porqué, sólo lo necesitaba a él… ¿A él quien? No entiendo, no entiendo, ¡¡SIMPLEMENTE NO ENTIENDO!! ¿Qué me ocurre? Nuevamente esas voces, no pueden ser esas voces, atormentando mis pensamientos nuevamente. ¡Váyanse! ¿Que no entienden? Estoy confundida. Pero no, mientras menos quiero escucharlas, más se hacen presentes, es como si el volumen aumentara. Sin darme cuenta, estaba presenciando la situación, podía ver a los autores de aquellas voces, esas malditas voces. ¡ALTO! A mí me pertenece una de esas malditas voces, y la otra… ¡la otra no sé a quién! Si no fuera por el efecto de contraluz podría contemplar todo tal cual. Detente Brittany, escucha la escena.
—Lo siento, por más que quiera, nunca podremos estar juntos —sollozó, limpiando aquellas lágrimas que se hacían cada vez más presentes en mi rostro, al igual que en el de él.
—Nunca digas nunca, siempre existe una esperanza, es la que vivirá por siempre en mí —musité por sobre sus labios con un enorme nudo en la garganta. Me acerqué sólo unos milímetros para volver a saborear aquellos dulces labios, ahora un poco salados por el llanto que resbaló por ellos. Me separé de aquellos para así abrazarnos, y yo poder sentir su aroma tan varonil, aquel que puedo distinguir a kilómetros de distancia, aquel que sólo se acentúa bien en… Britt, Britt ¡despierta!
— ¿Ah? ¿Cuándo? ¿Qué dices Edward? —entreabrí mis ojos, para ver una imagen difusa de una mujer.
—De que hablas dormilona, no hay ni un Edward aquí ¡Estás loca! —Refregué mis ojos y pude ver un retrato mucho más claro de la persona, mi madre.
—Déjame ¡estaba en el mejor sueño y lo interrumpiste! —volteé y tapé mi cabeza con el primer cojín que hallé a mi alcance.
— ¿Soñabas con Edward? —preguntó burlona.
—Ha, ha, ha. Que chistosa, sabes que estaba dormida, por eso que dije el primer nombre que mi mente “inconsciente” pensó en decir —alegué en mi defensa, mientras quitaba el cojín de mi cara para pegarle a la culpable de mi mal humor.
—Ya, ya. Basta de juegos, sólo vengo a avisarte que Joseph llega mañana por la mañana, ¡cambio de planes! —No puedo imaginar cuantos centímetros abajo quedó mi mandíbula al escuchar tal noticia. Lo más probable, es que quedara en el suelo.
— ¿Qué? Pero, ¿no que son tres hermanos? —arqueé una de mis cejas mientras me posicionaba en el lecho para conversar mejor.
—Sí, pero ellos llegan cuando acordamos, sólo Joe será la excepción, y ¡Lo tratarás como se debe! —exclamó advirtiéndome, supongo que no quiso decirme los meses de castigo si me comportase incorrectamente.
—Claro que lo trataré bien. Además se escuchaba gentil por teléfono —traté de suavizar la situación.
—Así me gusta, ahora saldremos a dar unas vueltas a la playa con Robert, ¿Vienes? —se levantó de mi colcha y caminó hasta la puerta. Se detuvo en ella para escuchar una conclusión.
—No, gracias. Si salgo estaré por aquí conoceré el vecindario —sonreí. Ella me secundó tiernamente, no se fue, algo más quería decir.
—Bueno, como quieras. Si sales, lleva las llaves, porque no sé a qué hora regresaremos y no quiero que estés puertas afuera —me aconsejó.
— ¿Mamá? —Asintió con la cabeza, para darme el paso a hablar—. ¿Tú crees que no sé qué debo salir con llaves? —Sólo rió.
—Bueno, nos vemos —cerró la puerta y la escuché bajar las escaleras, a los pocos segundos, cerrar la puerta principal.
Me levanté para tomar un tentempié y alistarme para dar vueltas por la villa, pero antes, me dirigí al baño. ¡Válgame Dios! Esta apariencia es de una bruja, sí, de una bruja. Menos mal que vine al baño, no me imagino caminando por ahí y espantando a todo aquel que se me cruce por el camino. Peiné mi enredado cabello y lavé mi rostro. Delineé perfectamente la línea de pestañas mis ojos marrones, y peine una vez más mi flequillo, el rebelde nunca se da por vencido, siempre pretende tapar uno de mis ojos y hacerme ver como pirata, ¡Genial! ¿No? Después de arreglarme un poco, recordé que mi fachada no es la apropiada como “para hacer amigos”. Claro, un suéter que llega hasta el comienzo del cuello con unos pantalones que simulan ser patas de elefantes ¿Es vestimenta para estar en casa, no? Caminé hasta volver a mi habitación, y abrí mi nuevo clóset, el cual ordené apenas llegué del largo viaje. Extraje unos chupines azules, una remera blanca y mi chalequito rayado, líneas blancas y moradas ¡por doquier! Luego me puse mis converses blancas, las até bien y corrí hasta la cocina. Por suerte que traíamos con nosotros algunas cosas para comer, así no tendría que ir al negocio en mi primer día en Los Ángeles. Saqué un trozo de pan navideño —ya están cortados los pedacitos— y tomé una botella de leche con chocolate. Busqué un vaso de la caja —aún no desempacan la loza— quité el papel diario que lo protegía de los golpes en el camino, y lo lave. Luego lo dejé en el mesón y vertí la rica leche chocolatada en el vaso que ya no lucía transparente, ahora más café. Luego de alimentarme, subí al baño de arriba a lavarme los dientes, mi cepillo personal estaba allá, puesto que mi habitación está al lado. Los cepillé bien y bajé sin prisa, para ahora poder salir con calma a pasear. Tomé las llaves junto a la puerta, y salí. Muchas pequeñas saltando la cuerda me conmovían, me quedé observándolas mientras cantaban sus canciones y hacían todos los intentos posibles por no tocar ni por un centímetro la cuerda que volvía a pasar constantemente por el suelo. De repente, siento la presencia de alguien junto a mí. Una chica, de pelo lacio y negro, ojos verdes que resaltaban mucho por su rostro pálido.
—Hola —quitó la palabra clave de mi boca.
—Hola —sonreí, ella me secundó mientras, volvía a mirar a las niñitas.
— ¿Eres nueva aquí? —ya me esperaba esa pregunta, pero, no por eso la dejaré hablando sola.
—Sí, llegué hoy en la mañana, viajé toda la madrugada —rodeé los ojos, mostrando expresión de agotada.
—Debe ser muy devastador —dijo algo asustada, me causó gracia su expresión. Por alguna razón ambas comenzamos a carcajear. Cuando las risas cesaron, no tardé en hablar.
—Y tú… ¿Hace cuánto vives aquí? —interrogué anhelando una respuesta.
—Hace más o menos un año, a mi padre lo transfirieron definitivamente aquí, antes vivía cambiándome de casa —mostró expresión afligida, miró el suelo.
—Ohm, debe ser un triste pasado —dije mirando un punto inexistente en el cielo azul.
—Sí, pero ya lo tengo superado, es sólo la nostalgia —sonrió, la plagié.
—Claro, supongo que me pasará lo mismo después de haber dejado Manhattan —dije sin dejar de observar es punto muerto—. ¿En qué casa vives? —me apresuré en preguntar.
—En la de allá —apuntó con sus labios.
—OH, justo diagonal a la mía —ambas sonreímos.
—Si quieres… Si quieres puedes venir a cenar hoy a mi casa — ¿Es una invitación? Sí que es una chica amable.
—No lo sé… Creo que es muy pronto… me daría vergüenza…
— ¿Vergüenza de qué? Vamos, eres mi nueva vecina, así te integraras de alguna forma más rápido que los demás —sonrió.
—Está bien —la imité.
Nos quedamos mucho tiempo más conversando, hasta que vimos llegar a mis padres con bolsas de supermercado. Le presenté a mi nueva amiga, llamada “Valery”, lo supe mientras hablábamos. Ayudamos a mis padres con las bolsas y les dijimos sobre la cena en casa de Val, ya que debían saber dónde estaría. Contentos agradecieron a mi amiga y como ya se hacía tarde, iríamos a la casa de ella a cenar. Salimos de mi vivienda, y nos encaminamos a su casa, que sólo estaba ubicada transversal a la mía. Abrió la puerta de su hogar y pude observar una casa muy fina, llena de cuadros y adornos, algo sofisticados. De repente, vi aparecer a una señora, bueno, una joven señora por el pasillo, acompañada de un caballero también joven, supongo que serían los padres de Valery. Ambos muy bellos, pero su hija no se parecía mucho a ellos. El señor tenía ojos Azules y pelo castaño claro, la señora ojos marrones —más obscuros que los míos—, pelo castaño oscuro. De repente, apareció una chica interrumpiendo el silencio de la escena.
—Papa, sabes cual es la página… Ah, hola —saludó, notando mi presencia—. Soy Megan, tú debes ser nueva —agregó.
—Hola, sí, soy nueva aquí, llegué en la mañana —sonreí.
—Hola, soy Daisy O’Ryan —se presentó la dama.
—Soy Patrick Stone, bienvenida al barrio —todos sonrieron.
—Gracias… Discúlpenme por no presentarme antes. Soy Brittany, Brittany Monroe —dije, sonrojada por la atención con la que todos me observaban. Ellos sonrieron por mis rosadas mejillas.
—La invité a cenar, ya que es nueva —todos se ven muy simpáticos, son de veras unas lindas personas, bueno, por lo menos lo que se alcanza a ver, además de los apellidos que llevan.
—Hiciste muy bien en invitarla, así la conocemos más. También me gustaría invitar a tus padres, justo hoy íbamos a salir a cenar a Carpe Diem, así conocen uno de los mejores Restaurantes de la ciudad, ¿Te parece? —preguntó el caballero.
—Está bien, pero deben preguntarles ustedes mismos a mis padres, así reciben la respuesta sin rodeos —propuse. La joven pareja de miro y ambos asistieron con la cabeza— ¿Entonces vamos enseguida? —pregunté feliz.
—Claro, vamos —dijo la madre de las hijas, bueno “supongo” ya que antes Megan llamo como padre al hombre adulto.
Salimos todos de la casa de mi nueva amiga, hasta llegar a mi morada. Toqué el timbre, puesto que olvide que las llaves estaban en mi bolsillo. Se abrió sólo un poco la puerta, y mi padre asomó la cabeza, al ver que se trataba de mí acompañada con personas, abrió el trozo de madera por completo.
—Hola a todos —saludó mi padre a mis compañeros.
—Hola —dijeron todos en un compás gentil, que involuntariamente me hizo carcajear. Todos me miraron serios, luego callé y miré avergonzada hacia el suelo.
—Señor Monroe, bienvenido al vecindario —extendió la mano el padre de mi amiga, enseguida, la mano del mío iba a su encuentro. Agitaron reiteradas veces sus manos y luego se soltaron.
—Adelante, pasen. Está un poco desordenado, es que llegamos en la mañana —sonrió nervioso mi progenitor.
—No se preocupe, venimos para algo definido. ¿Aceptaría ir a cenar con nosotros a Carpe Diem? Es para conocer a mis nuevos compañeros de vivienda —ambos sonrieron.
—Está bien, pero pasen mientras le aviso a mi esposa —abrió aún más la puerta de entrada, para que todos pudiéramos pasar al interior.
—Está bien —menos mal que por lo menos están los muebles del living listos, de lo contrario, perezco de vergüenza.
Todos se acomodaron en la sala, y yo corrí a avisarle a mi madre, para que se vistiera con su mejor vestido, estas personas no eran de cualquier clase. Mi padre llego a los pocos segundos y comenzó a buscar su mejor terno, con la camisa apropiada para la ocasión. Salí de la habitación para dejar que se cambiaran de vestimenta y pensé que mis prendas de vestir que traía puestas no concordaban con la situación, por lo que subí hasta mi cuarto, extraje un vestido negro con Strass al término del escote triangular, luego de este era ajustado en el tronco, para después caer delicadamente con dobleces en la fina seda. Lo combiné con unos tacos plateados, sí, uso tacones altos, aunque sólo tengo catorce años. Peiné cuidadosamente mi cabellera, y tomé mi cabello en un peinado llamado “tomate”. Ahora si estaría a la altura de esa familia, puesto que todos andaban finamente emperifollados, todos con un traje de gala. Luego de maquillarme un poco, bajé al living en donde toda aquella familia esperaba sentada.
—Te ves grandiosa —no tardó en decir Megan, sonriendo.
—Es verdad, te ves preciosa —apoyó mi amiga.
—Gracias —dije sonrojada por los múltiples halagos.
—Estamos… —salió mi padre por la puerta de su cuarto, y quedó helado al ver mi apariencia— listos —terminó la oración.
—Se ve bien señor Monroe —dijo la madre de las muchachas.
—Gracias —agachó la cabeza y lo vi sonrojarse.
—Hola —saludó mi madre a las personas que nos encontrábamos en la sala.
—Hola —nuevamente ese gracioso compás.
Luego de que mis padres se presentaron y conversaron por al menos media hora, salimos al fin de mi vivienda. Caminamos hasta el Jeep de la familia Stone, era tan espacioso que todos caíamos en el sin ni un problema. Con las tonadas de Jazz suave fuimos conversando camino al refectorio. Al llegar pude sentir el perfume de la elegancia, sí, en el restaurante. Toda la gente presente en al sitio era de la alta aristocracia. Nos guiaron hasta una mesa redonda para ocho personas, mas un asiento sobraba. Nos entregaron unos libretos con elecciones de comida, los menús. Cada uno se pidió lo que más le complacía y esperamos a que lo sirvieran. Luego de un rato llegaron tres meseros —muchos a mi parecer— ya que todas las cosas que habíamos solicitado juntas eran demasiadas. Nos servimos, charlamos y trajeron el postre. Terminamos éste y comenzó la típica conversación de los padres: “Yo lo cancelo, no te preocupes. No, yo los invité, yo cancelo”. Al fin y al cabo cada uno terminó pagando lo de su familia y partimos de vuelta a nuestras casas. Llegamos al vecindario, nos despedimos y entramos en nuestra vivienda. Subí directo a mi cuarto, extraje mi pijama de una cómoda de madera y me vestí con él. Fui al baño a cepillarme los dientes, y volví a mi habitación. Me recosté en mi cama, estaba muy cansada, puesto que los brazos del Morfeo no tardaron en envolverme...
—Te… te amo —dijo separándose de mis labios. Rodeé su cuello con mis brazos, y apoyé mi rostro sobre su pecho.
—Yo, yo también… —me abrazó por la cintura, atándome para no dejarme escapar, claro que, nunca escaparía de él. Me separó lentamente de su cuerpo, tomó mi mentón, para así mirarlo directamente a los ojos.
—Te prometo que regresaré, este no es el final —sonrió, y nuevamente se acercó a mis labios. Depositó un pequeño y fugaz beso en mis labios y caminó hacia la puerta de mi habitación. Sentí como la tristeza me invadía en ese momento, y unas lágrimas minúsculas rodaban por mis mejillas. Un fuerte portazo provocó que secara rápidamente mis lágrimas, y girara a ver de quien se trataba. Ahí estaba él, mirando vengativo, Dios, ¡Ayúdame! State the obvious, I didn’t get my perfect fantasy, I realize you’re… Desperté asustada por la música de mi celular sonando. Miré la pantalla, las 11:30 de la mañana, luego contesté la llamada, de mi madre.
— ¿Aló? —pregunté aún adormilada.
—Britt, ¿Estás lista amor? En más o menos quince minutos llegamos con Joe — ¿¡Que!?
—Claro, claro —dije nerviosa.
—Entonces nos vemos, adiós —escuché que cortaron de la otra línea.
Debía apresurarme, por lo que corrí rápidamente a la ducha. Tomé un baño acelerado, luego de salir, envolví mi cuerpo en una toalla blanca. Al llegar a mi habitación saqué las primeras prendas que encontré en mi clóset, mis chupines blancos, con una remera verde con escote redondo. Mis zapatillas converse grises no podían hacer falta en mi tenida, por lo que las abroché y enseguida comencé a hacer mi cama. Al término de este quehacer sequé mi cabello y luego lo peiné delicadamente para así dejar a la vista mis ondas, tomé mi flequillo con una traba y bajé a la cocina para servirme un vaso de leche. Vertí la leche en el vaso y enseguida escuché el timbre sonar. Tragué lo más rápido posible aquel líquido, lo lavé y lo dejé en el mismo mesón de donde lo tomé. Corrí a la puerta, tomé aire, y abrí la puerta de entrada.
—Hola Joseph —saludé luego de ver a un chico perfecto al otro lado del umbral. Su sonrisa y sus ojos marrones cautivaron de inmediato los míos.
—Hola Brittany —Sonrió dejando a la vista su deslumbrante dentadura blanca. Lo secundé y enseguida observé que nadie más acompañaba al muchacho. Tenía las maletas en sus manos y se veían muy pesadas.
— ¿Te ayudo? —pregunté ansiosa por su respuesta.
—No te preocupes, no son pesadas —claro, y ahora quiere que me crea su historia, sólo porque quiere ser educado.
—No pongas excusas, están pesadas —ambos volvimos a sonreír, y quedamos mirándonos estupefactos por un buen rato.
—Entonces… entonces te ayudo —tomé una de sus maletas, y lo miré a los ojos—. Sígueme, te llevaré a tu nuevo cuarto —volteé y emprendí mi camino escaleras arriba hasta la habitación del “nuevo integrante” de la familia. Sentí sus pasos tras los míos, hasta que ambos nos detuvimos frente a la puerta de una alcoba. Sólo sonrió y yo me quité de su camino—. Acá es, te dejo para que te organi…
—No —interrumpió—. Quédate, conversemos, no quiero quedarme sólo —suena una explicación convincente.
—Está bien —sonreí, no tardó en imitarme—. Escucha, ¿Qué te parece si te ayudo a desempacar? Para qué, avances más rápido digo yo… —agregué.
—Está bien, pero sólo una maleta, la otra tiene ropa interior —ambos carcajeamos, luego ingresamos en la habitación. Dejamos sus pertenencias en la colcha y el abrió una valija—. Ayúdame con esta —sonrió.
—Claro —dije mientras comenzaba a sacar una por una las remeras y chupines presentes en aquel bulto de ropa.
—Desde que escuché tu voz en el teléfono supe que eres una chica amable y simpática —Debo admitir que eso me sonrojó.
—Gracias… tu también eres simpático —si este muchacho sigue con esa sonrisa me va a dejar sin respiración. Además de tener sus ojos sobre mí en todo momento.
—A si que… ¿tendremos que vernos las caras todo el tiempo? —sonrió—. En todo caso, no es un castigo convivir con tan bella dama —si no quiere que me derrita, que por favor cese de sus halagos.
—Eh… este… bueno… — ¡no! Ahora balbuceo como una Tarzán cualquiera.
—Te ves linda sonrojada —encima, me saca en cara que mis mejillas se ponen como tomates. No puede ser.
—No lo creo —hice un gesto de desagrado, bastó para que dejara de convencerme de lo contrario. De pronto, escuché el timbre sonar—. Iré a atender, deben ser mis padres… ¿Adonde fueron ellos?
—Al supermercado —ambos sonreímos.
—Bueno, iré a abrir la puerta, al almuerzo nos vemos —bajé rápidamente y abrí el trozo de madera café. Observé la figura de mis padres, hoy muy felices.
—Hola Britt —dijeron ambos al mismo tiempo. Típico de películas de Hollywood.
— ¿Y Joe? —inquirió mi madre.
—En su habitación, desempacando —dije sonriente—. Es muy simpático —añadí aún sonriendo.
—OH, eso es cierto —dijo Robert.
—Y ¿han conversado? —preguntó mi progenitora.
—Claro, no la gran cosa, pero sí —reí, mientras caminábamos los tres hacia el living.
—Que bueno. Deben conocerse más, al fin y al cabo, son hermanastros —hermanastros, grábate eso en la cabeza—. Ah, y debes recordar que la semana entrante llega Nicholas y Kevin, debes ser amable con ellos también.
—Exacto, no pensarías que seré desnaturalizada con ellos, ¿o sí? —arqueé una de mis cejas, ella sólo sonrió y besó mi cabellera.
—Esa es mi hija —dijo, mi padre me abrazó. Me sentí demasiado querida en ese momento, muchísimo.
—Mm, ¿harán pastas? —interrogué feliz.
—Sí, sabemos que a Joseph les gustan tanto como a ti, aunque no sé si le gusten tanto —los tres reímos por el comentario de Robert.
—Eh… Sabes que en eso nadie me supera —volvimos a carcajear juntos.
Seguimos en nuestra charla, sin la presencia de Joe, el supuestamente estaría en su cuarto ordenando sus prendas de vestir en el blanco clóset que se hacía presente en la recámara. Mis pensamientos estaban idos, sólo me daba vuelta en la cabeza cómo es que ese chico me parece tan lindo. Aunque algo tengo muy claro, el no es de mi tipo, no me gustan los muchachos que son demasiado extrovertidos, y menos si tienen ese toque de “señorito galán”. Su belleza puede ser mucha, pero su personalidad, para decir verdad, no me agradó del todo. Espero que sus “hermanitos” no sean del mismo tipo, porque creo que no lograría sobrevivir con tantos chicos halagándome. De repente, apareció en mi mente, mi habitación, por lo que no tardé en hablar.
—Iré a mi habitación, cuando el almuerzo esté listo me avisan —sonreí.
— ¡Quédate más! Estábamos entretenidos charlando —dijo mi antecesor.
—Pienso igual, pero quiero ir para allá —insistí, algo llamaba mi atención.
—Déjala amor, quiere estar en su espacio —gracias a Dios, alguien que me apoye.
—Está bien, nosotros te avisamos cuando hay que comer —sonrió, dándose por vencido, el es un buen padre…
—Nos vemos.
Salí de la cocina y me dirigí a las ahora interminables escalas hacia el segundo nivel de la casa. Al terminarlas, caminé a mi habitación. Todo parecía normal hasta que miré a mi derecha. Ahí estaba el, observando una fotografía de mi padre conmigo, recuerdo que enseguida hizo que mis ojos se empañasen. Él volteó rápido y me miró asustado, ahora agitado y nervioso por la situación en la que se encontraba. ¿Qué haría Joseph en mi cuarto? Lo miré perpleja, y el sólo reía nervioso y tocaba su nuca. En sus mejillas dominó el color rosa, y no dejaba de sonreír. Arqueé una de mis cejas y me crucé de brazos. El comenzó a caminar hasta la puerta de mi habitación, y cuando noté que pensaba escapar, tomé su brazo derecho y el me miró aún mas sonrojado, realmente, podría decirse que estaba más colorado que un tomate de temporada.
—Alto, ¿A dónde crees que vas? —pregunté calmada, no pretendía hacerlo sentir peor de lo que posiblemente estaba.
—Eh… a mi pieza —sonrió. Que ingenuo es este chiquillo.
—Mm, claro. Pero quiero que me respondas ¿qué haces aquí? —lo solté y el caminó para sentarse en la cama de mi alcoba.
—Dijiste que bajarías, pero quise ver si estabas aquí, ya que estaba la puerta abierta, pero no te encontré, y vi esa fotografía, me llamó la atención —dijo señalando la fotografía con su dedo índice. Con mi mano lo bajé y le hable.
—Es mala educación apuntar con el dedo —corregí, el miró molesto—. Pero tu explicación, parece convincente.
—De cualquier forma, no me importa si te convence o no, es la verdad —se levantó del lecho y comenzó a caminar a la puerta— Iré a mi habitación, nos vemos —dijo seco y cortante.
—Está bien —escuché el portazo de mi habitación. ¿Qué habrá provocado que se comportara de ese modo conmigo? No tengo ni la más mínima idea.
Me senté en mi cama reflexionando la situación, el se veía muy amable al principio. A lo mejor el se molestó por que le dije “Es mala educación apuntar con el dedo”, se debe haber sentido ofendido. Bueno, esperaré a que se le pase, no le puede durar por mucho, ¿O sí? Escuché una voz interrumpiendo mis pensamientos, la de mi padrastro.
—Britt, Valery está abajo —dijo mi padre luego de abrir la puerta de mi cuarto.
—OK, pero a la próxima toca antes de entrar, puedo estar ocupada —dije riendo.
—Eh, bueno —sonrió y cerró el trozo de madera.
Caminé lentamente y sin ánimos por el pasillo del segundo nivel de mi hogar, hasta llegar a las escaleras. Las bajé cuidadosamente y al llegar me dirigí a la sala. Observé a mi amiga muy feliz por verme.
— ¡Hola Britt! ¬—saludó con un beso en la mejilla.
—Hola Val, ¿Cómo estás? —pregunté sonriente.
—Excelente, recién supe que aprobé todos los ramos de la escuela —dijo sonriente.
— ¡Genial! —Wo, le va muy bien en clases—. Yo también aprobé todas las materias pero no sé con que promedio pase… mis padres deben saber. Ahora, sólo me resta buscar una escuela privada.
—La mía es privada… Y tú ¿Cómo estás? —inquirió aún con aquella expresión de felicidad.
—Bien… Ahora tengo otro integrante en la familia, llegó uno de mis hermanastros, a la otra semana llegan los otros dos —me afligí al recordar a Joe.
—OH, genial. A la tarde, ¿tienes tiempo para ir al cine? Podríamos ver Twilight, hoy es el estreno —sonrió.
—Si, amo a Edward Cullen —sonreí.
—Entonces, ¿Paso por ti a las cuatro y media? —preguntó.
—Claro, pero creo que tendré que ir con Joe, por que no me dejarán dejarlo sólo —dije.
— ¿Quién es Joe? —arqueó una de sus cejas.
—Mi hermanastro, del que te hablé.
—Ah, bueno, entonces iré con mi novio —claro ahora nosotros iremos a estorbar entre el par de tortolitos.
—Bueno… nos vemos después —sonreí.
—Adiós —besó mi mejilla y caminó a la puerta de entrada, la abrió y se marchó.
Caminé hasta el segundo piso, para ir a mi habitación. Comencé a armar tenidas para vestir cuando fuésemos al cine. Opté por una tenida mas desabrigada, hacía mucho calor y probablemente después también. Escogí una remera de tiritas y escote triangular color calipso y una mini falda negra. Unas hawaianas plateadas con brillito en la parte superior para mis pies. Mi madre ya comenzaba a gritar para ir a almorzar, por lo que dejé aquellas prendas en mi cama y salí de mi habitación, bajé las escaleras y llegué a la cocina.
—Mm, huele bien —dije con una sonrisa en mi rostro.
—Tiene razón, huele exquisito —dijo mi “hermano” haciendo su aparición.
—Entonces, tomen asiento, se enfriarán si no los comen —dijo mi padre.
—Tienes razón —dije, sentándome en una silla y acomodando un pañuelo blanco y grande encima e mis piernas—. Provecho —dije a todos, con mi vista sostenida en Joseph, él parecía indiferente.
Hablamos cosas sin importancia durante el almuerzo, pero me estorbaba demasiado la presencia de Joseph, si no me hablaba, me miraba enojado. Es algo molesto estar así durante media hora, sí, media hora nos demoramos en almorzar, por las charlas. Cuando terminamos, agradecí y subí a mi habitación. Luego recordé que debía avisar que en una hora vendría Val para que fuéramos a ver la película, por lo que corrí escaleras abajo para avisar. Ya con su permiso, subí calmada, pero recordé que Joseph debía venir conmigo, si el no iba, no me dejarían ir. Toqué la puerta de la habitación, mas nadie abría.
—Vamos Joe, sé que estas ahí —dije impaciente, pero aún no daba la cara—. Voy a entrar, te lo advierto —insistí, mas no se rendía, por lo que abrí la puerta y entre. Caminé hasta al medio de la habitación, pero no se encontraba adentro. De repente, escuché a como cerraban la puerta y caminaban hacia mí. OH no. El chico me abrazó por la espalda para dejarme apegada a su torso. Me volteé rápido y traté de zafarme de él, pero sus fuertes brazos no me dejaron escapar.
—Este… Joe por qué… ¿Por qué me estás abrazando? —pregunté sonrojada y nerviosa, tener su rostro tan cerca del mío provocó que mis hormonas se dispararan hacia todos lados.
—Porque quiero —sonrió perverso. ¿Tan rápido se le pasó la rabia conmigo?
—Suéltame por favor —supliqué con un hilo de voz, ya que sus labios definitivamente no se encontraban a un centímetro de distancia, si no que a un milímetro de los míos.
—Me gusta como te ves nerviosa —Ay dios, este muchacho me va a matar. Esos ojos, ese aliento mentolado que recorre mis instintos de mujer. Alto, ¿Cómo piensas en que te guste un chico si apenas lo conoces? Basta Britt, basta.
—A mi no —sollocé por sobre sus labios. El sólo sonrió y lo sentí hacer presión en mis labios. Capturó mi labio inferior, para luego seguir con el inferior. ¿Dónde está mi fuerza de voluntad? Has algo, no puedes dejarte llevar… a quién engaño, este chico besa excelente, debo admitir que no quiero terminar con esto, pero debo.
—Basta ya —lo separé de mi cuerpo, él me miró sorprendido.
— ¿Acaso no querías? —preguntó arqueando una de sus cejas y acercándose a mí.
—No, sólo pasó que me paralizó tu forma de actuar ¿En qué pensabas cuando me besaste? —dije esquivando sus brazos que me pensaban apresar de nuevo.
— ¡Hey! No tienes que quejarte, respondiste el beso —dijo enojado.
—Claro que no, eres un tonto —fruncí el ceño, ¿Quién rayos cree que es?
— ¿Entonces para qué viniste a mi habitación? Sé que querías venir por mi —sonrió perverso.
—No, sólo venía avistarte que mi amiga Valery vendrá dentro de cuarenta y cinco minutos para que vallamos al cine —abrí la puerta de su habitación.
—Ni siquiera me preguntaste —dijo enojado nuevamente.
—Ya es un hecho —dije cortante. Salí del cuarto y caminé hacia el mío.
Cerré la puerta con seguro y comencé a desvestirme. Al quedar en ropa interior comencé a vestirme con las prendas elegidas. Luego abrí la puerta y caminé al baño para así lavar mis dientes. Luego alisé mi cabello, solté mi flequillo y lo dejé tal cual, sólo lo ordené un poco. Salí del baño y caminé nuevamente a mi habitación. Me senté en el tocador y comencé a delinear de color celeste mis ojos. Luego eché un poco de sombra en ellos, rimel y apliqué brillo transparente en mis labios. Tomé una cajita del mismo sitio y tomé un par de aretes calipsos, un anillo plateado y una cadena con un dije de una niña. Me los puse y me comencé a sacar fotos, pronto me instalarían Internet y debía tener fotos para subir en mi myspace. Cuando ya llevaba más o menos cien fotos —de las cuales me gustaron sólo la mitad— apagué el aparato para bajar, ya sería hora de salir. Tomé mi cartera y dejé dentro de ella mi billetera, necesitaría dinero. Bajé y esperé a que el timbre sonara, y lo hizo. Caminé para abrir y ahí estaba Valery, con un chico rubio de ojos claros, muy lindo, pero no de mi gusto. Ambos estaban tomados de la mano, lo que me provocó ternura.
—Hola —saludé de un beso en la mejilla a cada uno.
—Hola —dijeron ambos, luego se miraron tiernos y sonrieron.
—Soy Cody, Cody Linley —dijo el muchacho.
—Soy Brittany Monroe —dije sonriente—. Adelante, pasen.
—Permiso —dijo Valery, luego el muchacho.
—Le avisaré a Joe, enseguida vengo —subí y toqué la puerta de la habitación de mi hermanastro. El abrió y sonrió—. Ya es hora, están esperando abajo, Valery y su novio —dije.
—Te ves hermosa —dijo tierno, mas aún no olvidaba la forma en que actuó… Bueno, actuamos.
—Mm, gracias, te esperamos abajo —dije aún molesta. Bajé las escaleras y me senté en un sillón del sitio en que me esperaban—. Baja en un momento —sonreí.
—OH, esperaremos —ambos sonrieron. Son tan románticos, me encanta la pareja que hacen, pero en ni un momento supe que Val tenía novio, pero ahora que mas da, están juntos y ya.
—Estoy Lis… —Joe miró a Cody y quedó paralizado—. Cody, amigo — ¿Qué? ¿Se conocen?
— ¡Joe! ¡Tanto tiempo! ¿Qué haces aquí? —preguntó feliz.
—Vivo aquí amigo, mi madre está enferma y no puede cuidar de mí, tuve que venir acá.
—Alto, ¿Cómo rayos se conocen? —pregunté confundida. Ambos rieron por mi reacción y luego quedaron mirándome serios. Mi amiga Valery arqueó levemente una de sus cejas, y ellos sólo atinaron a negar no sé que cosa con su cabeza. Me puse nerviosa, esta situación se estaba tornando un tanto extraña, se veía que Val estaba al tanto de todo esto, mas yo, no.
—Y… ¿Piensan decirme? —pregunté algo molesta. Ellos seguían mirándome sorprendidos.
—Explíquenle, se nota que no tiene conocimiento de todo esto aún —apoyó mi amiga.
— ¿Conocimiento de qué? —pregunté angustiada.
— ¿Acaso no lo sabes? —inquirió mi hermanastro.
—Huy, si, sabes que me encanta saberlo, siempre hablo de esto —dije irónica. El sólo rió despacito, y se acercó a mí.
—Entonces, no te diré —sonrió sarcástico—. Como dijiste, ya lo sabes —retrocedió, y Cody le dio un fuerte manotazo en el brazo—. Auch —se quejó.
—Joe, ya sabemos que la chica no sabe —adoro a este chico. Es genial observar que deja como un tonto a Joe—. Tranquila, te explico —sonrió—. Es que, nos conocemos por todo este ambiente de la fama, no sé si haz escuchado a “Los Jonas Brothers”, y Hannah Montana —dijo el muchacho.
—Mm, y ¿ustedes quieren que me crea este cuento? —reí.
—Es cierto, Brittany —dijo seria mi amiga. Comencé a carcajear, mientras todos me miraban aún circunspectos.
—Val, no puedo creer que te prestes para este tipo de bromas —dije aún riendo.
—Es la verdad. Bueno chicos, por lo menos lo intentamos —dijo la chiquilla, aún molesta por mi comentario.
—Mm, saben que no lograrán convencerme —reí—. Además, mi padre me habría conversado sobre esto —sonreí triunfante.
—No entiendo cual es la razón por la que nuestro padre lo ocultó, pero debe ser una muy buena —dijo, luego, Val y su novio afirmaron con la cabeza.
—Ya, ya. Basta de bromas y vallamos antes de que se agoten las entradas —cesé mi risa, y me puse seria.
—OK, pero ten en cuenta, te dijimos la verdad —dijo Cody.
—Ha, si como no. Vamos —los miré molesta—. ¡¡MAMÁ, PAPÁ, YA NOS VAMOS!!
— ¡¡ESTÁ BIEN, NOS VEMOS!! —devolvió aquella vociferada, Melanie.
Salimos de mi hogar y enseguida llamamos a un taxi, para que nos trasladara hasta el centro comercial. El camino fue entre carcajadas, ya que nuestro simpático amigo —y hermanastro mío— nos hacía sacar una sonrisa con sus graciosas rutinas de humor. En cada momento recordaba ese beso, seguido de eso, al hermoso chico de mis sueños, el que hacía mi que mis sueños tristes sean “Mi perfecta pesadilla”. Ese cabello tan hermoso, tan característico de él, sus ojos tan almendrados, su aroma tan varonil, que puedo percibir desde los mismos sueños, pesadillas que él hace amenas. Totalmente distinto a Joseph. Ambos tienen sus virtudes, acompañadas de sus defectos, aunque a Joe le encuentro muchos más defectos. Mientras pensaba en ambos, una voz familiar me distrajo.
—Llamando al Agente XXZ, emergencia en el centro comercial —Dijo muy serio Joe, poco más se creía del FBI.
—Se solicita que preste atención, es un caso de vida o muerte —ayudó mi amiga Valery, logrando que al fin escuchara sus burlas.
—Ya, ya. Desperté de mi sueño despierta — ¿Qué clase de tonta se molesta a si misma? Creo que yo soy la única en este gran universo.
—No lo demuestras —se burló Cody.
—Ha, ha. Me hace tanta gracia —dije irónica. Todos me miraban sonrientes.
—Que bueno —dijo Joe—. Britt y yo iremos a dar un paseo, para que ella conozca más, ustedes entienden —les guiñó un ojo a sus amigos.
—Claro, ve, sabemos que tu hermana es nueva en la ciudad —dijo su amigo.
—Querrás decir H E R M A N A S T R O S —remarqué la última palabra, ellos sólo sonreían.
—OK, pero es lo mismo, en el fondo son hijos del mismo… ¿Padre? —Dijo en tono de pregunta—. Si es que no me equivoco.
—No, no te equivocas —dijo Joe.
—Aunque feliz, no sería su hermano —dijo disgustado. Mientras Cody y Val se dedicaban miradas tiernas, me miró provocativo, luego mordió su labio inferior.
—Tu sabes a lo que me refiero, Brittany —sonrió perverso.
—OH ya entendí, son de esos hermanos peleadores —dijo Valery. Pobre inocente, si ella supiera a lo que realmente se refiere Joseph, no pensaría igual.
—Bueno, ahora si que nos largamos, hace mucho dije que iríamos —recordó. Nos despedimos de un beso en la mejilla con ellos y acordamos juntarnos donde mismo en una hora. ¿Cómo podría estar tranquila sabiendo que estaría con este chico todo el tiempo? Es peligroso, muy peligroso.
—Huele a peligro —dijo inventando una canción, en realidad no se si existe.
—Cállate, era pasear, no hablar —expresé molesta.
—Eso crees, linda —nuevamente esa sonrisa matadora—. Ven —enunció tomando mi mano diestra y entrelazando sus dedos con los míos.
Comenzamos a caminar entre la multitud, en todo momento sintiéndome observada, no precisamente por él —por cierto, de vez en cuando me ojeaba— si no que por nuestro entorno. Me llevó a un lugar nuevo del centro comercial, donde no mucha gente iba, las boutique eran más siúticas y costosas que las multitiendas. Nos sentamos apartados de ese tipo de comercio, en un lugar muy solitario, acompañado de una pileta. Todo el lugar era un paraíso, muy bien decorado, completamente el cielo, con más excelencia. Sentí su mirada persistente sobre mí, sólo atiné a mirar el suelo, no pensé en mirarlo directo a los ojos, se aprovecharía una vez más de la situación.
—Eres… eres tan linda… —esta vez lo escuché ser tierno, por primera vez desde que conozco su persona.
—Gra… gracias —respondí nerviosa.
— ¿Qué tienes? —preguntó con un brillo especial en sus ojos. Esta vez percibí la transparencia de sus palabras.
—Que. ¿Tengo algo en la cara? —interrogué preocupada.
—No me refiero a eso… —rió despacito—. ¿Qué tienes para haberme echo desearte desde el principio? ¿Qué tienes para cautivarme de tal manera? —rayos, me deja sin habla. No tengo idea que responder a sus frases, aunque ahora puedo notar que… el no pasa de una atracción para mí. No es mi tipo.
—Nada, soy lo que soy, no aparento ser nada —me encogí de hombros y negué con la cabeza.
—Eso, eso es. Eres la primera que no me miente para conocerme… —sentí que su vista nuevamente se clavaba en mí, levanté la cabeza.
—No te mentiré, eres mi medio hermano, además, sí o sí te conocería —sonreí.
—Eres tan distinta al resto, tan distinta —miró un punto infinito en el cielo—. Quiero pedirte que me perdones por lo del beso, no entiendo como es que lo hice… creo que fue un impulso —volvió a dirigir su mirada penetrante a la mía.
—Ajá —asentí con la cabeza—. Siempre supe que fue un impulso —sonreí como una ganadora.
—Pero ese impulso no vino por nada… —se sonrojó y miró el suelo.
—Estem… Joe creo que se nos hará tarde —dije angustiada. Mas sólo lo hice para no seguir a solas con él.
—No creo, no llevamos ni media hora aquí, de hecho, son veinte y cinco minutos —Por Dios. No se qué explicación inventarte a este chiquillo, siempre sacará alguna excusa para poder quedar a solas conmigo, lo pensé bastante y llegué a la conclusión de que no quiero que lo que pasó no se vuelva a repetir, sí, el beso.
—Pero Joe, quiero regresar ¿Te molesta eso? —pregunté indiferente, el sólo sonrió.
—Claro que no, pero…
—Entonces volvamos, si quieres podemos comer un helado y nos largamos, pero volvemos después de eso —insistí. Su rostro se vio iluminado, su sonrisa era más amplia.
—Está bien… pero, con una condición —siempre supe que no se rendiría así de fácil.
— ¿Cuál sería la condición? —inquirí algo intrigada.
—Yo invito los helados —OH, vaya.
—No, no gracias, yo invito —dije incrédula, el sonrió mirando el suelo, y agitó reiteradamente su cabeza en signo de negación.
—Yo invito, ya te dije. Eso, o no hay trato. A sí de simple, hermana —Nunca se cansa de hacerme mal ¿Cierto?
—Está bien… —miré el suelo.
— ¡Sí! —gritó contento.
—Oye, calma las revoluciones, es sólo una propuesta aceptada —Traté de calmar su entusiasmo, mucha gente cercana nos miraba extrañada.
—Este… claro —su sonrisa ahora era de oreja a oreja. Yo sólo atiné a reír de su graciosa faz.
— ¿Qué? ¿Tengo un payaso pintado en la cara? —preguntó ofendido, seguí riendo.
—El payaso eres tú, Joe —se cruzó de brazos y yo seguí con mis carcajadas.
—Sí, como no —negó con la cabeza.
—Ya payasito, vamos —jalé de su brazo, y luego nos fuimos caminando tomados del brazo. Por algún motivo pude observar que estaba embobado, sus ojos tenían cierto fulgor y estaba ido hacia el más allá—. Joe… ¿Pasa algo? —pregunté preocupada—. Joe… —agité reiteradas veces mi mano libre delante de sus ojos, pero nada—. ¡¡JOSEPH!! —vociferé, y al fin reaccionó.
—Ah, ¿Qué pasa? —agitó su cabeza y yo me largué a reír.
—No reaccionabas —dije arqueando una ceja.
—Ah… es que yo estaba pensando —de pronto su rostro se vio iluminado por una sonrisa mayor.
— ¿En qué? Debe ser algo muy lindo para tenerte así —reí bajito y suave, el acarició mi rostro, y volvió a sonreír, pero esta vez, tiernamente.
—Es alguien el que me tiene así, una chica… una chica que conocí hace poco y me tiene loco —OK. Admito que eso me causó cierta desilusión. El saber que ese beso no significó nada en absoluto para él, no es lindo.
—OH… ya veo —miré el suelo—. Y… ¿Quién es?
—Mm, no puedes saber —rió.
—Ah… Bueno, algún día me dirás quien es la afortunada —traté de sonreír.
—No lo creo… le di un beso, y ella dijo que no quería que se volviera a repetir, no creo que me acepte dentro de su corazón —su rostro mostró desilusión.
—Pero esa chica debe saber algún día lo que sientes por ella, tarde o temprano tendrá que enfrentar la realidad, en alguno de esos casos ella siente lo mismo —a pesar de lo usada que me siento en este momento, no pierdo mi sensibilidad ante los temas de amor, debo ser comprensiva, se nota que el realmente quiere a la muchacha de la quien habla tan ilusionado.
—Gracias por tus consejos… Espero que la chica a quien tanto quiero sepa lo que siento por ella… mi actuar da que pensar… creo que ella lo tiene claro —sonrió.
—Ojala… —de pronto, sentí como el muchacho entrelazaba sus dedos con los míos. Miré mi mano y el rió despacito.
—Joe… esto es…
—No te preocupes, nada ocurrirá —acarició mi rostro—. Vamos por esos helados.
—OK. Espero que no haya paparazzi cerca —ambos reímos.
—Ya lo hubiéramos notado hace mucho —Seguimos carcajeando con gusto. Mientras caminábamos hasta la heladería, sentimos un flash en frente de nosotros. OH, Dios mío, ¡ayúdanos!
—Hey, alto, no tomes más fotografías —dijo al fotógrafo. Intentó no levantar la voz, para que nadie prestara atención a la escena.
—Muchacho, este es mi trabajo —rió el tipo alto y delgado.
—Pero no tienes por qué hacerlo si te digo que no lo hagas —Se acercó al fotógrafo, lo que hizo que este se espantara y saliera corriendo—. Es sólo un pobre idiota —rió.
—Mm, sí. Si realmente amara su trabajo habría sacrificado su rostro —lo secundé.
—No lo habría golpeado, era sólo para ver que tan valiente es —OH, ya veo.
—Siempre lo supe —mentira, mentira.
—Que bien —sonrió tierno, sólo lo imité.
Seguimos nuestro camino hacia la heladería —el que anteriormente interrumpió el paparazzi—, para poder obtener nuestros refrescantes y dulces helados. Al llegar, pagó Joseph, y la cajera le entregó una boletilla, con la cual pidió dos helados de cono doble. Pedí Pistacho y algodón de azúcar, mientras que Joe, Marshmallow y chocolate suizo. Salimos del local y caminamos a una banca cercana y solitaria, para no tener que toparnos con demasiada gente. Terminamos nuestro granizado y caminamos al encuentro de nuestros amigos, al fin y al cabo sólo quedaban cinco minutos los cuales demoraríamos avanzando hacia el lugar. Al llegar no esperamos a Val y a Cody, ellos ya estaban en el lugar, sentados mirándose como la mayoría del tiempo.
— ¡¡Hey!! Ya estamos aquí, no sé si lo notaron —dijo Joe al notar que ellos seguían en su mundo de fantasías.
—Dis… discúlpennos —dijo Cody, agachando la cabeza por su notoria forma de sonrojarse.
—Sí, discúlpennos —apoyó Valery, avergonzada de igual o peor forma.
—Tranquilos, no se preocupen —sonreí—. Ahora vamos a ver la película, ya deben estar empezando a llenarse los asientos —dije preocupada.
—Sí quiero ver a Edward —explicó Val, mientras sus ojos brillaban.
Caminamos hasta el cine, compramos cuatro entradas y pasamos a ver “Twilight”. Nos sentamos en una de las filas de al medio, ya estaban pasando los tráiler de otras películas. Joe me abrazó por el hombro y yo no objeté absolutamente nada, no quería dar de que hablar a nuestros camaradas. Apagaron las luces de la sala y siguieron pasando los comerciales de los próximos filmes a estrenar. Miré a mi amiga y estaba besándose con su novio, no miré más y me dediqué a mantener mi vista fija en la pantalla grande. Sentí que me miraban de sobremanera, por lo que comencé a buscar al causante de mi molestia. Y no era quien pensaba, era Joe. Se rió ante mi rostro sonrojado, sí, se veía por algunas imágenes claras de la publicidad, que iluminaban el rostro de todo espectador. Agaché mi vista tratando de ocultar mis mejillas rozadas, pero él tomó mi mentón y me obligó a mirarlo. El contacto visual que nos otorgábamos era a más no poder. Lentamente pude ver que se comenzó a acercar a mis labios, hasta que al fin hizo contacto con ellos. Era como si fuéramos sólo nosotros dos en la inmensa sala. Era todo al compás del silencio, porque ni siquiera podíamos escuchar los sonidos que transmitía el comienzo de la película, bueno, al menos yo. Nos separamos lentamente y observé como abría lentamente sus ojos, estos brillaban, miró de reojo a sus amigos, ellos seguían en su mundo, menos mal que no nos observaron besándonos.
—Que suerte —dije en un susurro sobre sus labios.
— ¿Qué suerte qué? —preguntó Cody. Nos miró con los ojos como platos por nuestra cercanía.
—Nada, es solo que… le estaba contando un secreto a Joe, después de todo, hace mucho que no nos veíamos —desde nunca, ¡¡lo conocí hoy!! . Se me da bien esto de mentir.
—Tienen razón, sigan con sus secreteos —dijo con faz de comprensión, lo más probable es que me haya creído.
—Eres buena mintiendo —emitió bajito, casi en un solo siseo, que entendí a la perfección.
—Eso creo —respondí de la misma forma.
Empezaron a rodar al fin el Filme. En todo momento estuve observando las escenas románticas, dramáticas y de miedo en la película tan linda con los personajes aún más hermosos, y los principales Edward y Bella. No podía resistir el llanto en momentos tristes, momentos en los que Joe me abrazaba más fuerte de lo normal. Sentí todo el tiempo su vista sobre mí, cosa que no me molestaba, pero tampoco me tenía tranquila. Valery prestó más atención a su amado que al film, yo miraba aquella ternura de vez en cuando, y ellos estaban tan adentrados en su tierno mundo que ni notaron mi fulgurosa vista sobre sus mimos. Terminó la película, y nosotras con Val no tardamos en comenzar a cantar cada una de las hermosas canciones, los dos chicos nos miraban como avergonzados, y probablemente todo el mundo pensaba que éramos unas pobres dementes. Los créditos duraron durante mucho, por lo que coreamos por mucho. Al terminar, me levanté junto a Val y comenzamos a gritar como unas enfermas mentales, nos abrazamos y volvimos a sentarnos en nuestros respectivos lugares.
—Amo a Edward Cullen —dije mirando aún la pantalla, ahora sin transmitir nada.
— ¿Qué tiene él que no tenga un chico como yo? —dijo Joe, Val y Cody rieron.
—Que él es adorable —sonreí— y tu... tú eres mi hermanastro —reí.
—Pero igual —rió.
—Que la sangre que corre por nuestras venas no sea del mismo padre, no quiere decir nada —dije. Quedé pensativa, nunca hablaba sobre ese tema. Mi madre se separó de mi padre, el la dejó a los cuatro años de casados, y cuando yo apenas tenía un año. Ahí fue cuando apareció Robert en mi vida, haciendo feliz a mi madre, y lo que puedo recordar, desde pequeña a mí.
—Sí, sí, era una broma, somos hermanastros —a él también se le da bien mentir.
—Son muy graciosos —dijo Valery, riendo junto con su pareja.
—Viene en nuestros genes —sonrió victorioso.
— ¡Que no somos hermanos de sangre! —Dije molesta
—Bah, da igual —dijo, los tortolitos aún reían de nuestras conversaciones.
—Niñitos, hace mucho estoy esperando que se vayan para poder limpiar un poco y dar paso a la siguiente función, ¿Se pueden ir ya? —una señora de pelo ondulado y marrón nos dijo enojada, al parecer ya había pasado mucho tiempo que estorbábamos.
—Primero, no somos “niñitos” —dijo Joe—, segundo, ya nos íbamos, a si que se puede retirar —añadió enrabiado, la señora caminó hasta la puerta de salida principal y espero a que saliéramos. Caminamos hasta afuera del cine y fuimos al mismo lugar en el que antes estábamos con mi medio hermano, el sitio nuevo del mall.
—Vamos a bravísimo, y pedimos unos helados —Cody expresó con fase de emoción.
—Claro —dijeron al unísono Joe y Val.
—Yo, yo pediré un café helado pequeño —después del helado que tomamos anteriormente no me quedaba prácticamente nada de estómago para seguir comiendo.
— ¿Tan poco? —preguntó, Joe.
—Pfff..., tu eres el único que puede comerse toda la heladería y queda con apetito —reímos junto con la pareja.
—Mm, puede ser —dijo, reí como nunca.
Fuimos hasta el punto y llegó un individuo del personal que tomó nuestra orden y luego las trajo. Comimos lento y entre risas por nuestras típicas peleas de hermanastros. De vez en cuando me miraba de reojo, sí, Joseph. Terminé primera que todos en tomar mi pedido, ya que era el más pequeño, pero el mismo garzón me dio un vasito de soda. Lo tomé con calma esperando que ellos terminaran. Ya se nos comenzaba a hacer tarde, por lo que ellos apuraron su actuar. Y no se nos hacía tarde para irnos a casa, se nos hacía tarde para llegar a ver el atardecer en la playa. Todo estaba planeado desde un principio, es por eso que nos apuramos para ir a ver la puesta de sol. Corrimos hasta un poco antes de la orilla del mar. Quedamos ahí, sentados mirando el océano, algo anaranjado por el grande y majestuoso sol que iluminó su primera capa de agua. Joseph me abrazó por la cintura y besó mi cuello, Val y Cody estaban embobados en su propio mundo, que no nos atrevimos a interrumpir. De a poco comenzamos a ver como lentamente el sol comenzaba a bajar y nos sentamos en la blanca arena. Joe aún me abrazaba, pero los chicos no decían nada, porque ellos saben que somos hermanos y que sería romper las reglas estar juntos o besarse, pero creo que ya las rompimos. Terminó el ocaso y quedamos con el cielo claro, que de a poco comenzó a oscurecerse. Todos nos levantamos del suelo, nos limpiamos la ropa para que no quedaran residuos de arena, y caminamos hasta un paradero que taxis, a buscar uno, pero por mala suerte, no había gente en el lugar, y tampoco el transporte que necesitábamos. Joe sacó su teléfono celular y llamó a uno. Luego de guardar nuevamente su i-phone en su bolsillo, me abrazó por la cintura. Miré hacia el frente, y pude ver la imagen clara del muchacho de mis sueños… No, no puede ser, nunca lo había visto antes y con sólo mirarlo me dejó hipnotizada. Al parecer, Joe lo conocía, puesto que me soltó de inmediato y su mandíbula poco más estaba a la altura del suelo. Mi corazón se aceleró al ver a aquel muchacho, tal cual como en mis sueños. Sus bucles tan bien formados, sus labios creados a la perfección y su cuello lleno de lunares. Vestía una camisa a cuadros azul, abierta hasta la mitad, y debajo una remera blanca, a la vista una musculosa. Unos chupines de jeans blanco, rasgados, que dan la apariencia de usados. Unas zapatillas Adidas blancas también, con líneas rojas y azules. Cuando el semáforo dio el color rojo, cruzó la calle y me dio la impresión de que caminaba hacia nosotros.
—Ni… Ni… —Dijo Joseph, no terminó la frase, estaba en estado de shock.
—Sí, Joe, Soy Nicholas —rió ante el estado de Joseph.
— ¡Nicholas, amigo! —dijo Cody, abrazando al muchacho.
—Hola Cody, Hola Val, al fin te conozco —sonrió—. Y hola…
—Brittany —sonreí. El me secundó y mantuvimos durante un buen rato el contacto visual—. ¿Nueva novia, Joe? — ¡¡¡No, no somos novios!!!
—No, ella es la hija de Robert —Dijo mi hermanastro Joseph.
—OH, ella es… linda —dijo rápido.
—Estem… ¿Qué haces aquí? —pregunté extrañada.
—Nada, quería darles una sorpresa. No resulto porque Emily me dijo que vinieron al cine, y vine a verlos para poder sorprenderlos acá. No alcancé y vine a buscar un taxi para poder volver a casa, pensé que podrían estar allá —Wow, día cansador para el pobre muchacho… pero aún me pregunto, ¿Por qué soñaba con él, si recién ahora lo conocí? Debe ser cosas que formula mi mente, sí, eso.
—OH, entiendo. Me parecía raro, se supone que llegarías la próxima semana —expliqué contenta. Miré a Nicholas durante un rato, el me correspondía. Miré de reojo a Joe, y el miraba… ¿celoso? No, debe ser otra cosa.
—Nicholas, creo que habría sido mejor que vinieras la próxima semana —dijo Joe, algo molesto.
— ¿Por qué? —preguntó el inocente y hermoso chiquillo. Alto, ¿Dije HERMOSO?
—Porque… sería mejor, ese día estaba planeado y ahí deberías haber llegado —dijo mirando el suelo.
—Hay, Joe. Por favor, tu hermano quería darte una sorpresa —dije enojada.
—Tú no te metas, Brittany. Sólo digo que es un poco descortés llegar sin avisar — ¿Y qué le dio a este otro?
—Joe, avisé, nuestro padre sabía que quería darles una sorpresa, pero si quieres, me voy.
— ¡No! —grité rápido. Todos me quedaron mirando, Val se reía, y Joe, Joe seguía con ese rostro de… no sé, porque celos no creo que sean…
— ¿Qué? Britt ¿Qué dices? —preguntó Joseph.
—Que no se tienes que ir. Porque… ya está aquí —dije nerviosa.
—Ella tiene razón, Joe —Dijo Cody. Qué bueno que haya alguien que me apoye.
—Sí claro, como no —agitó reiteradas veces su cabeza.
—Bueno, creo que nosotros nos iremos en este taxi —dijo Val. Se despidió de un beso en la mejilla a cada uno, mientras que Cody de la mano con Nicholas y Joe, y de un beso en la mejilla, de mí.
— ¿Por qué se fueron en un taxi diferente? —inquirió Nicholas.
—Mm…Porque no quieren seguir escuchando las malas vibras de Joe y porque no caíamos todos en un taxi —sonreí.
—Ahí viene el que mandé a pedir yo —Explicó Nicholas.
—Entonces subamos.
Subimos los tres en la parte trasera del automóvil. Joe a la izquierda, Nick a la derecha y sí, yo en el medio. No tienen una mínima idea de lo incómoda que iba. Ni uno de los dos me quitó la vista de encima, además de que no hablamos en todo el trayecto. De vez en cuando sentí que Joe rozaba mi pierna con su mano, eso me molestaba aún más. Nicholas acariciaba mi mano rápidamente, casi en un roce para que nadie lo notara. Pero bueno, creo que estoy loca, el sólo pasaba tocar mi mano, no era con intención. Cuando llegamos a mi casa, yo cancelé, ya que Nicholas tenía que bajar primero, y lo obligué a bajar más rápido, para pagar. Bajé y me siguió Joe. Entramos en mi hogar y mi madre salió inmediato de la cocina, al parecer estaba cocinando.
— ¡¡Hola!! —vociferó feliz.
—Hola mama —sonreí.
—Hola Emily —saludaron los hermanos al mismo tiempo.
— ¿Cómo lo pasaron hoy? —preguntó.
—Bien, muy bien… pero estoy algo agotada… — balbuceé cansada.
—Me imagino —rió suave—. Ahora vayan a la cocina, les tengo lasaña para cenar —sonreí contenta.
—Genial, comeré un poco y me voy a dormir —bostecé.
—Se nota que tienes sueño —rió Nicholas.
—Vamos a comer —dije.
Caminamos a la cocina, y cada uno se sentó en una silla. Mi madre sirvió un trozo razonable de lasaña, y nos servimos. Ella se despidió de nosotros y nos dijo que iría a dormir junto a nuestro padre, que según ella, estaba profundamente dormido hace más o menos hora y media. Conversábamos de cosas sin importancia, y sólo reía de los chistes sin sentido de Joe, junto con su hermano. De vez en cuando Nicholas me miraba con constancia y Joe hacía ruidos con el tenedor para interrumpir. No es que sea perseguida, pero realmente creo que a Joseph le pasa algo, no es normal. Nicholas… Nicholas tiene algo distinto a los demás. Es un chico tan él, o sea que no intenta simpatizar fingiendo ser otra cosa que no es. No es un chico que se hace ser galán, y su mirada penetrante me deja volando en las nubes. Es algo muy diferente a lo que me pasa con Joe, de hecho, creo que no siento nada por él, no pasa más allá de encontrarlo lindo y simpático. Nicholas no es un chico Wow, con el que una chica se derrite, pero al verlo quedo tan embobada, es algo fuera del planeta, estoy totalmente que no es de este lugar, debe ser una de las personas más hermosas de Plutón, la cual enviaron para investigar qué efectos produce en una adolescente como yo. Me pregunto si es real… ¡a lo mejor es un holograma! Mmm..., no lo creo, antes rozó mi mano… además si fuera irreal no podría causar tantas sensaciones en mi interior. Cada vez que veo sus ojos marrones, achinados y brillantes, mi estomago se revuelve, pero no me dan nauseas, de hecho me dan ganas de gritar de felicidad. ¿Cómo puedo concluir tantas cosas en apenas diez segundos? Creo que él tiene cierto poder sobre mí, no puede ser que domine en mi cabeza si recién lo conozco. Ahora que lo pienso, creo conocerlo tan bien… como si fuera de toda la vida… estoy tan agradecida de esos sueños… si no fuera por ellos, lo más probable es que ni siquiera encontrara belleza alguna en él, pero es que me cautivó de verdad. Incluso pienso que si lo hubiera visto por primera vez la próxima semana —sin conocerlo en mis sueños— me habría embrujado igual manera.
—… ¿escuchaste lo que dije, Brittany? —interrogó Joe.
—Claro, escuché a la perfección —sonreí nerviosa.
—Entonces, dinos, ¿que opinas? —volvió a inquirir.
—No quiero, ya terminé de comer —sonreí.
— ¡Pero si todavía te queda la mitad!
— ¡¡QUE NO QUIERO MÁS!! —me alteré mucho… ya que los dos hermanos me miraban con los ojos como platos.
—Déjala Joe, ella no quiere más —apoyó su hermano… ¿menor? ¿Mayor? No tengo idea, porque con su hermoso físico, su voz tan varonil, y ese perfume que se puede percibir a distancia, jurarían que es todo un hombre.
— ¿Por qué la defiendes, NICK? —preguntó enojado.
—Porque ella no quiere, nada más que eso, déjala y ya —se levantó de la mesa y caminó hasta la puerta—. Iré a mi cuarto, Melanie ya me dijo donde queda —se despidió con la mano y lo vi desaparecer.
— ¿Por qué tratas así a tu hermano? —pregunté disgustada.
—Porque… porque sí —respondió.
—Eso no me sirve
— ¿Y porqué te interesa tanto saber porqué lo trato así? —arqueó levemente una de sus cejas.
— ¡Porque es Nicholas! —grité enfadada.
— ¿¡Y que tiene que ver que sea Nick!? —respondió mi gran grito.
— ¡¡Tiene mucho que ver!! ¡¡Es nuestro hermano!! —sí, adivinaron. No es porque es mi hermano que tanto me interesa—. Y sabes que más, me voy, no me interesa saber nada más que tenga que ver contigo ¬—caminé a la puerta y Joe se levantó rápidamente.
—Britt, lo siento —no escuché sus súplicas y corrí a mi pieza.
Me encerré con llave. Me tiré en mi blanda colcha y luego sentí que golpeaban la puerta. No atiné a abrir, lo probable es que fuera Joe, a si que tomé mi Ipod, y me puse los audífonos, no quise escuchar más. Creo que no fue muy útil, porque la persona que estaba al otro lado de la puerta, no se rendía y tocaba cada vez más fuerte el trozo de madera. Dejé los audífonos y el Ipod de lado y fui a abrir la puerta.
—Que quieres Joe —y no me equivoqué, era él.
—Venía a… ¿puedo pasar? —sonrió aún triste.
—Pero…
—Por favor, Britt —sus ojos me lo suplicaban.
—Está bien… pero sólo un rato.
—OK, no necesito mucho para lo que vengo a hacer —entró en la habitación. Cerré la puerta y me senté a su lado, en mi cama.
—Entonces… ¿para qué vienes?
—Para disculparme por… por como actué —agachó su cabeza.
—No te preocupes. Ya pasó, todo está bien —acaricié su espalda, tratando de apoyarlo.
—Es que no pude evitar sentir… celos —noté como se sonrojaba. Pero, STOP. ¿Dijo celos? ¿Joe estaba C e l o s o? No, no puede ser, escuché mal.
—OH, en serio, no te preocupes.
—Bueno, gracias —sonrió, besó mi mejilla y salió de mi habitación.
Quedé bastante tiempo pensando si esa palabra fue formulada por mi mente, o realmente la escuché. Después de un momento largo, llegué a la conclusión de que era mi mente ilusa. De repente volvió la bella imagen de Nicholas a mi cabeza. Dios mío, ahora que lo recuerdo debo agradecerle por defenderme de su hermano —en ese momento— enojado. Salí con cautela de mi habitación, y fui a la habitación que suponía, era su nueva habitación. Toqué la puerta, y nadie abría, por lo que giré la manilla, y entré en su cuarto, ya que esta estaba sin seguro. Observé a un muchacho dormido, con sus rulos ahora más desordenados. Me senté a su lado, y observé aquel angelical rostro, aún más tierno mientras dormía. Por instinto corazonada me acerqué a sus labios, sin saber lo que hacía y los besé despacio, muy lento. Sentí que él correspondía el beso, pero, ¿Por qué razón? Si supuestamente estaba dormido. Con el dolor de mi alma me alejé de su boca y lo miré extrañada, el abrió sólo un ojo, y sonrió.
— ¿Por qué te alejaste Brittany? —susurró, con voz aún adormilada. ¿Estaré soñando acaso? ¿El quería que siguiera con ese beso?
—Nicholas tú… tú… tú… —me trabé. Mis neuronas no funcionan bien viéndolo tan de cerca.
—Sí… —la luz de la luna que pasaba por la ventana me dejo ver su estado de nerviosismo y su rostro sonrojado.
—Tú respondiste el…
—Beso —completó mi frase—. Lo siento…
— ¿Por qué lo sientes? —logré articular con dificultad. No crean que sea fácil tener que soportar su contacto visual con el mío todo el tiempo.
—No lo siento… lo decía por ti —sonrió—. Ven acuéstate aquí — ¡SI, SI, SI!
—No sé Nicholas… está mal lo que estamos haciendo —miré el suelo. Sentí como se acomodaba en la cama para estar sentado, y luego tomó mi mentón.
—Lo sé, pero no puedo evitar pensar en ti todo los días ¬—sus ojos brillaban, mi corazón bailaba.
—Como… ¿todos los días? Es raro, recién me conoces —eso es cierto.
—Si te cuento algo que nadie sabe, excepto yo. ¿Me creerías? —inquirió nervioso. Sus palabras eran inseguras, al parecer este era un tema delicado.
—Yo… yo te conocía desde antes — ¿¡¡Qué!!?
— ¿Cómo? ¿De donde?
—Mira, sé que suena estúpido, pero te conozco hace mucho tiempo. Pero realmente recién te conozco — ¿Alguien le entiende? Si saben quién, me avisan.
—Explícate bien, Nicholas —reí bajito.
—Primero, dime Nick. Segundo, déjame terminar.
—Está Bien, Nick —resalté la última palabra, su nombre.
—Sigo en lo mío —pensó—. Ahora te lo digo más claro. Hace más o menos un año que sueño con… contigo —ahora si que parecía tomate, pero yo también. Recordé mis sueños.
— ¿Eso lo dices en, en serio? —lo miré a los ojos.
—Sí, Britt, créeme…
—Sí te creo.
— ¿Verdad?
—Como no habría de creerte sí… si me pasa lo mismo —volví a agachar la cabeza.
—Eso es… lindo —su rostro se iluminó—. ¿No me estás mintiendo?
—No Nick, hace más o menos 3 días que me pasa esto… mejor dicho dos, ahora que lo recuerdo.
—Y son pesadillas —dijimos al acorde.
— ¿Será que es verdad? Estos últimos dos días mis sueños han sido más… más reales —agachó la cabeza.
—Pienso que es la pesadilla perfecta —volvimos a decir al unísono. Ambos sonreímos.
—Nick… ¿Por qué pasará todo esto?
—Yo sé la respuesta —tomó mi rostro y comenzó a acercar el suyo a este. Sentí su respiración agitada sobre mi nariz. Terminó por besar al fin mis labios. Capturó mi labio inferior y yo su superior. Llevó una de sus manos a mi nuca, y con la otra abrazaba mi torso. Si no fuera porque el oxígeno es vital no me habría separado de sus dulces labios. El sonrió. Pegó mí frente a la suya y me miró directo a los ojos—. La respuesta es que, el destino quiere que estemos juntos —susurró.
—Eso está más que claro —hice una leve presión en sus labios. Después de eso el se acomodó en la cama y dejó un espacio al lado.
—Acuéstate ahí —sonrió.
—Este… No Nick, me tengo que poner el Pijama, e ir a cepillar mis dientes, mejor será que nos veamos mañana Nicholas —besé su frente y me levanté de la cama.
—Adiós —lo escuché emitir triste. Me despedí con la mano y salí con cautela de la habitación. Pero me encontré con una persona que en este momento no esperaba. Él estaba saliendo del baño y me miró sorprendido.
—Brittany… ¿Qué hacías saliendo del cuarto de Nick? —preguntó preocupado.
—Vine a pedirle disculpas por tu forma de actuar —sonreí frenética.
—Pero si yo ya hablé con él —dijo.
—De todas formas, yo no sabía, además aproveché de despedirme y ahora me iba a mi cuarto, obviamente, a dormir —dije todo eso en un solo respiro.
—OH, entiendo, buenas noches —entró en el cuarto de NICK. Quien sabe que rayos hablarán, pero da igual, no me incumbe.
Entré en el baño y me cepillé muy bien los dientes. Cepillé mi cabello y oriné —si, en esta novela sí tenemos necesidades—. Salí del baño y caminé a mi cuarto. Busqué mi pijama debajo de mi almohada —donde acostumbraba a dejarla— y me desvestí. Cuando quedé en ropa interior me puse el pijama; una polera color naranja de tiritas, con unas pantaletas negras. Apagué la luz colgante y encendí la de mi velador. Por un buen rato leí uno de mis libros favoritos, Amanecer, pues el vicio de leer esa novela escrita en páginas suaves y blancas nadie me lo quita. El sueño ya se apoderaba de mi y de mis ojos, estos comenzaban a cerrarse por su cuenta, a si que dejé el libro en el velador de al lado y apagué la lámpara. Me acurruqué bien y me dejé llevar por los sueños, obviamente, que con la voz de mi querido hermanastro Nicholas. Al momento en que apareció su imagen en mi mente sentí que alguien más se acostaba a mi lado. Desesperada prendí la luz de la lámpara y me encontré con el rostro de un Nick tierno a mi lado.
—Nick… ¿qué haces aquí? —interrogué sorprendida.
—Ya que no quisiste dormir en mi cama… dormimos en la tuya —me abrazó por la cintura y me dejó sentir aquel exquisito aroma varonil que tanto lo caracteriza, el mismo que en mis sueños.
—Pero Nick… nos pueden pillar —dije preocupada.
—Cerré la puerta con seguro, además tocarán la puerta —sonrió perverso.
—Eres… Malévolo —reí.
—Shhhh, pueden escuchar —dijo por sobre mis labios. Me volvió a besar tiernamente, y sólo seguí la corriente, tal como mi corazón y mi conciencia lo pedían. Apagué la luz con una mano y después la llevé hasta sus bucles perfectamente formados. Enredé mis dedos en ellos y el acariciaba mi rostro. Nos separamos lentamente y lo abracé.
—Te quiero Nick —murmuré.
—Yo te quiero más de lo que piensas, Britt —con eso me bastó para poder volver a acomodarme en mi lecho. El me imitó. Abrazó mi cintura y ambos quedamos frente a frente.
—Buenas Noches, Nicholas —musité.
—Buenas Noches, Britt —susurró.
Ambos nos quedamos en un silencio profundo, el mismo que me ayudó a conciliar mis dulces sueños. El señor, Don Morfeo, no tardó en hacer aparición, para dar paso a mis pensamientos dormidos…
{—… Lo vi salir de la habitación Brittany, lo vi salir de la habitación — ¿qué? ¿También está llorando?
—Pero… ¿Qué tiene eso de malo? —pregunté secando mis lágrimas.
—Los escuché, Britt, porqué me hiciste esto —tomó mi rostro y me obligó a besarlo, trate de zafarme de él, pero no me dejaban sus fuertes brazos. De repente volvió a abrirse la puerta de mi habitación.
—Britt, no me iré, me quedaré conti… Suéltala Joe —lo empujó a mi cama, y me abrazó. Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. Nicholas las limpió, cuidadosamente.
—Te amo, Te amo Brittany, no me puedes hacer esto —sentí el llanto desesperado de mi hermanastro.
—Lo… lo siento Joe —se levantó rápidamente y salió de mi habitación, cerrando de un fuerte portazo el trozo de madera blanca.
—No, no me iré mi amor, lo decidí, me quedaré contigo, yo… yo te… —no lo dejé terminar y besé sus labios.
— ¿¿¡¡Qué está pasando aquí!!?? —Nos separamos de golpe a ver la imagen de dos adultos, acompañados de Joe, observándonos sorprendidos.
—Yo…}
Unos rayos de sol comenzaban a molestar a mi rostro y acalorar mi cuerpo. Abrí los ojos, y ahí estaba él, a vestido, y con una bandeja a mi lado.
—Buenos días, dormilona —besó mi frente.
—Buenos días Nicholas —sonreí coqueta. El se sonrojó bastante.
—Te traje el desayuno —dijo aún con sus pómulos rosados.
—OH, muchas gracias —dejé un beso fugaz en sus labios. En ellos se formó una sonrisa.
—Y… te traje otra cosa — ¿qué es?
—Mm, esto —sacó de su espalda una Rosa Roja, sin espinas, sólo sus hojas verdes con pétalos rojos, el color del amor, el color de lo que siento por Nick.
—Es, es muy linda —mis ojos brillaban. Los de el también—. Gracias Nick, en serio, gracias.
—No es por nada, es por la chica que a… quiero —dijo rápido.
—Yo también te quiero —volví a depositar un tierno beso en sus labios, el cada vez parecía más tomate—. ¿Mis padres y Joe siguen durmiendo? —inquirí mientras tomaba una tostada con mantequilla.
—Nop —dijo feliz— salieron, vuelven a la tarde. Joe quería inscribirse en una comunidad, para ayudar niños pequeños… dijo que era para matar el tiempo —sonrió.
— ¿Tú no quisiste? —volví a interrogar.
—Quería, pero prefiero quedarme las tardes junto a ti —sonrió. Y se seguía sonrojando. ¿Hasta que extremo puede llegar? A lo mejor explota de tanto color rojo en sus mejillas.
—Nick, eres un tomate —reí.
—Po… ¿Por qué? ¿Por lo sabroso? —Reí ante su comentario—. ¿¡Qué!?
—Mírate la cara y sabrás —sus mejillas ahora eran el rojo en sí. Me divierte tanto este muchacho hermoso, nunca se cansa de hacerme feliz. Pero, ¿Cómo si recién lo conozco? No, no. Brittany estás muy equivocada, lo conocías de tus sueños y del infinito al más allá. Sí, estoy loca, el me deja así. Terminé mi primera tostada, el dejó la bandeja en un escritorio lejos de mí y me comenzó a besar. El beso comenzó lento, pero se convirtió en uno desenfrenado, pero tierno. Nuestras lenguas por primera vez se conocían y se llevaban muy bien. Nick seguía de pie y yo sentada en la cama, por lo que me levanté para que ni uno tuviera dificultad al besarnos. Comenzamos a caminar sin darnos cuenta hasta el mismo escritorio en donde estaba la bandeja, chocamos con el mueble y nos separamos entre risas, ya que casi se volteaba el vaso con jugo. Me miró provocativo y tomó mi cintura para apegarme una vez más a su abdomen más trabajado que ninguno. El me guió hasta mi colcha, por lo que caímos bruscamente. Nos separamos y ambos miramos el techo. Nos reímos por mucho tiempo. Este amor es real, es un amor apasionado y tierno. Un amor de dos locos.
—Britt, dime que nunca me vas a cambiar por otro —sonó preocupado.
—Nicholas, no te cambiaría por otro ni en un millón de años.
— ¿Pero que pasa si estamos vivos hasta entonces? —preguntó.
—Pasará que me suicidaré para no tener a ni otro hombre que no seas tú —sonreí. Se volteó y ahora me miraba a mí, no al techo.
—Eres, preciosa… siento que te conozco de toda la vida…
—Nick, hay algo que aún no me deja tranquila…
— ¿Qué cosa? —inquirió aún más intranquilo.
— ¿Por qué será que tu soñabas conmigo hace un año, y yo apenas hace tres días? —respondí con otra pregunta. El sonrió, ¿qué lo haría feliz?
—Será porque te quiero desde mucho antes que tú a mi —es que no puede ser más tierno. Me va a terminar por matar. Lo conozco hace tan poco pero de alguna forma siento que lo conozco de toda la vida que recién llevo. Se acercó lentamente a mis labios, sólo me dejé llevar hasta que reaccioné.
—Nick… esto está muy mal —me levanté rápidamente de la cama. El me miró sorprendido. Sólo atiné a sonreír con tristeza. Se levantó de la cama, triste. Sonrió con un dejo de decepción y de desolación. Caminó a la puerta y salió de mi cuarto, sentí el portazo que provocó al entrar en su habitación.
Después de esa escena transcurrieron dos meses, en los cuales estuve muy apartada de Nicholas… él mostraba desinterés en el tema que respecta a nosotros, sólo nos dedicábamos un “Buenos días” y de vez en cuando entablábamos una conversación, pero sólo con el resto de nuestra familia. Llegó Kevin a la familia, un integrante más en nuestra “comunidad” —por así decirlo— y nos llevábamos muy bien, reíamos juntos, y últimamente me ha tomado confianza y yo en él. El está al tanto de todo lo que ha pasado con Nicholas y Joseph, y me aconseja al respecto. Con Joseph salíamos muy repetidamente, con la compañía de Kevin, Valery y Cody, ya que Nick no quería estar en nuestros planes. En cuanto a Val y Cody, noté que últimamente ella sufre mucho por las peleas que ahora están viviendo, se les hacen constantes y son más discusiones que momentos lindos, esto se debe a los viajes muy frecuentes de Cody. Mi madre y mi padre siguen en sus respectivos trabajos, y no estaban muy presentes en la casa. Se acercaba el periodo de admisión y matriculas en los colegios, mi padre se estaba encargando de todo lo que a eso respecta. Sí, eh seguido teniendo esas pesadillas con Nicholas, y aún no comprendo a que quieren llegar. Interrumpiendo mis pensamientos, entró alguien muy bruscamente en mi cuarto, sentí el gran ruido que provocó el choque de la puerta.
—Tenemos que hablar, Brittany —OH, claro. Cuando se le da la gana puede llegar y entrar, después de tanto tiempo sin dirigirme la palabra.
—Que quieres, Nicholas —ni siquiera pregunté, dije resignada, cortante y enojada.
—Ya te dije, hablar —dijo aún con todo de voz rudo.
—Sí que eres ingenuo, Nick. Ya sé que vienes a hablar, pero dime de qué —me levanté de la colcha y me situé a su lado.
—De todo esto. La última vez me dijiste que… —no continuó, cerró la puerta con seguro.
— ¿Qué haces? —pregunté arqueando una de mis cejas.
—Necesito privacidad para tocar este tema, está Kevin y Joe, ellos no saben y no quiero que lleguen y entren —Cállate Nick. Kevin sí sabe, y Joe… bueno, Joe es Joe.
—Mm, Ok —dije conforme, el intentó sonreír, no pudo.
—Bueno, decía… la última vez que hablamos me dijiste que esto estaba mal, pero no puedo evitar soportar todos los días tu insistente mirada, esos labios que me piden a gritos volver a juntarlos con los míos — ¿¡¡QUÉ!!? Ahora me viene a decir lo incierto.
—Ha ha —no pude evitar reír ante su comentario.
—Se puede saber, ¿de qué demonios ríes? —inquirió frunciendo el ceño.
—Primero, no te miro con intención, te miro como un integrante más de mi familia —relamió su labio inferior y negó con la cabeza—. Segundo, mis labios no dicen nada sin que yo piense en decirlo —sonreí triunfante, el seguía negando con la cabeza, cada vez hacía denotar más su movimiento—. Tercero, creo que estás alucinando, estás loco si piensas todo eso —en un movimiento rápido y bruto me vi contra la espada y la pared. Mejor dicho, entre Nick y la puerta. Tomaba fuertemente las muñecas de mis brazos y las mantenía apegadas al trozo de madera.
—No es cierto —miró el suelo.
—Si lo…
— ¡¡QUE NO ES CIERTO!! —gritó desesperado, ejerciendo más presión contra mí. Luego me soltó y yo comencé a sobar mis muñecas, estaban rojas.
—Me lastimaste —agaché la cabeza.
— ¿Qué más da? —Levantó sus brazos y miró el techo— ¿Qué más da? —dijo más fuerte.
—Nick, en serio, me dolió —volvió a tomar mis muñecas y nuevamente me vi acorralada entre su torso y la puerta.
—Britt, dime de una vez por todas que me quieres —musitó suave, yo seguía con la vista gacha.
—No…
—Britt, dime que me quieres —volvió a susurrar bajo. Mi vista comenzó a nublarse, la imagen de mis pies ya no era tan nítida.
—No Nick —sentí la capa de lágrimas más presente en mis ojos.
— ¡DIME DE UNA VEZ POR TODAS QUE ME QUIERES! —no pude retener más. Las lágrimas comenzaron a humedecer mi rostro, y sentí que el presionaba más fuerte mis muñecas, estas comenzaban a verse pálidas por la falta de circulación de sangre en ellas—. ¡DIMELO DE UNA VEZ!
— ¡SI NICK, TE QUIERO! —dije ahogada en lágrimas, por fin me soltó y levanté mi rostro, el observó mi estado y se acercó de inmediato a mí. Retrocedí—. ¿En qué clase de monstruo te has convertido? ¿Qué has hecho con MI Nick? —recalqué la última palabra. El intentaba acercarse, pero cada vez retrocedía más.
—Dios… ¿qué eh hecho? —se preguntaba. Sus ojos comenzaban a cristalizarse.
—Vete de aquí —emití en un susurro casi inaudible, que él comprendió.
—Britt, lo siento.
—QUE TE VAYAS —grité desesperada. El me miró con tristeza y salió de mi cuarto. Caminé a la puerta y la cerré con pestillo.
Enseguida me tiré como saco pesado de papas para largarme a llorar sobre mi “cojín de las penas” así lo llamé, siempre que necesito desahogarme el está disponible. Mis ojos comenzaban a pesarme y se empezaban a cerrar solos. Me volteé para poder respirar aire puro y no noté el momento en el que estaba dormida bajo los brazos del Morfeo. Desperté porque sinceramente ya no tenía sueño. No tenía más sueño y ya. Refregué mis ojos y dispuesta caminé a la puerta, para ir por algo de comer. La abrí rápidamente pero cuando terminé cayó el pesado cuerpo de un chico al suelo, el de Nick.
—Auch —se quejó tratando de levantar la cabeza, no pude evitar reír.
—No te levantes, aún no —eso me lo enseñaron desde pequeña. Al parecer el estaba dormido al igual que yo, ya que tenía voz ronca y sus ojos apenas abiertos—. Ahora sí, levántate —dije. El obedeció, y seguido a esto entró a mi cuarto—. ¿Qué hacías ahí?
— ¿Qué te pasó a ti? —preguntó extrañado.
— ¿De qué hablas? —dije molesta.
—OH, ya veo, estás de vuelta —entiendo, se estaba burlando de mí.
—Si quieres que vuelva a ser descortés contigo, dímelo —dije indiferente.
—No, no quiero —clavó su insistente vista en mí. Desvié mi mirada en cualquier lugar, para no cruzarme con la suya—. Ya tuve suficiente —dijo apenado.
—Eso debería decirlo yo… —recordé el comportamiento de Nick, y mis ojos volvían a nublarse.
—Brittany… te quiero pedir perdón por cómo me comporté —llevé rápidamente mi vista a la de él, pero ahora me estaba evitando él. Iba a responder, cuando me interrumpió—. Después de todo ese tiempo que había pasado… creo que me comenzaba a afectar el hecho de tenerte lejos de mí. Te necesitaba y actué sin pensar —noté su arrepentimiento. Moví mi cuerpo para sentarme más cerca de él. Tomé su mentón y lo obligué a fijar su vista en la mía.
—Te perdono —sonreí. El no tardó en secundarme.
—Mu…muchas gracias Britt —sus mejillas tomaban un tierno y leve tono rosa. Volvió a agachar la mirada.
— ¿Y me dirás a qué hacías sentado en junto a la puerta? —reí por lo bajo. El rió junto conmigo.
—Es que… después de que me desterraste de tu cuarto, me senté ahí, a esperar que salieras, pero creo que me dormí, al igual que tu… —carcajeó suave, lo mismo hice yo.
—Ah… que… lin… lindo eres — ¡Genial! Ahora estoy nerviosa y me pongo tartamuda. Sentí calor en mis mejillas… eso quiere decir que ¡OH no estoy roja!
—Tu también —sonrió y acomodó un mechón travieso detrás de mi oreja—. Y aún más cuando estás sonrojada —dijo por sobre mis labios. Esperen… ¿en qué momento se acercó tanto a mí? Ya era tarde para sacar conclusiones. Tenía sus dulces labios sobre los míos después de tanto tiempo. Esta vez fui yo la que repté su labio inferior, para seguir al compás de nuestra melodía, inventada por nuestro silencio. No me hacía necesidad el oxígeno, aún no, con su exquisito aroma me bastaba para respirar. Él tiene una pócima que nadie más tiene, tiene algo distinto, muy distinto. En el justo momento que comenzaba a necesitar aire, alguien entró en la habitación. Nos separamos rápido, y ahí estaba ella.
—Yo… este… lo puedo explicar —sonreí inocente. Ella agitó reiteradas veces su cabeza y cerró lentamente la puerta, tras de ella.
—Ustedes tiene un par de cosas que explicarme —sonrió perversa y se sentó en medio de los dos.
—Val… este… yo… —tartamudeé, ella sólo reía, mientras que con Nicholas nos mirábamos sin saber qué diablos le hacía gracia.
—No te pongas nerviosa, ya lo sé todo —sonrió. Me inspiró confianza, pero ¿Cómo supo? Kevin…
— ¿Cómo lo supiste? —preguntó Nick, haciendo una mueca de desagrado.
—FP… y preguntan —carcajeo de nuevo—. Se les nota demasiado. Llevaban dos meses peleados, los primeros días que se conocieron pasaban juntos, entonces, ¿Qué pudo haber pasado? Peleas de novios.
— No somos novios —dijimos al unísono.
—Este… me tengo que ir, después hablamos, adiós —salió rápido de la habitación. Nick y yo nos quedamos mirando serios, hasta que rompimos en risas.
Después de un rato decidimos salir a una discoteca cercana, para bailar, acompañados de Joe, Kevin, para disimular. Caminamos a su cuarto y lo convencimos. El acepto, pero con la condición de que Val viniera con nosotros, yo sé muy bien porqué puso esa condición. Luego le preguntamos a Joe, el que acepto de inmediato. Llamé por teléfono a mi amiga y la convencí, Cody estaba en Texas por lo que no volvería en más o menos dos semanas. Mi amiga me dijo que pasáramos por ella en media hora, más que suficiente para arreglarnos. Me dirigí a mi habitación para escoger una tenida de vestimenta apropiada para la ocasión. Extraje un chupín rojo, y una remera con estampados plateados, que debo decir que combinaban a la perfección con mis converse negras también. Una vez listo el conjunto, me desvestí y coloqué las prendas en el sitio que debían. Terminé de cambiarme y me orienté a mi tocador, para maquillarme un poco, a lo natural, como lo hacía la mayoría de las veces. Para hacer de notar un poco más mis ojos marrones esparcí sombra rosa en mis párpados superiores, sólo un poco, no querría parecer un payaso. Un rimel suave y un brillo con destellos en mis labios y quedaría perfecta. Tomé mi cepillo de pelo del mismo sitio y comencé a peinar mi cabellera larga y ondulada, la alisé por completo, pero tuve un poco más de cuidado en cuanto a mi flequillo se habla, ya que es muy rebelde. Tomé un bolero negro transparente y salí de mi cuarto, ya habían transcurrido los treinta minutos. Caminé al living, y ahí estaban los tres hermanos, sentados esperando mi aparición, y cuando me vieron se levantaron de sus respectivos asientos para hablarme.
—Te ves… hermosa —menciono primero que todos, Nicholas.
—Gra… gracias —agaché mi cabeza para ocultar el fuerte color rosa en mis mejillas.
—Tiene razón, te vez maravillosa —dijo Joe, dejando a la vista su blanca y perfecta dentadura.
—Muy linda hermana —apoyó Kevin, pero última palabra me hizo sentir mal, desearía que no fuera cierto, que no fuese su hermana.
—Ya, ya. Basta de halagos que me harán explotar de vergüenza —reímos juntos los cuatro—. Ahora vamos —nos despedimos de mis padres, y luego el trío de hermanos me siguieron. Caminamos a la casa de Val, y no tardó de hacer su llegada hasta la puerta. Se despidió de un grito de sus padres y salió. Ella se veía impresionante, muy bella. Su cabello estaba liso como todos los días, tomó su flequillo con un prendedor con brillos plata. Unos chupines negros, zapatitos del mismo color, una remera gris y muy sencilla cubrían su anatomía. En su mano traía un bolero, al parecer ambas teníamos las mismas cosas en el guardarropa.
—Hola —saludó. Kevin la miraba embobado, como acostumbraba a hacerlo. Nos dio un beso a cada uno en la mejilla, sólo que noté que con Kevin fue algo distinto, no puso la mejilla como a todos, sus labios fueron los que hicieron contacto con su piel. Mi hermanastro mayor se sonrojó levemente, al igual que ella.
—Y… vamos —rompí el silencio que se había formado.
—Sí, sí —dijeron todos juntos.
Tomamos un taxi y Val le pidió que nos llevara a una Disco llamada “Mistery”, el nombre me llamó la atención de inmediato, esperaba que realmente fuese algo decente. Cuando llegamos entramos en el sitio, y todos quedamos impresionados, excepto ella, que ya conocía el lugar. Buscamos una mesa para ubicarnos todos juntos y conversar un poco, antes de salir a bailar. Joe movía su cabeza al ritmo de la música, lo más probable es que quisiera bailar. Nos sentamos y comenzamos a comentar sobre lo magnífico del lugar. En un momento Nicholas, me habló, pero no escuché.
—Me puedes repetir lo que dijiste por favor —dije fuerte.
—Sí, quieres ir a bailar —en mi rostro se formó una sonrisa, igual en la de él.
—Claro, vamos —animé.
El tomó mi mano y caminamos a la pista de baile, estaban tocando hip-hop. Miré un momento nuestra mesa, ahí estaban Kevin y Val muy acaramelados, sonriendo y mirándose sin restricciones, y Joseph clavando su vista en mí, cruzado de brazos y algo aburrido. De pronto se levantó y caminó hacia no se qué lugar. Yo seguía bailando al ritmo de la música junto con Nick, el sonreía cada vez que lo miraba. La noche transcurría muy rápido, no paraba de bailar excepto cuando fui a tomar un vaso de coca-cola con la compañía de mi “hermanastro” de dieciséis años. Danzamos Hip-Hop, Reggae, Reggaeton, pero aún no terminaba la noche, recién comenzaban a sonar los lentos. Nick llevó sus manos a mi cintura, formando un lazo. Lo ayudé, enlazando mis brazos alrededor de su cuello. Mientras bailábamos lentamente apoyé mi cabeza en su pecho, y sentía sus latidos rápidos y agitados ¿Por qué sería? No me pregunté más, sólo me dediqué a aspirar cada segundo su exquisito aroma. Así transcurrieron unas siete canciones más, en las que estuve junto a Nick danzando. Se venía la última y octava canción, según el DJ. Este mismo dijo que era la canción Please be mine, versión lenta, de un grupo musical que no alcancé a oír. El coro de la canción la coreaba Nicholas junto con la música. En un momento Nick soltó la llave que formaba con sus brazos alrededor de mi cintura y me miró. Dejó de bailar y me miró a los ojos.
— But I'll be there forever… You will see that it's better… All our hopes and our dreams will come true… I will not disappoint you… I'll be right there for you 'til the end… The end of time… Please be mine —dijo esto último por sobre mis labios. Se acercó sólo un poco más y comenzó a besarlos lentamente, yo respondía aquel delicado mimo. Por inercia llevé mis manos a su cuello, para volver a formar aquel lazo con mis brazos. El abrazaba como anteriormente mi cintura. Se alejó despacio, y me sonrió tierno, lo mismo hice yo.
—Te… te quiero mucho Nick —eso era poco para lo que realmente sentía por él. El sonrió y volvió a otorgarme un pequeño y corto beso en mis labios.
—Yo también —de nuevo esa hermosa sonrisa que está en todos mis sueños.
—Esa canción que compuse… es para mi situación de ahora —estaba tan embobada con él que aunque traté de entender no pude.
—No entiendo —dije aún en las nubes.
—La canción que te acabo de cantar… es mía, yo la compuse con mis hermanos —sonrió una vez más. Lo imité pero realmente no sabía de qué hablaba.
—Y ¿Cómo se llama tu banda? —pregunté aún mirándolo a los ojos y sonriendo.
—Jonas Brothers —tomó mis manos con las de él y entrelazo nuestros dedos. Ahora entiendo, Joe no me había mentido sobre lo de la fama… comprendo lo del paparazzi y todo lo que me han comentado. Hay, que importa eso ahora si estoy junto a él.
—Te parece si… ¿vamos a casa? —preguntó aún sonriente.
—Claro…
—Vamos a avisarle a Kevin y Val, al parecer Joe no está con ellos —caminamos hasta la mesa, ellos ya habían vuelto de bailar después de la última canción.
—Ey chicos, nos iremos a casa —dijo—. ¿Y Joe?
—OH si claro, vayan —dijo Kevin—. Se fue hace mucho, no encontraba pareja de baile —en ese preciso momento me sentí culpable de haber salido a bailar con Nick dejando sólo a Joe, pero, ¿qué más daría si lo había pasado genial con quien más quiero?
—Adiós chicos —nos despedimos con un beso en la mejilla y salimos del lugar.
Caminamos de la mano por las calles frías, con el pasto con algo de escarcha, ya que había llovido durante todo el día. Tomamos un taxi un poco más allá y nos dejó en casa. Cancelamos y entramos en ella. Estaban todas las luces apagadas, por lo que subimos con cautela al segundo piso. Entramos en mi habitación y prendimos la luz.
—Espero que lo de hoy se vuelva a repetir —dijo sonriendo.
—Lo mismo digo —sonreí.
—Estem… me preguntaba si… —miró el suelo algo avergonzado.
— ¿Sí? —lo alenté para seguir hablándome.
—Me preguntaba si ¿Puedo dormir hoy contigo? —tomé su mentón y lo miré a los ojos.
—Eso no tienes que preguntármelo —sonreí y besé delicadamente sus suaves y rojizos labios. Nos separamos despacio y sonrió.
—Iré a ponerme mi pijama y a buscar algo… —salió rápido de la habitación.
Tomé mi pijama y me desvestí para ponerme también mi pijama. Ahora uno verde de dos piezas, ambas de ese color. Con unas letras que dicen “I was born for loving you”. Apagué la luz y salí al baño para lavarme los dientes. Me devolví a mi cuarto, y cuando entré al cuarto me taparon los ojos.
—No puedes ver —susurró Nick en mi oído.
—Hay Nick, déjame, quiero dormir —dije entre risas.
—Aún no —sentí como prendía la luz—. Ahora sí, mira hacia tu cama —sacó sus manos de mis ojos y pude observar algo hermoso, algo que ni un chico había hecho por mí y estaba segura que Nick sería el primero y último que me sorprendería así. Encima de mi cama había un oso de felpa gigante, con un corazón en el medio con una frase; “Te quiero”, un ramo de rosas rojas y una caja de chocolates en forma de corazón. Salté de inmediato a los brazos de Nicholas, el sólo reía por mi reacción.
—Muchas gracias Nick —dije mientras lo miraba directo a los ojos. El sólo sonrió y besó fugazmente mis labios.
—No tienes por qué agradecerme, esto es porque te quiero —sonrió tierno. Lo secundé de inmediato.
—Yo también te quiero, y mucho —dije aún mirándolo a los ojos.
—Ven, te enseñaré algo —me guió hasta la cama, y el caminó en busca de algo a mis espaldas, volteé y tenía una guitarra en sus manos. Se sentó a mi lado y comenzó a tocar la introducción de una canción desconocida para mí.
—If the heart is always searching, Can you ever find a home? I've been looking for that someone; I'll never make it on my own. Dreams can't take the place of loving you, there’s gotta be a million reasons why it's true. —hizo una pausa y me miró sonriente, luego siguió—. When you look me in the eyes, and tell me that you love me. Everything's alright, when you're right here by my side. When you look me in the eyes, I catch a glimpse of heaven. I find my paradise, when you look me in the eyes —dejó la guitarra a un lado y me miró tierno—. Te quiero Brittany —besó cortamente mis labios y se levantó de la colcha para dejar la guitarra en el mismo extremo que.
—Nick… eso fue… hermoso —dije aún sorprendida por su actuar.
—Es lo mínimo que puedo hacer por quién más quiero —alto. ¿Es a mí a quien más quiere? No puede ser más tierno.
—Es hora de dormir —besó mi frente, me hizo sentir como una pequeña. Sólo sonreí y me levanté de la cama. Separé las últimas capas de sábanas de la primera y me acosté en ella. Me moví un poco hacia el lado para dejar un espacio a Nicholas, quien respondió mi operar con una de sus tantas sonrisas tiernas. Apagó la luz del velador y lo sentí acomodarse a mi lado.
—Buenas noches —musité por sobre sus labios.
—Buenas noches —imitó. Besó delicadamente mis labios y nos separamos. Apoyé mi cabeza en su pecho perfumado y cubierto por una musculosa gris y dejé que señor Morfeo me envolviera en sus brazos.
Ahora lo que menos me importaba era que me vieran durmiendo con él, ahora lo más esencial es estar junto al hombre que me quita el sueño, el que me roba el aliento y me hace volar cuando su melodiosa voz hace presencia en mi vida, lo más primordial es estar junto a Nicholas. Cuando al fin pude dormirme, un mal sueño no tardo en aparecer…
{—Nick, mi amor, al fin llegaste —dijo la muchacha de pelo oscuro, delgada y de tez morena.
—Este… Selena tenemos que hablar —ella lo besó en los labios. En ese momento sentí que mi mundo completo se derrumbaba. Sin querer parecer débil, retuve las gotas de agua salada que casi rebalsaban mis ojos, mas mi fuerza no duró por mucho. Lágrimas y más lágrimas deslizaban por mis mejillas, y sentía un enorme nudo en la garganta. Traté de tomar el aire suficiente para por lo menos emitir una palabra, pero no se escuchó más que un sollozo desesperado. Nick volteó y me miró desesperado y con un dejo de tristeza en sus hermosos ojos. Parecía que ambos estábamos en un estado de shock, pero cuando observé que sus pasos se dirigían a mí, fui más rápida y corrí hasta no saber a dónde llegar. Entré en un callejón oscuro, no pude divisar el camino de salida. Estaba tratando de orientarme, encontrar la dirección correcta para llegar de regreso a la cabaña, pero no la encontré. Me dejé caer hasta el frío suelo lleno de una gruesa y blanca capa de nieve. Mis lágrimas parecían mimetizarse entre esta, ya que apenas se veía rastro de alguna. Apoyé mi cabeza en la muralla de ladrillo, y me dediqué a desahogarme mirando mis pies y con mis manos tirándome el pelo y preguntándome constantemente por qué a mí, siendo que hasta ayer me sentía la muchacha más afortunada del universo. Divisé una silueta oscura y grande en la nieve, refregué mis ojos y levanté la vista.
— ¿Qué tenemos aquí? —era hombre alto y gordo, apariencia repugnante. El miedo invadió mi cuerpo que ni siquiera supe que hacer. Me levanté despacio y comencé a correr, mis pies me guiaron, pero para mi mala suerte, este era un callejón sin salida—. Ríndete bebé, no tienes escape alguno en este lugar —lamentablemente, aunque nunca antes lo haya pensado, me arrepiento rotundamente de ver conocido a los hermanos Jonas, y sobre todo de haber conocido a uno, a Nick. El hombre de aspecto asqueroso me tomó con uno de sus brazos y caminó a un rincón, para llevarme con él. Comencé a gritar como condenada, pero el tapó mi boca con su sucia mano, y con la otra sacó una navaja de su bolsillo—. Esto es para que aprendas a no gritar cuando no debes, chiquita —sentí como un punzante dolor se hacía presente en mi estómago, al costado derecho. Llevé mis manos y comencé a presionar fuerte en el sector, con la intención de no sentir más dolor, pero fue peor. Mis manos estaban cubiertas de sangre y enseguida fijé mi vista en el lugar. Era algo peor de lo que me imaginaba, ya que al levantar un poco mi remera pude notar que esto era algo grave. El delincuente notó que se había excedido en su cálculo y corrió lejos, hasta que lo perdí de vista. Caminé lo que mi cuerpo más lograba sostenerse, hasta que caí nuevamente en la fría nieve. El dolor cada vez aumentaba más. Con la poca fuerza que aún me quedaba rompí parte de mi remera, para cubrir la contusión. Mi respiración cada vez era más dificultosa, por el frío y la falta de energía. Mi vista no era del todo nítida y comenzaba a oscurecerse. Sentí una voz a lo lejos, no pude entender bien lo que decía. Lo único que bien sé, es que no era la de mi amado, Nicholas. A pesar del gran dolor que sentía, no era lo que más me hería, más que eso, era el dolor que sentí al ver a MI Nicholas, con otra chica.}
Desperté desesperada, sudada y llorando. Miré a mi lado y aún dormía Nick, sólo pude sentirme aliviada al tenerlo junto a mí. Me volví a recostar, pero el despertó.
— ¿Qué hora es? —preguntó refregando sus ojos. Ojeé el reloj de mi velador.
—Las 10:30, mis padres ya deben haber ido a trabajar —sonreí.
—Sí, ellos entran a las 8:00 —agregó aún con voz adormilada.
—Hay que levantarnos —dije. El tapó su cabeza con una almohada.
—Nicholas Jerry Jonas —Se preguntarán cómo se su nombre. Un día, con Joe buscamos información sobre su “grupo musical” y salía la biografía de cada uno.
— ¿Sabes mi nombre? —se levantó rápido y con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¡No! Sólo es que soy adivina —dije sarcástica.
—A sí, pues yo soy un pega-almohadas.
— ¿Ah? —pregunté extrañada. Pero el no respondió con palabras, si no con un golpe fuerte en la cabeza con su cojín. Tomé el mío y le pegué de vuelta. Jugamos a la guerra de almohadas por mucho tiempo, ambos reíamos, y luego caímos rendidos en mi cama—. Se lo que nos recompondrá —dije sonriente.
— ¿Qué? —inquirió inocente.
—Un gran desayuno.
—Quién llega primero a la cocina —propuso.
—Eh… Nick yo creo que… —caminé a la puerta y la abrí—. Creo que te ganaré —comencé a correr en dirección a la cocina, y sentí sus pasos apresurados detrás de los míos.
—No se vale, hiciste trampa —reí.
—En la guerra todo vale —el gruñó, mientras que yo seguía carcajeando por su estado. Llegamos a la cocina, y noté que mis padres estaban sentados en la mesa junto a Joe.
—Eh… ¿qué hacen ustedes aquí, a esta hora? —interrogué preocupada. La verdad, es que no entendía el motivo de que ellos estuviesen acá en vez de su trabajo. Además, junto a Joseph… ¿Será lo que estoy pensando? ¿Se habrán dado cuenta de todo?
—Simple, tenemos que hablar con ustedes —dijo seria mi madre. Nicholas me dirigió una mirada temerosa, al igual que yo a él.
— ¿Qué pasa? —preguntó con voz seca, Nick.
—Pasa que… —dijo Robert, después hizo una breve pausa—. ¡Nos iremos de vacaciones! — ¿¡WHAT’S!? ¿Todo esta tensión porque iremos de vacaciones?
—En serio —pregunté sin ganas.
—Sí, y lo mejor de todo, es que iremos a Forks, a una cabaña —eso me hizo cambiar de opinión. Me alegré, mas algo me decía que no todo estaría del todo excelente.
— ¡¡Los amo!! —Corrí a abrazar a mi mama, y luego a mi papá—. ¿¡Qué más puede pedir una fanática de Twilight, New Moon, Eclipse, Dawn, y Sun of midnight!? Ah sí, conocer a Robert, pero qué más da si iré al lugar en donde él estuvo —dije todo en un solo respiro. Todos me miraban pasmados, sólo reí.
—OH sí —dijo Nick. Yo seguía riendo. Pero esa risa se fue de inmediato cuando recordé mi sueño… “Estaba tratando de orientarme, encontrar la dirección correcta para llegar de regreso a la cabaña, pero no la encontré.” No, no. Tranquila Brittany, es sólo un sueño, ¿o no?
— ¿Qué pasa Brittany? —dijo preocupado Joseph, al ver mi estado. No me imagino mi extraña expresión al recordar ese sueño ¿premonitorio? No, no creo, pero evitaré salir demasiado de la cabaña, si no es acompañada de alguien.
—Ehmm, nada —sonreí nerviosa, pero al parecer nadie me creyó.
—Ya, dinos que te pasa —dijo mi padre, perdón, padrastro.
—Es sólo que recordé una escena de Twilight y me dio tristeza —mentí. Ellos rieron y no pude descifrar si era por mi forma de ser tan fanática o porque no me creían de nuevo.
—No me imaginaba a alguien tan, pero tan fanática de una película —dijo Nicholas.
—Ha, ha. Déjenme ser, si no me dejan en paz me arrancaré sola a Forks en busca de Edward Cullen, porque ni idea en qué lugar vive Robert Pattinson —todos rieron ante mi comentario—. ¿Qué? Es en serio —agregué.
—Como digas —añadió aún riendo, Joe.
—Saben que esto me causa tanta gracia que me iré a dar un baño para sacarme la risa —dije irónica. Todos carcajeaban más ante mis estúpidos comentarios—. Okay, no hablo más —actué como si me cerrara la boca y la tirara al basurero de la cocina. Todos seguían burlándose y subí las escaleras escuchando sus risas.
Caminé a mi cuarto y formé una tenida deportiva, pensaba ir a trotar en la cancha del estadio. Escogí un short Calipso, una musculosa y un polerón, todo del mismo color. Unas zapatillas blancas, de la línea deportiva de Adidas. Dejé todo esto en mi cama y salí rápido hasta el baño. Di el agua caliente y la regulé esta misma con agua fría. Me adentré en la tina, cerrada por un vidrio borroso y dejé correr el líquido por todo mi cuerpo. Me aseé y luego cerré los picaportes. Tomé una toalla de un mueble de al lado y sequé mi cuerpo. Caminé por el pasillo hasta entrar a mi cuarto. Instalé las prendas seleccionadas en mi cuerpo esbelto y luego sequé un poco con la toalla mi húmedo y ondulado cabello. Peiné mi cabellera larga y la tomé en una cola, para poder correr más cómoda y para que no todo el calor se filtrara en mi nuca. Bajé las escaleras y todos comían unidos, por lo que tomé una tostada y un vaso lleno de leche fría y lo engullí. Luego saqué una botella de agua mineral con gas suave, para acompañar mi ejercicio. Cuando notaron la forma en que vestía, y la botella de líquido transparente en mi mano, no tardaron en hablar.
— ¿A dónde vas? —preguntó Nicholas.
—A correr, ¿me dan permiso? —pregunté sarcástica. Mi madre me miró seria por mi forma de hablar.
—No, no te damos permiso —dijo molesta.
—Pues lo siento, la decisión está tomada —dije sonriendo. Ella se apresuró en hablar.
—Nos vamos a Forks después del almuerzo, a si que llega temprano —trató de sonar amable, y lo hizo.
— ¿Te acompaño? —preguntaron al mismo tiempo los hermanitos Jonas. Luego se dedicaron unas miradas llenas de molestia y enseguida dirigieron su vista hacia mí, ahora tierna.
—No, gracias a ambos, pero quiero estar sola por un rato —sonreí. Ellos también lo hicieron y luego se sentaron colmados en sus respectivas sillas.
—Recuerda, tienes que volver antes de la hora de almuerzo, debes ordenar tus valijas y darte una ducha tibia para sacar el sudor y calmar un poco el calor —dijo sabionda mi madre.
—OK, nos vemos chicos, nos vemos Robert, Nos vemos Melanie —dije.
—Hasta luego —escuché decir a Nicholas luego de cerrar la puerta de la cocina.
Salí de mi casa y me dirigí caminando al estadio, que tan solo se encontraba a un par de cuadras de mi hogar, eso sí es suerte. Al llegar hice unas elongaciones y partí a correr unos minutos alrededor de la cancha. Para mi sorpresa, fueron 30 minutos los que estuve concentrada en lo mío, un nuevo record para Brittany Monroe. Después de pasar al baño del lugar —muy limpios para ser de un estadio estatal— me encaminé de vuelta a mi vivienda. Antes de entrar escuché el llanto de una muchacha, una muy conocida, Valery, corrí preocupada hasta su lugar, y ella levantó enseguida la vista para ver quién era la que la acompañaba.
— ¿Qué paso, Val? —pregunté acariciando su espalda. Ella sonrió.
—Nada, no pasó nada —dijo secando rápidamente sus lágrimas, pero ya era tarde para convencerme.
—Val… ¿¡no me digas que ahora lloras por nada!? —pregunté con voz graciosa, con la intensión de sacarle una sonrisa.
—Gracias por tu apoyo, Britt —sonrió aún con faz de tristeza.
— ¿Me dirás que te pasó? —inquirí tratando de trasmitir confianza y ayuda a través de mi mirada.
—Está bien —dijo ya rendida ante mi insistir—. Es que… rompí con Cody —rompió en llanto nuevamente. La abracé tiernamente y ella levantó la vista.
—Tranquila, esto lo superarás —dije acomodando un cabello rebelde detrás de su oreja—. Ahora deberás desahogarte, nada mejor que llorar para que luego no hayan más lágrimas —animé sonriente y con muecas para tratar de hacerla reír, funcionó a la perfección—. Dime, ¿Quién fue el que terminó? —su rostro cambió de expresión y se sonrojó. Mi pregunta fue tan obvia que ni siquiera debía haberla hecho, ya que si ella está mal es porque Cody cortó con ella.
—Este… —miró otro punto en el suelo.
—Ya, dime —le pegué una suave palmadita en la espalda.
—Es que… fui yo la que rompió con él —mi expresión se debe haber deformado, debería haber quedado en la peor calidad presente en los computadores, y cuando digo la peor, es la PEOR.
— ¿Estás bromeando? —reí.
—No, no estoy bromeando —dijo seria.
— ¿Me puedes decir por qué rayos lloras si fuiste tú la que terminó con lo suyo? —pregunté indignada, ella se asustó.
—Hay, tranquila Brittany —se alejó un poco de mí, lo más probable es que pensara que le pegaría—. Te diré la razón —su rostro se entristeció.
—Dime ahora, exijo una explicación inmediata —dije enojada.
—Ya, ya —miró el suelo nuevamente—. Tu sabes que Cody viaja mucho, y yo ya no puedo soportar estar lejos de él —unas lágrimas rodaron por sus mejillas, pero yo sabía que había algo más que eso—.
—Eso y ya —pregunté arqueando levemente una de mis delineadas cejas.
—Ay Brittany… —me miró molesta. La inquieté con mi mirada directa—.Ay, está bien, hay algo más —dijo hartada.
—Siempre lo supe —sonreí perversa—. Ahora dime qué es ese “algo más” —dije molestándola—. Sé que es una persona.
—Ehmm, si ya sabes. Es un hombre —no me imaginé quien podría ser, comencé a analizar el prototipo de chicos para Val, pero ella me interrumpió—. Es Kevin, Kevin Jonas — ¡¡AAAAAAH!! Estoy tan feliz, alguien más será feliz con esta noticia—. Pero no se lo digas a nadie, pero menos a él —se sonrojó.
—No, no lo haré —hice una pausa—. Pero debes contarme más… ¿Hace cuanto tiempo que… te pasan cosas con Kevin? —interrogué ansiando la conclusión de su parte.
—Desde… que lo conocí. Tú sabes que nos hemos convertido en grandes amigos y… lo aprendí a querer como amigo… y creo que algo más —sus mejillas estaban cada vez más rosadas.
— ¿Sólo “Algo”? —pregunté riendo.
—Bueno, mucho más —dijo rápido.
—OH, ya veo. Tengo una grandiosa idea, ¿me esperas?
—Claro —sonrió cordial y corrí a mi casa. Abrí la puerta con mis llaves y entré, pero de inmediato me detuvo alguien, con rostro de preocupación.
— ¿Qué le pasó a Valery? —indagó Kevin.
— ¿De qué hablas? —traté de hacer como si nada hubiese pasado. Su rostro se tornaba algo triste.
—Dime, lo vi todo, ella estaba llorando —dijo con voz seca.
—Ahora espías a través de… —no encontraba el termino—. ¿De la ventana? —concluí.
—No estaba espiando, es solo que estaba viendo TV y escuché un portazo proveniente de su casa, me preocupé —dijo sonrojado.
—Te diré —sólo lo necesario. Yo nunca te diría ¡Valery gusta de ti! No Kevin, le di mi palabra—. Ella… terminó con Cody —en su rostro se formó una sonrisa gigantesca, yo sólo reí.
—Pero… ¿ella estaba muy mal por eso? —preguntó decepcionado.
—No y Sí —dije, me miró extrañado—. Te explico —se sentó en el sillón, lo mismo hice—. Ella ya no sentía lo mismo por Cody, pero aún lo quería como más que a un amigo —me miraba expectante—. Ella dice que hay alguien más —su rostro se volvió más triste—. Tranquilo Kevin, nunca pierdas las esperanzas, cuando tu menos esperes, pasará lo inesperado.
—Ojala sea así —tomó su rostro entre sus manos—. ¿Por qué siempre me enamoro de la persona equivocada? —sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Lo abracé tratando de hacerle entender que estaba con él—. Quiero estar sólo —las lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro hasta caer al suelo.
—Pero Kevin…
— ¡¡Que quiero estar solo! —gritó. Sólo me alejé y sonreí triste antes de irme. Si el sólo supiera que ella también lo quiere tanto como él a ella… sería todo mejor. Caminé en busca de mis padres, Val me esperaba y yo tenía una idea que concretar. Caminé a la cocina, pero mis padres no se encontraban allí. También fui a su cuarto, a la sala de estar y a mí cuarto, pero nada. De pronto, escuché su voz, proveniente de la habitación de Nick, acompañado de la melodiosa voz del último.
—Nicholas… yo no soy nadie para decirte con quién debes estar, y si esa es tu decisión, te apoyaremos —dijo Robert.
—Sí Nick, nunca imaginé que tú y Brittany… se gustaran —mi madre habló. Pero no entiendo, ¿ellos saben? Hay, trágame tierra por favor.
—Gracias por comprenderme, sabía que debía hablar con ustedes primero… — ¿primero de qué?
—Pero hijo, recuerda que tienes algo que hacer, debes aprovechar de que ella está en Forks —añadió mi padrastro.
—Sí, sé muy bien lo que tengo que hacer —dijo Nicholas decidido. Sentí pasos acompasados a la puerta, por lo que corrí a encerrarme a mi pieza. Tomé una maleta roja y grande. La abrí y comencé a seleccionar la ropa más linda y adecuada al clima del lugar.
Mi corazón se sentía feliz y aliviado al saber que mis padres estaban al tanto y que no tendríamos que andar a escondidas de nuestra familia. Pero… debo mantener aún esto en secreto, Joseph no está enterado y temo a que haga alguna locura o algo contra nosotros si lo llega a saber de una mala forma, porque por lo que tengo entendido, el aún me sigue el rastro. Terminé de empacar mis cosas y salí de mi habitación. Caminé al baño y cerré la puerta con pestillo, pensaba darme una ducha de agua fría, ya que trotar me había provocado calor. Primero dejé correr agua caliente por mi cuerpo, y enseguida, la fría, me enseñaron que así es menos posible llevarse un resfriado. Salí de la tina y envolví mi cuerpo con una toalla, entré a mi habitación y me vestí con un atuendo lindo, pero abrigador. Caminé a la cocina y todos estaban sentados mirándome expectantes.
¬—Bien, trataré de almorzar rápido para que nos vayamos luego —dije. Mis padres sonrieron.
—Pero ten cuidado con atorarte —dijo Nicholas. Sonrió y lo secundé de inmediato.
—Y… ¿donde están Kevin y Joe? —pregunté intrigada.
—Kevin se sentía algo mal, y Joe estaba conversando con él —explicó mi amado. Me preocupé por “Kevin se sentía algo mal”, no era de enfermo, si no que su corazón estaba triste por Val. Necesitaría hablar con ella.
—Este… antes quería hablarles pero… pero no los encontré por ni un lado —miraron a Nick e hice como si no supiera nada.
— ¿De qué querías hablarnos, Brittany? —inquirió mi padre.
—Les quería pedir si pueden dejar ir a Val con nosotros —me sonrojé.
—Claro, claro que sí —aceptó mi madre, mientras que mi padre asentía con la cabeza.
—Dios… Valery debe estar esperándome como estúpida aún —me levanté rápido y corrí fuera de mi casa. Ella ya no estaba toqué la puerta y ella misma atendió.
—Menos mal que ibas y volvías —sonrió.
—Sobre eso… discúlpame, se me olvido del todo por unos problemitas que tuve… —recordé a Kevin.
— ¿Qué quieres? —salió de la casa y nos sentamos en uno de los escalones que proceden a esta.
—Mis padres me dieron permiso para llevarte conmigo a un viaje… que será hoy día… —dije pausadamente.
— ¿Dónde? Y ¿Por cuánto tiempo? —interrogó entusiasmada.
—A Forks, no sé, supongo que por una semana —dije.
— ¿Iremos a Forks? —se puso a saltar como idiota y la acompañé.
—Sí, a Forks, ¿no es genial?
—Sí que lo es… debo preguntar —agachó la vista—. Seguro que me dan permiso si tus padres hablan con los míos —se esperanzó.
—Claro, claro. Pídeles, y si no te dicen que sí de inmediato, llamamos a mi casa y mis padres los convencen —sonreí.
—Sí, sí —abrió la puerta de su casa—. Adelante —me hizo un espacio para que entrara, y ella me imitó.
De un grito llamó a sus padres, los cuales llegaron de inmediato. Los tratamos de convencer, lo que no funcionó hasta que hablaron con mis padres. Ellos se llevan muy bien, son amigos, gracias a nosotras. Se juntan a charlar de vez en cuando mientras toman un poco de vino acompañados de un coctel. Finalmente dejaron ir a mi amiga, y al llegar a la otra ciudad debía hablar firmemente con ella, para que estuviera al tanto de todo, lamentablemente, tendría que contarle todo sobre Kevin. Cuando terminó de arreglar su maleta, salimos de su casa y entramos en la mía. Para nuestra mala suerte, Kevin estaba sentado en el sillón. Se dio cuenta de la presencia de Valery y se fue, sin siquiera saludarla.
— ¿Qué le pasa a Kevin conmigo? —preguntó mi amiga, algo triste.
—Hay mucho de qué hablar, Valery, hay mucho de qué hablar… —miré el suelo y me sentí culpable de todo lo que estaba pasando, vaya a saber Dios por qué.
— ¡Explícame! No puede ser que Kevin esté enojado por algo de lo cual yo no estoy enterada —se cruzó de brazos. Realmente esto le afecta, es verdad que quiere a Kevin—. ¿Tuviste algo que ver en todo esto? —arqueó levemente una de sus cejas.
—Este… bueno un… poquito —me encogí de hombros y ella me fulminó con la mirada.
— ¿Qué demonios le dijiste, Brittany? —rara vez me llama Brittany, en serio está enojada.
—No mucho… —volvió a detonarme con la mirada—. Ya, te diré… pero podemos ir a otro lugar… no quiero que escuche —dije temerosa.
—Está bien…
—Britt, ¡ya nos vamos! —dijo mi madre haciendo aparición en nuestra presencia.
—OK… —mire a Val, ella miraba directo al suelo.
—Hola, Val —sonrió.
—Hola Melanie —levantó la vista y la secundó.
—Vayan a dejar sus cosas en el maletero, y súbanse en el auto, espero que todos caigamos —dijo preocupada.
—Mama, es un Jeep, lo más probable es que sí caigamos, sólo un poquito apretados —sonreí.
—OH, claro. Ahora vayan, antes de que los chicos les quiten lugar —rió y entró en su habitación.
—Me dirás —no tardó en hablar, Val.
—Es una larga historia, será mejor que hablemos allá —propuse. Ella bajó de nuevo su vista al suelo.
—Bueno… pero no evadas más el tema —me miró amenazante.
—Claro que no lo haré, es algo que me afecta tanto a mí como a ti —le expliqué.
Ella me dedicó una sonrisa con un dejo de tristeza y caminamos a mi cuarto. Me ayudó a bajar mis cosas y salimos de mi hogar. Dejamos las cosas en el maletero, tal como mi madre me dijo. Por suerte, nuestro automóvil tenía el maletero de forma en que la gente puede subir atrás, ya que va unido a los asientos. Decidimos irnos junto con los bolsos, mientras molestaríamos a los chicos—que irían adelante— desordenando su cabello. Al instante llegaron todos y se situaron en el auto. Mi padrastro puso en marcha el auto y nos encaminamos a la ciudad siguiente, ni idea su nombre. En aquella ciudad tomaríamos un avión con destino a Washington, y desde allí un bus hasta Forks. El viaje en automóvil transcurrió en completo silencio de parte de Kevin y Valery. Mientras que Joseph, Nicholas, mis padres y yo, coreábamos canciones de Aerosmith y totus, de los antiguos CDS. Realmente ni cuenta me di cuando ya veníamos en el avión. Para mi mala suerte venía sentada al lado de Nicholas y Joseph, y Val con Kevin, no se dirigían la palabra. Mis padres iban juntos en los asientos de más adelante. Al llegar a Washington enseguida tomamos un bus para que nos llevara a Forks. Me puse mi abrigo de polar antes de bajarme. Mis padres pidieron un taxi y nos dejo en una linda y rustica cabaña, creo que quedé bastante impresionada por la hermosura de la vivienda. Entramos y la chimenea estaba encendida, lo que quería decir que alguien la había dejado lista para nosotros. Acá estaba nevando, por lo que más frío tenía. Me senté en un sillón tallado de madera, y con almohadones muy bien consolidados en este. De repente sentí a alguien que se sentaba a mi lado.
— Y… ¿podemos hablar ahora? —era Valery, quería saberlo todo.
—Ehmm, claro, te dije que acá hablaríamos, a si que… supongo que sí —sonreí nerviosa.
—Vamos a pasear un rato —gritó Val, antes de guiñarme un ojo en muestra de que no era exactamente para conocer el paisaje.
—Adiós —vociferó mi madre, Melanie desde el segundo piso. Salimos de la cabaña y caminamos aproximadamente dos cuadras en silencio.
—Ahora puedes estar tranquila, dime que pasó —agaché la mirada.
—Es que… no sé cómo explicarte —la miré algo triste.
—Dijimos que no esquivarías más el tema…
—No, no, no lo estoy evadiendo, es que no encuentro las palabras adecuadas para explicarte —miré el suelo.
—Entonces usa las inadecuadas, da los mismo como lo digas, importa que me informes —sonrió.
—Está bien —hice una pequeña pausa—. Cuando estábamos conversando sobre todo lo que pasó con Cody, entré corriendo a mi casa, supuestamente para decirle algo a mis padres…
—Aja —asintió con la cabeza.
—Bueno, resulta… que entré y estaba Kevin… dijo que te vio llorar y me preguntó que te había pasado y…
— ¡¡Le dijiste que gusto de él!!
— ¡No! ¿¡Me puedes dejar terminar!? —pregunté enfurecida.
—Claro —agachó la mirada.
—Decía… que me preguntó que te había pasado y yo le dije que terminaste con Cody… y luego le dije que había alguien más en tu vida, por eso se enojó —frenó en seco y retrocedí para mirar su reacción.
— ¿Por eso está así?
—IEA —asentí.
— ¿Sólo por eso? —me miró extrañada.
—Está bien, te explico… él… él… él… —miré el suelo—. Él gusta de ti —su expresión demostraba alegría pero a la vez… algo que no pude descifrar.
—Eso es… ¿enserio? —preguntó esperanzada.
—Claro que lo es —sonreí. Me sentí sin un gran peso que cargué por mucho, ya no lo haría más.
—Necesito hablar con él —corrió de regreso a la cabaña dejándome sola. Caminé lentamente para volver a la vivienda, ya que no tendría apuro. Al entrar, estaban todos sentados viendo una película; “Titanic”, con la que siempre lloro mares de lágrimas sin importar cuantas veces la haya visto. Kevin no se encontraba, al igual que Valery, supuse que estarían conversando. Me senté junto a todos, pero de repente me di cuenta que Nicholas decía algo al oído de su padre y se levantaba. Luego me volteé para ver y salía por la puerta principal.
— ¿A dónde va Nick? —pregunté intrigada.
—Irá a… pasear, sí, a pasear —dijo Robert.
—OH… ¿lo puedo acompañar? —inquirí.
— ¡No! —dijeron al unísono mis padres.
— ¿Por qué? —me crucé de brazos y arqueé levemente una de mis cejas.
—Este… me expresó claramente que quería estar solo —dijo Robert.
—Ah, bueno… —sonreí—. Sigamos viendo la película, la adoro —reí.
Joseph no quitaba su insistente vista de mí, por lo que sin querer no podía concentrarme suficiente. De vez en cuando lo fulminaba con la mirada para que entendiera que me molestaba su mirada, pero no, sólo sonreía y seguía en lo mismo. Así transcurrió toda la tarde, entre risas, películas, y sin la presencia de Kevin, Valery y el más importante para mí, Nicholas. Íbamos a tomar once, por lo que preferí ir en busca de mi amado. Y sin la intención me tomé el tiempo de observar una hermosa escena; Kevin junto a Valery riendo tiernos y muy acaramelados, él sostenía una flor delicadamente rosa y ella sólo sonreía al notar que esa flor era para ella. Ambos estaban en su mundo, no quise interrumpir. Seguí caminando varias cuadras, y de lejos divisé a Nick, que caminaba en dirección… no sé en qué dirección, sólo sé bien que iba a un punto fijo. Corrí a su sitio, hasta que noté que no estaba solo. Una chiquilla de cabello negro, medio morena, lo miraba con ojos brillantes.
—Nick, mi amor, al fin llegaste —dijo la muchacha de pelo oscuro, delgada y de tez morena.
—Este… Selena tenemos que hablar —ella lo besó en los labios. En ese momento sentí que mi mundo completo se derrumbaba. Sin querer parecer débil, retuve las gotas de agua salada que casi rebalsaban mis ojos, mas mi fuerza no duró por mucho. Lágrimas y más lágrimas deslizaban por mis mejillas, y sentía un enorme nudo en la garganta. Traté de tomar el aire suficiente para por lo menos emitir una palabra, pero no se escuchó más que un sollozo desesperado. Nick volteó y me miró desesperado y con un dejo de tristeza en sus hermosos ojos. Parecía que ambos estábamos en un estado de shock, pero cuando observé que sus pasos se dirigían a mí, fui más rápida y corrí hasta no saber a dónde llegar. Entré en un callejón oscuro, no pude divisar el camino de salida. Estaba tratando de orientarme, encontrar la dirección correcta para llegar de regreso a la cabaña, pero no la encontré. Me dejé caer hasta el frío suelo lleno de una gruesa y blanca capa de nieve. Mis lágrimas parecían mimetizarse entre esta, ya que apenas se veía rastro de alguna. Apoyé mi cabeza en la muralla de ladrillo, y me dediqué a desahogarme mirando mis pies y con mis manos tirándome el pelo y preguntándome constantemente por qué a mí, siendo que hasta ayer me sentía la muchacha más afortunada del universo. Divisé una silueta oscura y grande en la nieve, refregué mis ojos y levanté la vista.
— ¿Qué tenemos aquí? —era hombre alto y gordo, apariencia repugnante. El miedo invadió mi cuerpo que ni siquiera supe que hacer. Me levanté despacio y comencé a correr, mis pies me guiaron, pero para mi mala suerte, este era un callejón sin salida—. Ríndete bebé, no tienes escape alguno en este lugar —lamentablemente, aunque nunca antes lo haya pensado, me arrepiento rotundamente de ver conocido a los hermanos Jonas, y sobre todo de haber conocido a uno, a Nick. El hombre de aspecto asqueroso me tomó con uno de sus brazos y caminó a un rincón, para llevarme con él. Comencé a gritar como condenada, pero el tapó mi boca con su sucia mano, y con la otra sacó una navaja de su bolsillo—. Esto es para que aprendas a no gritar cuando no debes, chiquita —sentí como un punzante dolor se hacía presente en mi estómago, al costado derecho. Llevé mis manos y comencé a presionar fuerte en el sector, con la intención de no sentir más dolor, pero fue peor. Mis manos estaban cubiertas de sangre y enseguida fijé mi vista en el lugar. Era algo peor de lo que me imaginaba, ya que al levantar un poco mi remera pude notar que esto era algo grave. El delincuente notó que se había excedido en su cálculo y corrió lejos, hasta que lo perdí de vista. Caminé lo que mi cuerpo más lograba sostenerse, hasta que caí nuevamente en la fría nieve. El dolor cada vez aumentaba más. Con la poca fuerza que aún me quedaba rompí parte de mi remera, para cubrir la contusión. Mi respiración cada vez era más dificultosa, por el frío y la falta de energía. Mi vista no era del todo nítida y comenzaba a oscurecerse. Sentí una voz a lo lejos, no pude entender bien lo que decía. Lo único que bien sé, es que no era la de mi amado, Nicholas. A pesar del gran dolor que sentía, no era lo que más me hería, más que eso, era el dolor que sentí al ver a MI Nicholas, con otra chica. Podía presenciar todo a mí alrededor, mi sentido de la audición estaba intacto, pero sólo escuchaba voces, no podía ver ni mucho menos sentir. Me tomaron en brazos.
—OH, no. Está perdiendo sangre, llama a la ambulancia, llámala rápido —dijo desesperada Valer y.
—Está bien eso hago, eso hago —dijo Joe.
—Espero que no sea demasiado tarde…
Desperté con una fuerte punzada en el lugar derecho de mi estómago, sufriendo por el gran dolor provocado dentro de mí, pero más que eso, me dolía más que Nicholas me ocultase que tenía novia por tanto tiempo.
—Despertaste —era Nick. Sonreía pero aún con su rostro triste.
—Nick… quiero estar sola —dije con un hilo de voz.
—Lo siento tanto Brittany —sus ojos comenzaban a cristalizarse.
—No tienes porqué sentirlo, sabía que esto pasaría —miré el suelo—. Ahora, sólo quiero estar en paz… déjame sola por favor —supliqué. De sus ojos iniciaron a brotar lágrimas, las cuales con las pocas fuerzas que tenía logré limpiar.
—Si yo tan sólo hubiera terminado con ella antes… nada de esto hubiera pasado —apoyó su rostro en mis piernas. Rompió en llanto, no lo podía contralar. Mis ojos comenzaron a empañarse.
—Nicholas… no quiero hablar más de esto, sólo quiero estar sola… —en un gran intento logré sonreír. El se levantó de la silla y besó cortamente mis labios.
—Te veo luego… —sonrió, pero lo detuve.
—Yo… —dije con un suspiro—. No te quiero ver más —articulé con un gran dolor en mi corazón. El se volteó y me miró con los ojos nuevamente rebalsados de lágrimas.
—Pero, Brittany… no puedes… yo… —derramó un par de lágrimas.
—Que no se hable más del tema —salió de la habitación dando un fuerte portazo.
Me quedé observando el gran ventanal de la sala, e intenté levantarme, pero noté que no podía, las fuerzas que tenía eran mínimas y recientemente me habían dado puntos en la herida. El sol molestaba en mis ojos y lo que más quería era estar en el paraíso, en ese lugar nadie hace daño, todo es bueno, y por suerte, no existe el mal. Sin darme cuenta mis parpados ya empezaban a pesar, por lo que no los forcé más a estar abiertos y cerré mis ojos. El Morfeo no tardó en envolverme en sus suaves brazos. Unos ligeros rayos de sol me despertaron, y ahora, mi herida dolía aún más. Levanté un poco el vestido verde azulado que me cubría y observé que mi herida estaba abierta, sangraba más y más y el acolchado ya estaba manchado con la rojiza sangre.
— ¡¡Ayuda!! —grité con todas mis fuerzas, pero fue para peor, ya que mi herida sangraba aún más y estaba perdiendo ya mucha sangre. Entró enseguida Nicholas junto con Joe, preocupados.
— ¿Qué pasa? —preguntó Joe. De pronto dirigió su vista a las sabanas y vio completamente cubierto de sangre el sector derecho.
—Dios… —articuló Nicholas.
—Voy por ayuda —dijo Joe, y luego corrió fuera de la habitación.
—Nick… me duele —expresé el dolor en mi voz, pero esta estaba en un hilo.
—Por favor resiste Brittany… —rogó mientras sostenía con fuerzas ambas de mis manos.
—Eso intento pero… estoy cansada, me cuesta respirar —sus ojos se comenzaban a empañar—. Nicholas… no creo que pueda…
—Claro que puedes Brittany, hazlo por mí, por nosotros —sonrió mientras ambos derramábamos lágrimas.
—Nick… realmente no sé si pueda… yo…
—Brittany, yo sé que puedes. ¿Acaso le vas a dar en el gusto al maldito criminal que te hizo esto? —dijo enojado.
—No Nick… esto es realmente difícil para mí… ya no soy yo la que decido, es… es mi organismo…
—No Britt, yo sé que tu puedes… si quieres, puedes —sonrió, esas palabras me alentaron, pero ¿Realmente quería seguir?
—Nicholas… te quiero mucho —sonreí—. Recuerda que siempre te querré y estaré aunque no me puedas ver —mis ojos seguían derramando lágrimas, lágrimas de amor.
—No Brittany, no te despidas, este no es el final —presionó más fuerte mi mano. De repente un conjunto de médicos entraron por la puerta—. Ves, ellos te ayudaran —besó mi frente.
—Nick… si sale todo mal, quiero que comprendas que lo intenté —ya casi no tenía voz para hablar, mis palabras eran casi inaudibles, pero él las entendió.
—Britt, no dejes de luchar en ni un solo momento, recuerda que estoy aquí, contigo, por siempre y para siempre —“por siempre y para siempre” sí, Brittany, hazlo por el hombre que más amas, no te dejes ganar, escucha sus palabras, no puedes dejarlo…
—Lo siento muchacho, tendremos que llevarla a las urgencias, ya ha perdido mucha sangre y… —el médico hizo una pausa, a lo mejor creía que yo no me encontraba ahí—. Haremos todo lo posible para salvarla —sonrió para apoyar a Nicholas. Yo, por mi parte seguía derramando lágrimas.
—Tiene que salvarla, es su deber, no puede dejarla… no puede dejarla…
—Lo intentaré, Nick —al notar que no respondía, hable.
—Será mejor que no hables más, Brittany —aconsejó el médico, luego entre los enfermeros, ayudantes y demás especialistas me comenzaron a llevar en la camilla fuera de la sala. Nick no soltaba mi mano y nos acompañó, hasta que una puerta, prohibida para los que no son del personal, nos separo. No pude sentir más su tibia mano.
Cada segundo que pasaba se me hacía una eternidad, y el dolor era casi insoportable. Me ingresaron a un pabellón, el cual irradiaba mucha luz con su gran lámpara del techo. Mis ojos me dolían, opté por cerrarlos. Los médicos que me rodeaban no hacían más que hablar de mi estado, preguntarse si lograría sobrevivir, y la mayoría no lo creía posible, pero más que eso me molestaba el hecho de que hicieran como si yo no estuviera presente, como si no pudiera oír sus conclusiones. Mi corazón me pedía continuar, pero mi cuerpo… en el estado que estaba lo único que rogaba era descansar. Escuché mi corazón, hace mucho que no optaba por seguir sus pasos. Intenté seguir, hasta que los médicos pusieron un aparato en mi nariz, uno que cubría desde ella hasta mi boca. Abrí un poco los ojos, pero me fue inútil, la vista se comenzaba a poner negra, no oía nada más que susurros, y luego nada. Nicholas, eso es lo único que me ayuda a mantenerme aún vital, no como siempre, pero me ayudaba a seguir respirando, a seguir esforzándome por no quedarme dormida en todos los sentidos. Desde el momento en que Nicholas me alentó con esas palabras, pude notar que su voz y sus ojos decían que es sincero, que él me quiere tanto como yo a él, sólo por esa razón, sigo aquí, peleando contra las palabras de aquellos médicos que trataban de echarme a morir, pero no, sigo aún aquí. No pudo conciliar el sueño pero tampoco puedo estar despierta. No puedo llorar, pero tampoco puedo sonreír, no puedo odiar, pero sí… amar. Amar, esa palabra es la que realmente me tiene aquí defendiendo mi vida de la muerte, eso es lo que me incita a seguir, más que las palabras de apoyo de Nick, más que los latidos en los que mi corazón me pide seguir, más que nada, el amor. Abrí al fin los ojos después de un gran esfuerzo, pude volver a tener todos mis sentidos, tener la certeza de que, estaba viva. Pero no era lo que imaginaba. Me encontraba en el paraíso, rodeada de hectáreas y más hectáreas de verde pasto y muchas personas a las cuales pensé nunca más volver a ver. Mis abuelos, incluso al ser mayor, Dios. Eso quiere decir que… no, no, no, no puede ser. En ni un momento me dejé vencer por la muerte, en ni un momento dejé mi sentido común de lado y me dejé morir. No, no puede estar pasando. Mis ojos comenzaban a derramar lágrimas, cuando sentí la luz de la luna. Abrí los ojos, y ahí estaban los médicos, con una máquina de electro shock. Observé que en sus rostros reinaba la felicidad, y mi herida ya no sangraba.
— ¡Está viva! —se abrazaban los médicos, y celebraban entre ellos, como si nuevamente olvidaban que lo más importante no era cumplir con su trabajo, si no que YO estuviese bien, algo que los satisficiera mucho más. Nunca pensé que existirían médicos tan descorazonados, tan viles como para pensar sólo en su trabajo y no en los demás. Pero Brittany, ¡qué más da! Estás viva, puedes tener la certeza de que no le fallaste a Nicholas, de que estas en las condiciones de volver a abrazarlo, que no fue tu fin y que puedes sentir sus labios sobre los tuyos otra vez.
—Ey, pequeña, alguien te quiere ver —sin darme cuenta ya no estaban los médicos en la sala, sólo uno que me anunciaba la visita de alguien ¿esperado? No lo sé.
— ¿Quién? —pregunté inocente, ahora sí tenía la voz necesaria para articular palabras sin esfuerzo.
—Espéralo, ya llegará —sonrió y salió de la sala. Acto seguido entró mi esperado y amado, Nicholas.
—Brittany, estás bien —sus ojos estaban derramando lágrimas de emoción.
—Sí, lo estoy, te dije que lo intentaría —sonreí.
—Brittany, hay algo que debo preguntarte —miró el suelo y se sonrojó.
—Hazlo, no tienes por qué preocuparte —acaricié su rostro, la fuerza ya era parte de mí.
—Este…
—Tú puedes —le dediqué una sonrisa de aliento.
—Tu… ¿Quieres ser mi novia? —estos son los momentos por los que esperé seguir viviendo. Le sonreí, y seguí acariciando su rostro suave y delicado.
—Ven aquí —aunque tuviera fuerzas, no eran las suficientes como para sentarme. El se acercó y le proporcioné un tierno y delicado beso. El respondió mi mimo, luego nos alejamos y nos miramos tiernamente directo a los ojos—. Sí, si quiero ser tu novia —respondí feliz. El me abrazó fuerte y me dio miles de besos en mis mejillas, frente y finalmente, de nuevo en mis labios.
—Brittany —dijo, con una susceptible sonrisa.
— ¿Sí? —inquirí con voz suave.
—Te amo —volvió a besar mis labios, pero con más sentimiento y delicadeza que nunca antes. Mi vida se veía completamente iluminada, y sabía que era gracias a la aparición de Nick en mi hogar. Aquellos sueños, no se realizaron, aprendí que cada uno construye su futuro, sin depender de un sueño sin sentido. Puede ser que un sueño me haya hecho arriesgar mi vida cuando se vio realizado, pero fue para mejor, no me habría gustado realizar los otros, la dolorosa partida de Nicholas habría sido mucho peor.
Desde aquel día han transcurrido ya quince años, en los cuales no me he arrepentido ni un solo momento de todo lo que he vivido. Llevo una vida plena junto con Nicholas. Tengo veintinueve años, él tiene treinta y uno. Tenemos dos hijos, Valery y Frankie, el último tiene su nombre en honor al hermano pequeño de Nick, y la primera, en honor a nuestra mejor amiga Val, la cual es felizmente casada con Kevin, ellos tienen tres hijos, Michael, Brittany y Hayley, y sí, la segunda va en mi honor. Joe conoció a la chica de sus sueños, ella es Jeanette. Llevo 5 años casada con Nicholas, y muy feliz con mis pequeños de cuatro años, ambos, sí, son gemelos. Me alegré demasiado al recibir la noticia de que sería una parejita la que llegaría a nuestras vidas, puesto que él quería una niña y yo un niño. Nicholas sigue en la carrera musical junto con sus hermanos, siguen teniendo muchas admiradoras, son los nombrados “sucesores de los Beatles” según los medios comunicativos. Hasta el día de hoy lo sigo amando igual o más que antes… y eso no cambiará, sé que este es amor de verdad, lo supe desde el momento, en que lo conocí.
FIN

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